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Un Borges personal

  • Foto del escritor: Ulrica Revista
    Ulrica Revista
  • hace 6 horas
  • 5 min de lectura

En su nuevo libro Martín Kohan nos invita a encontrarnos con sus lecturas y relecturas de la obra y la figura del gran autor argentino.


Por Juan Francisco Baroffio



Siempre parece que queda algo por decir sobre Jorge Luis Borges. Este año se cumplen 40 años de su fallecimiento y se multiplican los homenajes, las conferencias, los artículos y los libros. Desde esta revista, incluso, estamos llevando adelante el proyecto Borges 40 para celebrarlo. Y sin embargo siempre parece que hay algo nuevo para decir sobre el autor de El Aleph.

Es cierto, como dice la popular frase de Mirtha Legrand, que el público siempre se renueva. Pero Borges y su universo no parecen prontos a agotarse. Incluso podríamos decir que nos empeñamos en contradecir su opinión de que todos estamos destinados al olvido. A él no lo podemos olvidar, aunque consideraba una suerte de bálsamo el ser olvidado, borrado de la memoria humana, y que su obra se leyese como si fueran de un autor anónimo, al corte de sus amadas sagas nórdicas.

Pero la memoria de Borges y su obra no tiene tanto que ver con los académicos y los críticos. Borges descreía de esos juicios. Los lectores son los que mantienen y mutan el mito. Porque uno de los secretos de Borges para volverse un clásico casi instantáneo es que con cada lectura se renueva. Cada lector crea y derriba un mito borgesiano.

Martín Kohan, nombre asociado instantáneamente al autor fallecido en 1986, acaba de publicar Lo que entiendo por Borges (Godot, 2026), que recopila ensayos breves (algunos ya publicados). En ese libro nos ofrece su mirada única sobre el mito más literario de la Argentina. "Cuando digo Borges pienso en esa figura que la imaginación argentina ha compuesto y ha fijado en ese nombre". Ese Borges personal construye, no obstante, un Borges colectivo, total. Y nos dice Kohan desde las páginas de su nuevo libro, su Borges también se alimenta de ese mito mutable y colectivo: "Es decir, no ya lo que Borges dio a leer, o no solo lo que dio a leer, sino también, y sobre todo, lo mucho que dio a escribir".

Conversamos con el autor, para conocer más a fondo sobre su libro y su Borges personal.


ULRICA: Borges sigue siendo una figura central, pero también muy citada y a veces cristalizada. Tu libro, sin embargo, nos muestra que es posible una lectura por fuera de lo ya dicho ¿Cómo se lo puede leer hoy sin repetir lugares comunes?

MARTÍN KOHAN: Es que leer consiste más que nada en eso, ¿no?: en no repetir lugares comunes, es decir, esos sentidos que ya se cristalizaron;  en todo caso, revisarlos o hacerlos a un lado, a ver qué otra cosa aparece. Vale para cualquier texto, vale para cualquier literatura, pero especialmente para Borges, que padeció acaso más que otros la fijación de lugares comunes, los estereotipos de "lo borgeano". Me alegra saber que te parece que logré leer a Borges por fuera de lo ya dicho, aunque para eso hay que necesariamente hacerlo a partir de lo ya dicho.


U: Su figura genera admiración, pero también discusiones, sobre todo en torno a su posición política. ¿En qué medida, eso también lo vuelve parte del sistema de ídolos argentinos?

MK: El problema no es que genere discusiones, que son siempre bienvenidas, sino reducciones o simplificaciones, que en cambio ya no tienen por qué serlo. Hay posiciones muy claras en Borges en cuanto a la política, muchas de ellas muy discutibles y muy discutidas. Lo que me resulta problemático es que puedan haber obturado ciertas zonas significativas de su literatura, que no se reducen a esos pronunciamientos políticos; o que lleven al desconocimiento de otras etapas de la vida de Borges, en las que sus posiciones fueron bien distintas a las más consabidas.


U: Muchos lectores llegan a Borges por sus ideas —el infinito, el tiempo, los laberintos—. ¿Qué crees que se pierde cuando se lo lee solo desde ese costado más “conceptual”?

MK: Está por un lado la limitación de toda lectura que se atenga solamente a "lo conceptual" y a las "ideas", como si la literatura se restringiese a eso; pero incluso en términos conceptuales, repetir una y otra vez el infinito, el tiempo, los laberintos (cabe agregar los espejos, etc.), aplana su literatura en una mera repetición de fórmulas. Es una manera de no leerlo, incluso si se lo lee (porque hay casos en los que la repetición de los tópicos borgeanos sirvió más que nada para exceptuarse de leerlo).


U: Más allá de los grandes temas, ¿qué importancia tiene el estilo en la obra de Borges?

MK: Los grandes temas, no menos que los pequeños, no existen, no podrían existir, por fuera de la forma (o el estilo). Porque la forma no es un aditamento o un ornamento que se agrega a los temas o a los contenidos, es lo que los constituye.


U: ¿Qué zonas de la obra de Borges te parecen hoy menos exploradas o más interesantes para revisitar?

MK: No lo sé. Pero hay grandes textos críticos sobre Borges (rápidamente, y en una enumeración muy incompleta, los de Sylvia Molloy, Beatriz Sarlo, Enrique Pezzoni en las clases, Julio Premat, Alan Pauls). En esos textos hay varias respuestas a tu pregunta.


Ph. Héctor Piastri
Ph. Héctor Piastri

U: En la presentación del libro hablaste de tu particular gusto por el cuento Emma Zunz. Incluso bromeaste con que si te invitaran a hablar sobre petróleo, buscarías la forma de meter el cuento. ¿Qué encontrás vos en ese cuento?

MK: Si te anotás en el curso sobre el petróleo, cuando lleguemos a la clase sobre Emma Zunz, lo vas a ver (risas).  Di muchas veces Emma Zunz en clase, y siempre aparecen cosas nuevas; no sólo porque eso es lo propio de cualquier lectura con cualquier texto al que se vuelve, sino porque eso me pasa especialmente con Borges y con ese cuento. Y además porque una clase no consiste en la transmisión unidireccional de las ideas del docente, como pretenden hoy en día, incluso desde el poder del Estado, los enemigos declarados de la educación; la condición activa de los estudiantes (por eso los agradecimientos que puse en Lo que entiendo por Borges) tiene que ver con esa posibilidad de volver a Emma Zunz y que nunca se lea exactamente lo mismo.


U: En tu libro hablás de lo que vos entendés por Borges. Pero también de que esa lectura tuya se construye con lecturas de otros. ¿Cuál crees que fue el mayor cambio en tu Borges personal a lo largo de los años?

MK: Cuando tenía veinte años, cursé por primera vez con Beatriz Sarlo; al ocuparse de Borges, trabajó especialmente con los textos más tempranos, textos que él mismo había descartado o en las versiones que él mismo había descartado. Fue, entre otras cosas, un aprendizaje de cómo desarmar lugares comunes y cristalizaciones prefijadas.


U: Para terminar, nuestra pregunta de rigor: ¿Qué libros tenés en la mesita de luz?

MK: Uno que acabo de comprar y ya me dispongo a leer: Ironías de la historia de Isaac Deutscher.



Este artículo forma parte del proyecto Borges 40 con el que Ulrica se propone

homenajear, todo el 2026, al gran autor argentino.

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