• Ulrica Revista

Lou Andreas-Salomé, ni musa ni discípula

Por María Magdalena

@petitemagdalena


Ilustra Mirabella Stoor

@mirabellastoor

Lou Andreas-Salomé, escritora y psicoanalista rusa, nació en San Petersburgo en 1861. Fue una mujer atrevida: en su pensamiento, en sus escritos, en su vida. De ella, sin embargo, persiste la mística que se creó alrededor de las relaciones que mantuvo con hombres célebres –Nietzsche, Freud, Rilke–.

Su amplia y diversa obra, sobre todo la narrativa, ha permanecido en las sombras; desconocida, o inhallable, o sin traducción.

A los 17 años comenzó sus estudios de teología, filosofía, religión y literatura. Luego viajó a Zurich para asistir a la universidad; Suiza era el único país de habla germana donde las mujeres podían cursar una carrera universitaria. En 1885 publicó su primer libro: En la lucha por Dios, con el seudónimo de Henry Lou.

Su obra incluye poesía, quince novelas, una autobiografía –Mirada retrospectiva, publicada de forma póstuma en 1951– y diversos ensayos, entre ellos Personajes femeninos de Henrik Ibsen (1892), Friedrich Nietzsche en sus obras (1894) y Rainer Maria Rilke (1928).

Como psicoanalista, participó del Círculo de Psicoanalistas de Viena, ejerció su práctica en Alemania y escribió numerosos artículos sobre el narcisismo y la sexualidad femenina, destacándose El erotismo (1910).

En 1898 publicó dos relatos: Fenitschka y Un desvío. En estos textos se aproxima a conceptos que más tarde serán fundamentales para el psicoanálisis: los sueños y el inconsciente, la pulsión y el goce. También son exponentes de uno de los movimientos feministas que surgía a finales del siglo XIX: las mujeres que retrata se debaten entre el amor romántico –abnegado, sacrificial, servil; o como ella misma escribe: «algo más oscuro, más pulsional, más siniestro»– heredado de largas generaciones, y otro tipo de amor que logran vislumbrar contra todo mandato; aquel que les permitiría una vida libre, creativa, propia. Lou, al igual que sus protagonistas, no se resignó a quedar atrapada en esa «larga cadena de sumisiones».

Ni musa ni discípula, ni amante ni esposa: una escritora aguda y sensible que logra capturar y retratar lo que bulle en los lazos amorosos de su época; una mujer que intuye el desvío como gesto de atrevimiento necesario para producir una nueva vida y un nuevo lenguaje.

Murió en Gotinga, Alemania, en 1937. Al poco tiempo, la Gestapo confiscó y quemó su biblioteca.




(Buenos Aires - Argentina) María Magdalena nació en Buenos Aires, 1984. Poeta y escritora. Psicoanalista. Editora en Las furias. Publicó los libros de poesía Spleen (2013, Letra Viva), Los nombres del padre (2016, Buenos Aires Poetry), la plaquette artesanal La pequeña muerte (2015), Continente negro (2018, Alción editora; 2021, el diván negro –México–), el ensayo La perfecta desnudez. Conversaciones desde Alejandra Pizarnik (2018, Letra Viva) en co-autoría con Javier Galarza y Leonardo Leibson y Diario de la errancia. Elogio del viaje (2020, La Docta Ignorancia).

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