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  • Ulrica Revista

Luis Scafati, maridar dos lenguajes

Hablamos con el gran artista argentino, quien tiene el poder de dialogar con grandes obras de la literatura. En esta entrevista nos cuenta sobre su trabajo y sobre cómo ve este nuevo boom de los libros ilustrados para todas las edades.



Nació en Mendoza el 24 de noviembre de 1947. El dibujo es algo que siempre formó parte de su vida, incentivado por su padre Hugo. A temprana edad, y con un amigo, publica una rudimentaria revista de historietas. Funden, como es de esperar. Pero no se apaga su vocación. Desde allí, ha trazado un camino artístico de relevancia.

Los libros ilustrados por Luis Scafati son irresistibles para cualquier amante de la literatura o del arte. Porque sus obras son únicas y fácilmente reconocibles. Más que representar una historia, dialoga con ella. En los libros que ilustró vemos la amalgama perfecta entre imagen y palabra, con un estilo distintivo que llegó para encontrarse con las grandes obras de la literatura.

Roberto Arlt, George Orwell, Melville, Poe, Stevenson, Neruda, Wells, Kafka, Gogol, Cervantes, son solo algunos de los autores cuyas obras ilustradas por Scafati son verdaderas piezas de colección y que alimentan, aún más, la gran experiencia lectora que pueden brindarnos los clásicos.

Su más reciente colaboración con Libros del Zorro Rojo fue en la clásica distopía de Orwell.

ULRICA: ¿Cómo es ilustrar libros para «adultos», cuando tradicionalmente se consideraba que los libros ilustrados eran para niños?

LUIS SCAFATI: Si, los libros ilustrados para niños son los que más circulan, pero el libro ilustrado para adultos, tiene una larga historia, inclusive antes de la invención de la imprenta algunos monjes ilustraban sus incunables. Hubo una época de destacados ilustradores, puedo mencionar a Gustav Doré quien le puso imagen a gran parte de los clásicos de la literatura, Aubrey Beardsley, Edmund Dulac, Arthur Rackham, Walter Crane, Alejandro Sirio entre nosotros, como ellos hay muchos otros que hicieron de la ilustración un arte.


U: ¿Toda obra literaria puede ser ilustrada? ¿Por qué?

LS: Depende de quién sea el ilustrador. En mi caso particular tengo que tener cierta empatía con el texto, para acompañarlo con mis dibujos.


U: ¿Qué elementos debe tener una obra literaria para que elijas ilustrarla?

LS: Primero calidad literaria. Que haya despertado mi interés y haya en ellas imágenes que entrarían en mi iconografía, en mis preocupaciones plásticas.

Una de sus ilustraciones para Bartleby, el escibiente de Herman Melville (La Marca editora, 2018).

U: ¿Cómo es la construcción del «maridaje» entre el lenguaje escrito y el lenguaje plástico?

LS: Son dos lenguajes, con sus principios, sus límites y sus diferencias. Probablemente muchas veces lo que se expresa con palabras no se puede traducir con imágenes y viceversa. Esto es lo que hace interesante la ilustración como complemento del texto literario, cuando no es servil al mismo sino que amplifica eso que el escritor hizo. Tomar la libertad de quien escribió ese texto artístico y usarla en la creación de imágenes que lo acompañen.


U: ¿Qué otros elementos utilizas, además del texto, para inspirarte a la hora de ilustrar una obra literaria?

LS: Cuando encaro un trabajo de ilustración, generalmente me nutro, además del texto en cuestión, de todos los epifenómenos que lo circundan, pueden ser características de las vestimentas, costumbres, arquitectura y sobre todo otros textos literarios del mismo autor.


U: En otra entrevista dijiste «Aunque el lugar común es el dibujo como lenguaje, algo se va transformando a medida que pasan los años», ¿en qué sentido fue cambiando tu obra, con el paso del tiempo, hasta llegar a este estilo tan personal y que es fácilmente reconocible como «un Scafati»?

LS: Todos nos vamos transformando con el tiempo, nos vamos cristalizando en nuestros sentires. No es lo mismo aquel adolescente que fui alguna vez al joven que después me transformé o a este que soy hoy. A pesar de esto, hay algo que nos acompaña a lo largo de la vida y que lentamente se va desarrollando, casi sin que nos demos cuenta. Siempre pienso en la semilla de un pino, que en esa pequeña cápsula, está toda la información del pino que crecerá cincuenta o cien años más tarde. Tal vez ese misterio al que nos cuesta ponerle palabras es el sentido de toda vida, desarrollarse y crecer hasta convertirse en lo que tenías que ser.


U: Para cerrar, nos dan curiosidad saber: ¿qué autor u obra te gustaría ilustrar?

LS: Hay una larga fila, pero en el primer lugar está Los siete locos, la novela de Roberto Arlt.



El jorobadito, del cuento homónimo de Roberto Arlt (La bohemia, 2014).

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