• Ulrica Revista

Diván del Tamarit

Actualizado: 18 may

El orientalismo desnudo en la obra de Federico García Lorca


Por Gisela Paggi

@bibliogigix



Nadie comprendía el perfume

de la oscura magnolia de tu vientre.

Nadie sabía que martirizabas

un colibrí de amor entre los dientes.

Esta estrofa que emana sensualidad y sensorialidad es la primera de la gacela (Gacela I Del amor imprevisto) que abre Diván del Tamarit, una de las obras menos estudiadas y, sin embargo, de la más maduras y complejas de Federico García Lorca. Son versos que parecen encriptados dentro del lenguaje poético. Son una fiesta sensorial. El poema, en su totalidad, parece que pudiera olerse, tocarse, degustarse.

En este poemario, Lorca le da palabra y entidad al deseo, al amor y al dolor a la vez que plasma con precisión el paisaje de su Andalucía natal, llena de espejos de agua donde se asoma la muerte y flores que desprenden su olor de primavera.

Ciertas características diferenciadas en relación al resto de su producción han despertado la curiosidad por Diván del Tamarit como si existiera un enigma por ser revelado. Nosotros exploraremos esas características para llegar a la profundidad del texto y comprenderlo en su totalidad, mediante las numerosas aristas que presupone. La primera parada: lo erótico.


Amor, enemigo mío

En esa primera estrofa que reproducimos parece caber todo el universo lorquiano, si bien iremos explorando aquellos elementos más característicos de toda su obra y que encuentran un lugar tan preponderante en este poemario en particular. Pero, a simple vista, ya se configura una ampliación en relación al resto de su producción lírica: el erotismo. Un tema que subrepticiamente atraviesa la obra de García Lorca pero que en este libro en particular adquiere una fuerza concreta.

Todo el poemario en su extensión desborda de imágenes eróticas que se esconden en el simbolismo y que siempre van de la mano de la idea de la muerte, como figuras hermanadas que no pueden sobrevivir la una sin la otra. El amor solo trae destrucción. El deseo se manifiesta a través de la violencia:


Siempre, siempre: jardín de mi agonía,

tu cuerpo fugitivo para siempre,

la sangre de tus venas en mi boca,

tu boca ya sin luz para mi muerte.


El objeto del amor del poeta siempre se encuentra vedado. El amor sufre de una imposibilidad que lo vuelve prohibitivo. El amado es un enemigo a la vez que el objeto de deseo del poeta. En la Gacela IV De la raíz amarga:


Duele en la planta del pie

el interior de la cara,

y duele en el tronco fresco

de noche recién cortada.

¡Amor, enemigo mío,

muerde tu raíz amarga!


Lorca expresa su deseo homoerótico a lo largo de varios de los versos que componen el libro y ese amor oculto tras el velo del misticismo y de lo exótico tiene sus raíces en el orientalismo, una corriente que tuvo un gran éxito dentro de los escritores de su generación. Lorca fue un ávido lector de poetas árabes y de esa lectura consciente y admirada surge este poemario que, a través de la intertextualidad, dialoga con la tradición árabe y mozárabe. Pero, a diferencia de muchos autores, Lorca hizo propia esa tradición, no intentó emularla o adaptarla a su lírica. Su lírica se adapta a las formas árabes y en ese proceso surge la verdadera originalidad de su trabajo. El orientalismo es una lente a través de la cual ver su mundo y ponerlo en palabras.


Estanques, aljibes y fuentes

El poemario está constituido por gacelas y casidas, ambas formas muy populares dentro de la tradición literaria medieval árabe. Las gacelas son composiciones breves con un gran componente musical y que trataban, en su mayoría, temas amorosos. Las casidas, son más extensas. Por lo general representan la voz de un poeta que se encuentra con un compañero a quien le manifiesta expresiones de amor hacia una dama y de dolor por la separación de ella. De ambas formas se valió Lorca para componer Diván del Tamarit como un homenaje a esos poetas que admiraba.

Estas formas poéticas fueron una fuente de inspiración para el García Lorca que, en su época, se hallaba profundamente influenciado por el retorno del orientalismo como una moda literaria.

Los poetas contemporáneos de Lorca encontraban en el mundo árabe un imaginario exótico que los atraía. La figura de la mujer cargada de sensualidad y misticismo era un tema recurrente en la producción artística de la época. Pero Lorca, más que un texto de influencia oriental, lo que produce es una legítima intertextualidad de la que se vale para dejar en evidencia la herencia árabe de Andalucía.

Entre los temas que trata la poesía árabe en general y la hispánico árabe en particular según Anwar G. Chejne son el amor, en tanto expresión sentimental del poeta; la alabanza que realiza de quien sea su protector; la sátira en la que se burla del enemigo; las elegías en las que alaba al difunto; la guerra; el ascetismo y el misticismo; la descripción de la naturaleza y el paisaje y el ensalzamiento. del vino y sus efectos.

En Diván del Tamarit, la mayoría de estos temas están presentes. Algunos en mayor medida. La muerte, en particular, como en la Casida I Del herido por el agua en la que trata de la muerte de un niño, historia que se repetirá en varios poemas:


El niño herido gemía

con una corona de escarcha.

Estanques, aljibes y fuentes

levantaban al aire sus espadas.

¡Ay qué furia de amor, qué hiriente filo,

qué nocturno rumor, qué muerte blanca!

¡Qué desiertos de luz iban hundiendo

los arenales de la madrugada!

El niño estaba solo

con la ciudad dormida en la garganta.

Un surtidor que viene de los sueños

lo defiende del hambre de las algas.

El niño y su agonía, frente a frente,

eran dos verdades enlazadas.

El niño se tendía por la tierra

y su agonía se curvaba.


Federico García Lorca fue, además, un poeta comprometido con la idiosincrasia folklórica de su tierra y él reconocía esa influencia que había ejercido la dominación árabe en la península por 700 años como un elemento que venía a sumar a la cultura andaluza y le daba su sello más distintivo en la lengua, en la música y en la literatura.

Diván del Tamarit no es una obra que emule el estilo árabe. Es una obra mozárabe. Es la conjugación de lo español y lo musulmán. Las figuras árabes no son una excusa para hablar de los temas que tan recurrentemente trata Lorca en su obra. Más bien, Lorca encontró en la poesía árabe los temas que tanto le interesaban y exploraba en su escritura. Por lo tanto, no existe una emulación. Es la utilización leal de unas formas poéticas para reinterpretar aquello que él ya había manifestado con anterioridad en obras como Romancero gitano, por mencionar un ejemplo más bien común y que seguirá utilizando a lo largo de toda su producción lírica.

Veamos algunos ejemplos más, en este caso, las primeras estrofas de la Gacela V Del niño muerto, para continuar con el tópico:


Todas las tardes en Granada

todas las tardes se muere un niño.

Todas las tardes el agua se sienta

a conversar con sus amigos.

Los muertos llevan alas de musgo.

El viento nublado y el viento limpio

son dos faisanes que vuelan por las torres

y el día es un muchacho herido.


El agua es un elemento fundamental de la cultura árabe. Granada, el escenario de fondo de Diván del Tamarit, es una ciudad cuya arquitectura está profundamente influenciada por lo árabe y una muestra de eso son las numerosas fuentes que se encuentran a lo largo y ancho de toda la ciudad, en sus jardines y palacios. Para Lorca, el agua es parte del paisaje de su infancia y es la muerte la que se refleja en ella.


No quedaba en el aire ni una brizna de alondra

cuando yo te encontré por las grutas del vino.

No quedaba en la tierra ni una miga de nube

cuando te ahogabas por el río.


El paisaje granadino se construye, en Diván del Tamarit, a través de un amplio abanico de imágenes que aluden a la naturaleza y su belleza pero, no olvidemos, que la obra siempre construye paralelismos como antítesis: lo bello tiene su lado mortal. El querer tiene su lado agónico también. No hay deseo sin violencia ni paz sin muerte y desesperación, y esos son temas frecuentes en la poesía arábiga. Lorca elige dejar plasmado en su obra aquello que le causa dolor de ver, en lo trágico de la vida, en lo absurdo de la muerte. Pero hay otro tipo de desconsuelo que es aquel que surge a través del amor.


Un sol de alacranes

El objeto amado del poeta es la causa de todo su dolor. Fiel a la tradición árabe como mencionábamos, el eje siempre está puesto en el yo lírico. Alrededor de la figura egocéntrica del poeta se constituye el mundo tal cual él lo observa y su desesperanza es la protagonista del texto. El amado, que a veces es representado en la figura de la mujer, es casi un objeto disparador de los sentimientos del poeta. Veamos un ejemplo que puede resultar familiar. Se trata de parte de la gacela III Del amor desesperado.


La noche no quiere venir

para que tú no vengas,

ni yo pueda ir.

Pero yo iré,

aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tú vendrás

con la lengua quemada por la lluvia de sal.


Resulta llamativa la absoluta negación en este poema que nos habla de la imposibilidad del amor. La noche es cómplice en un amor prohibido que se defiende a pesar de las consecuencias. La gacela del amor desesperado es quizás el ejemplo más claro que podamos utilizar para ilustrar el tema amoroso en esta obra de Lorca. Incluso, mucho podría remitirnos a la tradición del amor cortés por el secretismo, por la relación que nos recuerda al vasallaje por el grado de sumisión ante el ser amado y por el misticismo que ronda su figura y que podría bien simular ser sagrada. En la casida IV De la mujer tendida, Lorca escribe:


Verte desnuda es recordar la Tierra

la Tierra lisa, limpia de caballos.

La Tierra sin un junco, forma pura

cerrada al porvenir: confín de plata.


Hasta acá, la admiración del amor a través de la imagen de la mujer desnuda y tendida. Pero dos estrofas más abajo, escribe:


La sangre sonará por las alcobas

y vendrá con espadas fulgurantes,

pero tú no sabrás dónde se ocultan

el corazón de sapo o la violeta.


El amor no puede entenderse sin la sangre que corre como corre por los versos de principio a fin de Diván del Tamarit. Esa forma arábiga es el vehículo por el cual Federico García Lorca manifestó su propia visión apocalíptica del amor. Como dijimos, son temas que el poeta ya había tratado y seguirá tratando. El amor enlazado a la muerte es su forma de ver la vida y casi un presagio para su desenlace fatal.

La mujer difiere mucho de la representación que se le hiciere en otras obras de corte orientalista que enfatizaban más bien en un estereotipo de mujer seductora y hechicera y que se representó también en el arte. En realidad, la representación de la mujer en la obra de Lorca se acerca más a la mirada surrealista, aquella más idealizada y soñadora, velada por una sombra y no tan explícita.

La cuestión es que, en esta obra tan acabada y fruto de una maduración personal del poeta, es una expresión explícita de su universo. Los primeros poemas comenzaron a ser compuestos en Nueva York. Este viaje para Lorca presupuso una metamorfosis, un estadio de descubrimiento del mundo más allá del paisaje de su Andalucía natal. Un distanciamiento necesario para observar la obra, como en una pintura.

La visión desolada del capitalismo que Federico observa en Nueva York y que puso en palabras en su poemario Poeta en Nueva York también se pone de manifiesto en algunos poemas de Diván del Tamarit. La muerte del niño que cada día muere en Granada es una observación dolorosa que se desprende de su desesperanzadora mirada de la actualidad. Esa muerte es también su propia muerte y en Gacela VIII De la muerte oscura lo expresa:


No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;

que la boca podrida sigue pidiendo agua.

No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,

ni de la luna con boca de serpiente

que trabaja antes del amanecer.

Quiero dormir un rato,

un rato, un minuto, un siglo;

pero que todos sepan que no he muerto;

que hay un establo de oro en mis labios;

que soy el pequeño amigo del viento Oeste;

que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.


Es Lorca con su visión alarmista parado frente a la muerte que le es, sin lugar a dudas, sumamente atrayente.

El Orientalismo se manifiesta en Diván del Tamarit con sus formas y con sus temas porque resultaba un mecanismo de reconocimiento e identificación para el poeta. Encontró en la poesía arábiga una manera de reformular su universo compuesto por la tríada de deseo-amor-muerte que traspasará toda su obra, siempre de manera renovada, pero con un elemento en común: la recuperación de las formas populares y folklóricas. La cultura al-Andalus continuaba y continúa profundamente arraigada en Granada (la ciudad que fuera el último bastión moro), y sus raíces quedaron sumergidas en la cultura española en una especie de simbiosis. Lorca supo explorar y explotar ese mestizaje y esta obra es, quizás, la prueba más fehaciente de eso.

Hacia el final del poemario (más precisamente en la Casida IX De las palomas oscuras), aquello que quizás sea lo más difícil de analizar porque escapa a todo tipo de racionamiento: lo profético. Como en otros poemas, como ser Fábula y rueda de los tres amigos, de Poeta en Nueva York, Lorca sorprende con un augurio:


Por las ramas del laurel

vi dos palomas oscuras.

La una era el sol,

la otra la luna.

«Vecinitas», les dije,

«¿dónde está mi sepultura?»

«En mi cola», dijo el sol.

«En mi garganta», dijo la luna.





 


Bibliografía:


Alcides, Manuel (1998). Lectura de Diván del Tamarit, de Federico García Lorca (1898-1936). Literatura y Lingüística, (11), 0. ISSN: 0716-5811. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35201105


Chejne, Anwar G. (1980). Historia de España musulmana. Cátedra.


García Lorca, Federico. (1998). Diván del Tamarit, ed. Miguel García-Posada. RBA Editores.


Larraufie, Manon. (2021). Diván del Tamarit o el ensueño oriental de Federico García Lorca; enVoces y versos. Nuevas perspectivas sobre la Generación del 27. Idea.


Watt, W. Montgomery. (2017). Historia de la España islámica. Alianza editorial.

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