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Mike Wilson, imposible de etiquetar

Nacido en Estados Unidos y criado en Argentina, hoy reside en Chile desde donde conversamos sobre el décimo aniversario de su emblemática novela Leñador (que hoy reedita La Pollera) y su más reciente libro Dios duerme en la piedra (Fiordo, 2023).



ULRICA: Si tomamos tus últimos cuatro libros publicados en Argentina (Ártico, Ciencias ocultas, Dios duerme en la piedra y Leñador), nos damos cuenta que son enteramente diferentes. Desde todo aspecto, más allá de que se insinúen elementos comunes a tu obra. ¿Cómo es el proceso para lograr un estilo multifacético?

MIKE WILSON: No lo tengo del todo claro, trato de dejarme llevar por el impulso que siento cuando quiero escribir y el tema suele determinar la forma. Creo que en algún lugar semi-consciente hay algo en mí que huye de las redundancias, pero nunca intento forzar un estilo. Soy muy contrario a eso, por eso no me identifico con la idea de escritor experimental, no busco eso, si me salgo de estilos convencionales es porque prefiero no someterme a ese pie forzado. Pienso en Némesis (2020), cuyo estilo y disposición fueron determinados enteramente por el contenido.


U: Los espacios donde ambientás tus novelas son muy particulares, algo extraños, pero bien definidos. Y ocupan un lugar central. ¿Por qué le das tanta importancia?


MW: Sí, el lugar es primordial para mí. Es algo que siempre he dicho, que los libros son lugares para mí. Es así cuando leo y cuándo escribo. Hasta libros más abstractos, libros de filosofía por ejemplo, los leo como si habitaran un espacio. Escribir, para mí, es siempre ir a un lugar en donde intento resolver y buscar sentido. Siento que esto no sería posible sin esos ambientes.


U: Se cumplen diez años desde la publicación de Leñador, que celebramos con esta reedición de La Pollera. ¿Qué diferencias notás con el escritor que fuiste hace una década?

MW: No sé, nunca me he pensado así, me siento más viejo solo, pero no me identifico con la idea del escritor que evoluciona o que encuentra una voz. Cada libro es lo que necesitaba escribir en su momento, no siento que haya un avance o un ímpetu. Sé que los libros comparten cosas pero no los concibo como una secuencia hilada de narraciones que se interconectan. Siempre he detestado la idea del "proyecto del escritor", me suena pedagógico.


U: Leñador es uno de esos libros multifacéticos, compuesto por los más diversos registros, ¿cómo fue el proceso de escritura en particular de este libro?

MW: Ha pasado mucho tiempo, pero me acuerdo que fue un proceso bastante obsesivo de escritura diaria, durante un periodo difícil de mi vida en el que necesitaba escribir ese libro para mi propio bien, existía solo para mí. De eso me acuerdo.


U: En Ártico (Fiordo, 2017) y Leñador, te alejás lo más posible de la narración. Y en ese momento dijiste que sentías que la narración en sí se había gastado. ¿Qué cambio para que vuelvas a ella en Dios duerme en la piedra?

MW: En el caso de Leñador quería alejarme de la parodia, y la narración es por su propia naturaleza paródica. Encontré sinceridad en la observación de cosas que no buscaban narrar ni ser literarias. Con Ciencias ocultas (Fiordo, 2019) recurrí a la descripción pero para otro propósito. El caso de Ártico es distinto para mí, siento que es sumamente narrativo, una lista de impresiones que cuentan un día triste en la vida de un hombre a la deriva. Némesis es otra novela que para mí es narrativa, fue quizá el proceso de escritura más intenso que me ha tocado, quizá mi libro más completo si es que existe tal cosa. La escribí durante las cuarentenas acá en Chile. Dios duerme en la piedra fue un libro que escribí antes de Némesis pero que publiqué después y el movimiento en aquel paisaje era fundamental para mí. Creo que no he respondo bien la pregunta, no sé si hay algo que cambió en mí, dependía más que nada de lo que me exigía el libro.


U: A pesar de su estilo tan de Western (incluso en lo visual, que a uno lo puede hacer pensar en la famosa trilogía de Clint Eastwood y Sergio Leone), se notan ciertos dejos criollos, que interactúan muy naturalmente. ¿Sentiste influencias de otros autores a la hora de escribir esta novela? ¿Cuáles?

MW: Sí, especialmente textos bíblicos, específicamente el Antiguo Testamento, los libros del dios severo, y textos apócrifos como el Libro de Enoc. Hay elementos de terror cósmico en la novela que surgen especialmente de esas lecturas.


U: Nuestra pregunta, ya clásica, a todos nuestros entrevistados: ¿Qué libros tenés en la mesita de luz?

MW: La obra reunida de Nathaniel Hawthorne, un libro sobre sumo (la lucha, no la banda) y Black Colossus de Robert E Howard.


Vas a poder encontrar sus libros en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en: Panorámica: stand 1915 - Pabellón Amarillo Big Sur: stand 1914/1916 - Pabellón Amarillo


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