top of page
  • Instagram
  • Facebook icono social
  • Twitter

El arte de mirar la vereda: de las Aguafuertes porteñas y las de Storni al feed de Vanessa Bell

  • Foto del escritor: Ulrica Revista
    Ulrica Revista
  • hace 8 horas
  • 10 Min. de lectura

Antes en el diario en papel, ahora en hilos de X o posteos en Instagram, Buenos Aires es una ciudad que no deja de registrarse. Una influencer y periodista nacida en Inglaterra rescata la tradición de la crónica periodística a través de su emprendimiento Creme de la Creme, que realiza tours con otra mirada de la ciudad porteña.


Por Abril Mosconi


Vanessa Bell fotografía la ciudad de Buenos Aires en sus tours de @cremedelacremeba
Vanessa Bell fotografía la ciudad de Buenos Aires en sus tours de @cremedelacremeba

¿Qué tienen en común un escritor/a que tecleaba en una redacción llena de humo en 1920-1930 y una influencer que recorre Buenos Aires con un smartphone en 2026? La respuesta no reside en el soporte, sino en la mirada. La tradición de la crónica porteña que registraba una ciudad recién modernizada y sus personajes, fundada por figuras como el gran cronista Roberto Arlt y la poetisa y periodista Alfonsina Storni, encontró un inesperado relevo generacional en la curaduría digital de Vanessa Bell, @cremedelacremeba en Instagram, @cremetoursBA en X.

Escritora, periodista freelance y especialista en arquitectura, Bell (46) llegó a Buenos Aires desde Londres en 2010, impulsada por la herencia cultural de su madre argentina. Su trayectoria en la ciudad parece trazada por una sincronía literaria: tras vivir en París, se instaló en Monserrat y consiguió su primer empleo en Flores, el barrio-mundo de Arlt. Hoy, bajo su sello Creme de la Creme, canaliza esa sensibilidad hacia el urbanismo y la moda a través de tours a medida y una comunidad de más de 70 mil seguidores que la reconocen como una trend hunter de lo auténtico. Además recientemente estrenó una serie de vídeos en el canal de YouTube de La Nación llamado con otros ojos, en el que invita a descubrir elementos ocultos de la ciudad: edificios desconocidos, lugares de vinilos, especialistas en sándwiches de miga, entre otros.  

Su labor de archivo y rescate quedó plasmada en el bilingüe Mapa brutalista de Buenos Aires (2022) y en su faceta como curadora, donde en 2024 organizó Como para no estar muerta con este día, la muestra de fan art inspirada en el universo de Mariana Enriquez.


La calle como vidriera

Los extraordinarios encuentros de la calle. Las cosas que se ven. Las palabras que se escuchan. Las tragedias que se llegan a conocer. Y de pronto, la calle, la calle lisa y que parecía destinada a ser una arteria de tráfico con veredas para los hombres y calzadas para las bestias y los carros, se convierte en un escaparate”, escribió Arlt en una de las más famosas de sus aguafuertes porteñas publicada en El Mundo, “El placer de vagabundear” (1928). Lo que describe es la actividad del flaneur, el paseante. Así se llamó en el siglo XX a quien observaba y registraba el espacio urbano al caminar sin rumbo fijo. La ciudad estalla, se vuelve impredecible si se mira con este ojo. Se descubren detalles que ni sus propios habitantes conocen o que por el trajín diario tienden a perderse.     

En las crónicas para La nota y La Nación a Storni también se la encuentra “andando por Buenos Aires”. En “La perfecta dactilógrafa” (1920) sube al tranvía de siete a ocho de la mañana sólo para observar a las mujeres que van a trabajar. Lo que leen, sus zapatos y sus movimientos le develan sus empleos: la dactilógrafa, la empalada pública. En “Las crepusculares”, una crónica de caída de sol y el regreso a casa, Storni se autofigura como “señorita paseante” —así la llama quien la ingresa a una ascensor— y registra con ironía las diferencias entre el desplazamiento femenino y el masculino por la ciudad, así como el peso de la mirada del otro en el andar de las mujeres: “De 17 a 18 de la tarde, a la hora elegante en que la luz huye de las calles de Buenos Aires, y se encienden los focos de las grandes casas, por la calle Florida se mueve una romería de gente. Ellas, las refinadas porteñas crepusculares, caminan por las aceras. Ellos van por la calle. En las esquinas, frente a los negocios, a lado de los escaparates, numerosos grupos miran ondular a las muchachas sobre sus tacos”. Alfonsina es la flâneuse que recorta tipos femeninos de la multitud para narrarlos. Sumergida en la moda y los consumos de la urbe, los traduce en crónicas donde la experiencia del deambular convive con la ciudad como campo de batalla.                      

Como una flâneuse pero del siglo XXI, Bell recoge el guante de Alfonsina y Arlt y viene a recobrar en las fotografías de su feed una actividad que parecía haber desaparecido. Cafés, lobbies de edificios brutalistas, galerías, restaurantes baratos, “joyas escondidas” de la ciudad, frentes de casas, librerías de saldos, heladerías de viejo que sobreviven al paso del tiempo; son ruinas de otras épocas, algo así como crónicas de recuerdos contemporáneos. La periodista anglo-argentina encontró el placer de vagabundear en Buenos Aires, de buscar en ella el “universo encerrado en las calles de la ciudad”, en palabras de Arlt. Si al principio eran un hobby o un camino al trabajo, hace más de 14 años que sus caminatas guiadas se han convertido en su sustento de vida, por lo cual ha demostrado estar muy agradecida, pese a autodenominarse una “anti influencer”. Es reconocida mundialmente por arquitectos, diseñadores y hasta académicos, lo que la terminó posicionando como una voz del urbanismo y la moda de Buenos Aires.

Para Arlt, registrar la ciudad también fue su medio de vida. Tenía urgencia por escribir, la misma que tiene un boxeador por partirle la cara al adversario, para ganar un peso y también la gloria. También Storni, quien era más conocida como poeta que como periodista y disputaba por ganarse un lugar en una redacción masculina y dentro de una sección limitante (la “columna femenina”) que apuntaba más bien a difundir comportamientos estereotipados y domésticos que debía seguir la mujer tipo del siglo XX. Hoy el éxito está a la vuelta de la esquina: no hay límites para deambular y registrar la ciudad. Hace falta un buen ojo que vea lo que ya nadie ve.


Buenos Aires Lado B

La Buenos Aires que construye Bell en sus fotografías, hilos y posteos así como en sus tours personalizados está lejos de la imagen turística que eligen mostrar los típicos tours para extranjeros. El Obelisco, Palermo Soho, Casa Rosada, las pizzerías de la avenida Corrientes no tienen lugar ni en su X ni en su Instagram. Bell en cambio replica la intención de mostrar la otra cara de la ciudad que tenían Alfonsina y Arlt: la otra realidad de la ciudad moderna que incluía los detalles de los márgenes y las desigualdades sociales. Los tres, a su manera, descubrieron una ciudad que surge cuando la otra desaparece.   

Vanessa Bell. Ph. Pilar Condomi
Vanessa Bell. Ph. Pilar Condomi

El espacio urbano que registra la escritora de La inquietud del rosal y Mundo de siete pozos es el que excluye permanentemente la posibilidad del desplazamiento femenino. Es un territorio de lucha por los lugares que las mujeres no tenían. Los tipos femeninos de la gran ciudad son los protagonistas de sus crónicas, siempre atravesados por la ironía filosa que critica roles y estereotipos, prejuicios, consumos que pesan sobre las mujeres: “Allí están las sonrientes muñecas con las plantas rígidas dentro del muerto y frío zapato, vistiendo lujosos kimonos, regias salidas de teatro(...)”; “luego las crepusculares, saturadas de ideas para el nuevo vestido de temporada, atraviesan de nuevo la calle Florida”. También la situación de las trabajadoras de su tiempo fue una de las preocupaciones de Alfonsina Storni: quienes buscaban un marido para solucionar sus problemas económicos, las que ejercían los trabajo habituales para mujeres como “La costurerita a domicilio” (La Nación, 1920), o las que forzadamente estudiaban, como las que aparecen en la crónica titulada “La normalista” (La Nación, 1920). Storni también utilizaba como firma el seudónimo Tao Lao en la que encarna irónica y lúdicamente la omnipresencia masculina delimitadora de lo femenino.           

Hoy, esa flânerie con conciencia de género resuena en los posteos de Bell, quien utiliza su plataforma para cartografiar la calle no solo como espacio arquitectónico, sino como territorio de lucha: en sus stories mostró su participación en Ni una Menos así como en las marchas por la legalización del aborto. Árboles con pañuelos verdes, mujeres en las calles, afiches del 8M. Utiliza sus plataformas para dar voz a este movimiento. El 30 de diciembre de 2020, el día de la legalización del aborto en Argentina escribió en su Instagram, debajo de una foto suya con pañuelo verde: “Poder contar a mis hijos (y nietos) que elegí tener que formé parte de esta lucha hermosa e histórica me da mucha alegría. Hoy somos un poco más libres y un poco más avanzados. Gracias Argentina por ser la gran noticia titular de todos los diarios del mundo por algo que enorgullece”. En su feed se ven también fotos rescatadas de los ‘70 de mujeres clave de la cultura argentina: desde María Kodama a Carmen Teresa Araya, colectivera.


Alfonsina Storni, una mujer paseante del siglo XX

Si bien Arlt no presentaba esta mirada de género, hay algo en su lente que resuena en el punto de vista de Bell. Para Arlt, la ciudad no es lo que se muestra de ella, sino un “un escenario grotesco y espantosos donde, como en los cartones de Goya, los endemoniados, los ahorcados los embrujados, los enloquecidos, danzan su Zarabanda infernal”. Una ciudad de mezcla, babélica, amenazante, marginal, mítica y proletaria. Las calles son “estrechas”, “oscuras”, a veces siniestras, semejantes a “los territorios de la novela”.

Mural dedicado al autor en el barrio de Boedo
Mural dedicado al autor en el barrio de Boedo

Arlt revelaba lo feo oculto tras lo bello, @cremedelacremeba opera una alquimia inversa, muestra lo bello de lo feo y estetiza la decadencia a la vez que resignifica la extranjería en una segunda operación: lo ve todo desde la mirada ajena, pero que busca estar dentro para mostrarla a quienes están afuera. “Me gusta la idea de embellecer lo feo de los paisajes urbanos. Poder hacer un record de ciertos aspectos de la ciudad que quizás con el tiempo y la modernización están en peligro de desaparecer, los cafés de vieja escuela, los lobbies etc”, dice Bell en una entrevista en La Nación.

Vanessa suele fotografiar edificios venidos a menos resaltando la textura del hormigón visto, las sombras geométricas que proyectan sobre la vereda y la escala inhumana que los hace ver como naves espaciales aterrizadas en Buenos Aires. En plano detalle resalta las venecitas gastadas del frente de una casa. La entrada de un estacionamiento clásico del centro se ve geométrica y con sus colores pastel resaltados. Los mosaicos rosas del interior de una verdulería desordenada son el fondo de una composición perfecta.


El detalle y los personajes

De caminar la ciudad, Vanessa encontró el encanto en los detalles más extraños: llamadores de puerta de lo más excéntricos —como una palanca de auto—, halls de edificios geométricos, coloridos, y comparables a una obra de arte, porteros de edificios circulares, metálicos, dorados y de formas impensadas en edificios de Caballito, rejas geométricamente originales, un cartel detrás de los colectivos que dice “Don’t Dream it over”, dibujos hechos con venecitas, líneas de colores, la persiana metálica de un local que está por cerrar en Once, techos amarillos y triangulares, puertas con los bordes redondeados, una casa-castillo en Lomas del Mirador, puertas “torcidas”. También tienen su protagonismo los “porteños” almorzando en una mesa mínima de caños en una galería congelada en el tiempo, un señor sentado en una silla plegable fumando en frente de un quiosco de revistas. La lente de Bell mira a través de los vidrios esmerilados, utiliza su reflejo. Las servilletas clásicas de bar —esas que no limpian— se vuelven protagonistas en una mesa retro que parece flotar en el reflejo de los autos. Bell rescata lo lento, lo analógico y lo oculto en su mirada.           

Hay un placer similar por congelar lo que está condenado a desaparecer en la aguafuerte “Taller de compostura de muñecas”. El autor de El juguete rabioso detiene su deambular en  “escaparate” y ve un oficio que sabe que es muy difícil de encontrar. Una crónica a través del vidrio empañado. En “Molinos de viento en Flores”, un barrio muy frecuentado por Bell, Arlt hace una descripción de una hallazgo entre dos chalets digna de @cremedelacremeba. El cronista evoca con nostalgia el “Flores de antes” y condena el paso del tiempo: “Hoy callejeando por Flores en­tre dos cha­lets de es­ti­lo co­lo­nial, tras de una ta­pia, en un te­rre­no pro­fun­do, eri­za­do de ci­na­ci­nas, he vis­to un mo­li­no de vien­to des­mo­cha­do. Uno de esos mo­li­nos de vien­to an­ti­guos, de re­cia ar­ma­zón de hie­rro oxi­da­da pro­fun­da­men­te. Al­gu­nas pa­le­tas tor­ci­das col­ga­ban del en­gra­na­je ne­gro, allá arri­ba, co­mo la ca­be­za de un de­ca­pi­ta­do; y me que­dé pen­san­do tris­te­men­te en qué bo­ni­to de­bía de ha­ber si­do to­do eso ha­ce al­gu­nos años, cuan­do el agua de uso se re­co­gía del po­zo. ¡Cuán­tos han pa­sa­do des­de en­ton­ces! Flo­res, el Flo­res de las quin­tas, de las enor­mes quin­tas so­la­rie­gas, va de­sa­pa­re­cien­do día tras día”. Se trata de una “joya de Buenos Aires” que Bell tranquilamente hubiera fotografiado.       

  


Arlt se detiene en estos elementos mínimos que revelan la intimidad del barrio y sus personajes reales: “El hombre que está sentado en el umbral de su casa... mira el paso de los transeúntes con una fijeza de vaca que ve pasar un tren”, el mozo del café de barrio con el uniforme impecable, la señora con tapado de piel en una parada de colectivo, los vigilantes, canillitas, actrices, porteros, mensajeros etc. Y por qué no, la personificación de un objeto se vuelve protagonista en “Silla en la vereda” para representar el espíritu de los barrios porteños que, según Arlt, todos llevamos dentro: “Silla donde se eterniza el cansancio de verano; silla que hace rueda con otras; silla que obliga al transeúnte a bajar a la calle, mientras la señora exclama ‘Pero hija ocupás toda la vereda”; “Tenga cuidado con la silla. Es agarradora, fina”.           

Alfonsina usa el detalle insignificante de la moda para desenmascarar lo social y romper con el mito de la perfección de las mujeres. Como Arlt, recurre a la personificación para representar en un zapato, todo un prejuicio e imperativo sobre las mujeres: “transportan esos zapatos a sus dueñas, dos o tres veces a lo largo de la calle Florida”, dice en “Las crepusculares”. “Los pies de aquellas son una especie de extendida epidemia en marrón, en azul o en topo: los zapatos se han enfermado de estos tres colores”. Además este calzado marca las clases sociales: “De vez en cuando un tosco zapato se mezcla entre ellos pero comprendiendo pronto su democracia zapateril, va a ocultarse humildemente a un rincón de la sala”.


La silla en la vereda

Los detalles de Buenos Aires no son fáciles de atrapar. La ciudad solo existe si se está dispuesto a detenerse en ella, a sucumbir a la silla en la vereda que describe Arlt. Vanessa Bell parece estar sentada allí hace mucho tiempo, resistiendo al automatismo de los tiempos que corren. Aunque cambien los soportes, la pulsión por descubrir "el universo encerrado en las calles" sigue siendo el único modo de mantener viva la verdadera identidad porteña, esa que Arlt quiso definir y Storni reclamó como un territorio propio para la mujer que pasea.


 

Bibliografía consultada

 

ARLT, Roberto. “Taller de compostura de muñecas”, “Molinos de viento en Flores”, “Silla en la vereda”, “El placer de vagabundear” en  Aguafuertes porteñas.

 

JUÁREZ, Laura. “ Una ciudad que estalla” en Caras y caretas, 2020 (https://carasycaretas.org.ar/2020/04/06/una-ciudad-que-estalla/).

 

SAÍTTA Sylvia, “Roberto Arlt y las nuevas formas periodísticas”, Cuadernos Hispanoamericanos.

Storni, Alfonsina. “Las crepusculares”,, “Feminidades”, “La perfecta dactilógrafa”, “La costurerita a domicilio”, “La normalista” (1919-1920) en Escritos. Imágenes de género.

 

MÉNDEZ, Mariela; QUEIROLO, Graciela; SALOMONE, Alicia, “Prólogo” a Alfonsina Storni, Un libro quemado, Buenos Aires, Excursiones, 2014.

 

DIZ, Tania. “Alfonsina Storni: feminidades insurgentes” en Escritos. Imágenes de género, Eduvim, Córdoba, Argentina, 2014.

Comentarios


¡Gracias por suscribirte! Todos los meses vas a recibir tu número totalmente gratuito

ISSN 2718-7543

© 2025 por Ulrica. Proudly created with Wix.com

bottom of page