• Ulrica Revista

Valeria Román Marroquín, hambre de poesía

Actualizado: 20 may

Entrevistamos a la joven y destacada poeta peruana que acaba de publicar ana c. buena, un poemario en el que la belleza es la herramienta para hablar del hambre, de la mujer y de la sociedad.



ULRICA: ¿Quién es ana c. buena y a quiénes viene a representar?

VALERIA ROMÁN MARROQUÍN: ana (en minúscula) es una mujer común, sea lo que eso signifique. Cuando pensé en ana como un personaje que cohesiona el poemario orgánicamente en un principio pensé hacer explícita las determinaciones que construyen su identidad. Posteriormente, por una decisión en el proceso de edición de este libro, entendí que era más interesante presentar a ana frente a la gran red de identidades que potencialmente podría ocupar sin excluir una a la otra. Es decir, en «ana frente a la totalidad social» podríamos asumir que ana es una ama de casa, pero también podríamos entender que ana es una trabajadora doméstica. Sin embargo, en ana c. buena (el apartado), ana también aparece como una trabajadora asalariada (oficinista, por ejemplo), incluso como una universitaria ilustrada. Me gusta pensar que ana, así como las mujeres que estamos fuera del papel, no somos una sola identidad coherente y cohesiva. Más bien estamos atravesadas por las relaciones raciales y económicas que nos hacen encarnar nuestras experiencias de género a través de distintos códigos y jerarquías. No quisiera decir que ana «representa» a alguien porque creo que la representación (el «dar voz» o el «visibilizar» unilaterales) también tiene sus trampas, y una de esas trampas es la del complejo mesías y salvador paternalista que creo se repite mucho desde los feminismos llamados «blancos» (o burgueses, si se quiere). Lo que sí diría es que ana es tanto sujeto político como una suerte de herramienta pedagógica: es una forma de entender estas trampas de la identidad, porque una vez que alguien lee el libro la pregunta que siempre salta es «¿quién es ana?». Y claro, las respuestas que he obtenido y que yo misma he ensayado dicen mucho.


U: Vemos que en ana c. buena la poesía encuentra su eco en lo cotidiano y en la rutina doméstica. ¿Cómo fue hallar esa belleza lírica entre el peso de los mandatos sociales?

VRM: Creo que esa belleza ha estado ahí siempre, más bien somos nosotros quienes nos negamos a verla ¿no? De alguna manera hay esta idea sobre la escritura y lo universal, y lo universal son estas «cosas que importan». Grandes temas, como la muerte y el amor, etcétera, tú nómbralo. El truco sobre la categoría universal en estas circunstancias es que tácitamente es el equivalente al punto de vista masculino. Lo llamado «femenino» y su experiencia socialmente asignada (lo cotidiano, la familia, la crianza, el hogar, la cocina, etcétera, también nómbralo) pareciera no ser algo sobre lo que vale la pena hablar porque son experiencias «no universales» (a pesar que atraviesan a la otra mitad de la humanidad). Es más, siempre la rutina doméstica, en contraposición a la vida y a la pertenencia a la esfera pública, siempre es vista como una cosa no deseable (sin valor social, sin utilidad, etcétera) porque también está socialmente determinada hacia lo femenino. Entonces tiene sentido que la «belleza» de esos lugares sean negadas. Antes de «hallar» esa belleza, ha sido un re-descubrirla y re-definir su lugar porque siempre ha sido parte del universo que he construido a partir de mis publicaciones (feelback, Matrioska, incluso la plaquetas angst y la co-publicación de triza la luz) donde lo cotidiano y el espacio «hogareño» es central. Y muy en el fondo es porque también ha sido el espacio que más he explorado cuando niña, pero eso ya se lo dejo a mi terapeuta.


U: Tu libro se separa de los lugares comunes en los que puede caer la poesía contemporánea con su individualismo y se acerca mucho a la denuncia colectiva, más abarcativa de las realidades sociales de las mujeres principalmente. ¿Por qué tomaste a la poesía como herramienta para expresarte?

VRM: Por un lado, tal vez la poesía no es la mejor herramienta para expresarse, justamente la poesía no se define por su legibilidad. En términos de efectos políticos, sería más útil que fuese legisladora, dirigente o activista/militante. Sería más útil que se fundara el partido de las «anas» para postular al congreso y cambiar ciertas condiciones sobre los trabajos de reproducción social, o la condición de las mujeres trabajadoras en general. Pero la escritura tampoco se trata exclusivamente de utilidad. La poesía no es algo útil y está bien que permanezca así, y aunque este es un poemario que tiene intenciones de cierta cosa política, no creo que esté en la literatura ser aleccionadora moralmente. Hay personas que sostienen que la poesía como una cosa anti-capitalista o anti-sistema porque es inútil o no se mueve en los mismos códigos que otras formas de arte, y tampoco creo en esa afirmación porque relativiza el valor (¿o función?) que la poesía escrita en el código de la intención y el lenguaje político sí tiene. En general diría que siempre hay algo de producto de época, y si hablamos de la poesía contemporánea y su individualismo, creo que también es un signo de la velocidad y lo abrumador de esta época que casi nos obliga a volcarnos a los sujetos e individualidades. No me gusta poner en la balanza «poesía individual = mala» y «poesía colectiva = buena» porque es una discusión sin sentido y creo que dejamos de hablar de poemas. No sé si ana c. buena es una oposición a, diría que es más una contraparte de estos lugares de la poesía contemporánea, donde a partir de un solo sujeto y su individualidad hay un abanico de posibilidades para pensar en lo colectivo. Creo al mismo tiempo que la poesía es lo que mejor se me da, ya he sido dirigente alguna vez en la universidad y tal vez no fue lo que mejor se me dio. Aún así siento un peso de responsabilidad al tener la posibilidad de publicar algo -imprimir algo en el espacio público- en un medio donde publicar es de suerte y privilegio, entonces me dije a mí misma hace tiempo que quería publicar algo que valga la pena. Y de todo lo que he publicado, ana c. es lo más difícil y lo más bello que he podido hacer.


U: La crítica cree reconocer la influencia de la poesía proletaria de algunos integrantes del Grupo Intelectual Primero de Mayo. ¿Los ves como tal? ¿O encontraste esa influencia en otros autores?

VRM: Pues sí. Quiero decir, a mí me encanta que las influencias y referencias sean transparentes. Me gusta que reconozcan que tengo una genealogía y tradición propia, que hay autores con los que converso explícitamente. No es tanto por un asunto de quién sabe más o quién lee más, sino por una cuestión de parentesco que encuentro fascinante. Está el Grupo Primero de Mayo, también está Cesáreo Martínez, Washington Delgado. Está Manuel Fernández, está Montserrat Álvarez. También está Audre Lorde, Adrianne Rich, Nikki Giovanni.


U: ¿Por qué le das tanta relevancia al tema del hambre? Los poemas agrupados bajo ese concepto nos resultaron tan fascinantes como dolorosos.

VRM: Porque el hambre es una experiencia y cosa tan común, ¿cierto? Somos civilizados y modernos, aún así en nuestras ciudades la gente se muere de hambre. La recesión global es un asunto de hambre, también. Al mismo tiempo, el hambre es una cosa que moviliza: los discursos políticos que apelan a la pobreza y al emprendedurismo están plagados de la expresión «yo sé lo que es pasar hambre», que es como decir «yo sé lo que es ser una persona común y corriente que en algún momento pasó hambre». Claro que es un postureo y realmente para los que gobiernan no son específicamente los que tienen hambre, pero también hay harta potencialidad de organización y transformación a través de esta carencia, que es la más básica. Creo que también está dentro del universo de ana c., en el sentido de que quienes se encargan del trabajo doméstico tiene que administrar el hambre y la escasez para arreglárselas, que los engranajes sigan girando y todo continúe en orden. Entonces es un contraste entre el pequeño universo de ana contenido en los quehaceres y el agotamiento de cumplir con esos quehaceres, y luego está el hambre que es un elemento al que también hay una tensión.


U: ¿Cuál es el papel que juega la poesía en la literatura contemporánea peruana?

VRM: Pues yo creo que estamos en un momento importante de la poesía peruana, contra el mito que no sé quién se inventó de que la gran tradición poética (de varones) murió en los noventas. Creo que hay una serie de publicaciones que han aparecido en los últimos años, y publicaciones que aparecerán, específicamente hechas por mujeres que respaldan que estamos viviendo un momento muy alto. La narrativa no me interesa. O mejor dicho, los narradores no me interesan. Las narradoras sí, pero ese es un asunto de hinchada y chauvinismo (y por qué no).


U: En Argentina, la poesía es un género, diríamos, casi en disminución a nivel editorial. Queda relegada a tiradas cortas, a editoriales pequeñas que luchan por la supervivencia de lo poético ¿Sucede lo mismo en Perú? ¿Por qué continuamos apostando a la poesía? ¿Qué puede brindarnos hoy?

VRM: De hecho, la visita que he tenido a la Feria del Libro me ha dado la sensación contraria. No digo que sea una muestra total del panorama literario en Argentina, porque definitivamente no lo es. Sin embargo, a diferencia de Perú, definitivamente su red editorial independiente es mucho más grande y organizada colectivamente. Además, hay una gran presencia de traducciones que no veríamos en el Perú desde una editorial local. Por no hablar del sistema burocrático que otorga incentivos a las publicaciones y a los editores. No quiero que esto suene a una olimpiada de la precariedad, pero ciertamente en Perú se publica y se escribe poesía en mucha precariedad. Aún así se escribe y se publica, a pesar de los precios del papel. Supongo que esto último es un asunto de necedad y también mucha fe. Y es que como dije, la poesía no tiene (y no tendría que tener) una necesidad concreta, y por tanto no tendría que justificar su valor para ser publicada y arrojada al mercado. Al mismo tiempo no es un objeto u artefacto de lujo. Tampoco es impermeable a las dinámicas del mercado. Prefiero no otorgarle grandes cualidades o misiones a la escritura, realmente no otorga más del valor que uno le da cuando escribe o lee. Es un asunto de necedad.


U: A todos nuestros entrevistados le hacemos una pregunta de rigor y no serás la excepción ¿Qué está leyendo en este momento Valeria Román Marroquín?

VRM: Ahora mismo estoy leyendo a Safo a través de Anne Carson (siempre la estoy leyendo, no es novedad), Gertrude Stein (una bella traducción de Rodrigo Olavarría publicado por Alquimia Editores), he vuelto a Angélica Freitas y estoy descubriendo a Golgona Anghel (ambas publicadas en español por Kriller71). Además dos libros que me están gustando mucho son Serie de circunstancias posibles en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora de Yolanda Segura, Teoría del Polen de Victoria Ramírez, Las edades de Teresa Cabrera y Víscera Beltrán de Ana Carolina Zegarra.



En esta edición de Ulrica Revista, publicamos un especial sobre poesía contemporánea de Perú. Podés leer poemas de esta y otros autores haciendo clic en el botón de abajo



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