• Ulrica Revista

Separar

Actualizado: sep 10

A modo de editorial.


Año I - N°12 - Junio 2021


En estos tiempos de revisión de los paradigmas culturales que, en general, rigen a las sociedades, cada vez más se ponen en tela de juicio a personajes célebres. Basta cierta notoriedad pública para estar bajo constante escrutinio. La inmediatez de las redes sociales y la diversidad de los medios de comunicación, hacen que prácticamente no existan recovecos de privacidad. Lo que antes hubiese sido un secreto vergonzante de una celebridad, hoy es gritado a los cuatro vientos. Los escritores no escapan a este fenómeno.

En los últimos años hemos visto cuestionamientos a diversos autores por haber expresado opiniones que van en contra de ciertos consensos de las mayorías. Algo que en otro tiempo hubiese dado pátina de trasgresor o de enfant terrible hoy puede significar la cancelación del autor o su obra. En otros casos son cuestiones relacionadas a la comisión de delitos los que se exponen a la luz. También son numerosos estos casos de autores, vivos o muertos, que en los últimos años han recibido la condena del tribunal de la opinión pública.

Los lectores, especializados y de a pie, se ven posicionados frente a nuevas disyuntivas. O, en realidad, eso creen. El debate sobre si se puede separar al autor de la obra es añoso. No es la primera vez en la historia en que una condena a un escritor trae aparejada la de su creación. En otros tiempos, si un autor era enviado a la hoguera, sus escritos lo seguían. Hoy, solo se cambia el fuego por los caracteres.

El problema que hoy enfrentan los lectores de autores condenados también es similar al de otros tiempos. El que sigue a un hereje, participa de la herejía. Es evidente que la cuestión es compleja. Muchas veces nuestro gusto personal debe verse en pugna con nuestros valores morales, estéticos, ideológicos. Es probable que haya más de un autor a quién no quisiéramos imitar en su vida privada pero del que disfrutamos su obra escrita.

Tal vez la cuestión a resolver por los lectores no tenga tanto que ver con la secesión de autor y obra. Tal vez la reflexión debería estar centrada en por qué no somos capaces de respetarnos los unos a los otros.

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