• Ulrica Revista

Relevancia

A modo de editorial.


Nuevamente se entregó el Premio Nobel de Literatura. Más allá sobre ciertas polémicas que se alzaron en torno a su ganador, el tanzano británico Abdulrazark Gurnah, vuelve a resurgir, como todos los años, la pregunta sobre qué lugar ocupa ese galardón entre los lectores de hoy en día.

Durante décadas, el premio fue considerado el pináculo de la literatura. Recibir la medalla de manos del rey de Suecia implicaba una suerte de canonización literaria en vida, tanto para el homenajeado como para su país. Pero las listas de las figuras omitidas, por diversas cuestiones, casi secretas, es tan larga y prestigiosa como la de los ganadores.

También es para destacar que muchos de los ganadores hoy, prácticamente, son ignotos para lectores y académicos. Su obra no ha podido resistir el abrumador paso de los años y las arenas del tiempo enterraron al escritor, a los libros y a la medalla con el perfil de Alfred Nobel.

Es probable que los miembros del comité organizador, la prensa, el mundo editorial, los escritores, los lectores y demás hayan contribuido a elevar a un premio a la categoría olímpica. Pero lo cierto es que no deja de ser un galardón entregado por humanos. Y por más bien intencionados y cultos que sean, son seres situados y finitos. No han podido escapar a los dictámenes y valores de su época. Tampoco han podido, ni antes ni ahora, acceder a toda la producción literaria que se esconde en cada país del globo. Como toda institución humana, no está exenta de errores, distracciones, prejuicios.

En estos tiempos donde se cuestiona todo, el famoso galardón ha perdido un poco de su brillo. Hoy puede ser aprovechado porque da la oportunidad de descubrir la literatura de los galardonados. Es un buen ejercicio decidir por nosotros mismos, simples lectores, si nos agrada o no un libro más allá de las medallas. Tal vez no habría que exigirle tanto a un premio.

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