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George Eliot, la victoriana oculta

Por Laura Linero


Ilustra Mirabella Stoor

George Eliot nació como Mary Anne Evans en 1819 en la localidad de Nuneaton. Su padre, un agente inmobiliario rural, decidió proporcionarle una sólida educación en lenguas modernas, música y literatura clásica, y también le inculcó un profundo sentimiento religioso. Uno de sus primeros trabajos literarios fue la traducción de La vida de Jesús de Strauss en 1846.

En 1852, cuando se encontraba trabajando como editora asistente en el Westminster Review, un periódico que se dedicaba a la literatura y la filosofía, conoció a George Henry Lewes, un multifacético actor, filósofo, biólogo, crítico y novelista. La conexión emocional e intelectual fue inmediata; pero George estaba infelizmente casado, y la única forma en que podían estar juntos era convivir sin la bendición legal y religiosa del matrimonio. Por supuesto, en la sociedad victoriana, con sus códigos morales inflexibles, esa decisión implicaba renunciar a cualquier lugar en la vida social, e incluso el rechazo familiar. Marian Lewes, como eligió llamarse Mary desde aquel entonces, se mudó con su pareja a Alemania, y mantuvieron una intensa vida intelectual y una convivencia genuinamente feliz hasta la muerte de George en 1878. En 1880 se casó con John Walter Cross, un amigo cercano y veinte años menor que ella, pero tras su luna de miel, Marian falleció en diciembre de ese año.

Fue bajo los auspicios de su concubino, George Lewes, que Marian decidió incursionar en la escritura de ficción. En 1857 le mostró un cuento que había escrito, La triste fortuna del Reverendo Amos Barton, y George la alentó a componer una serie de relatos con el mismo tema que fueron publicados en la revista Blackwood y luego compilados en un volumen bajo el título Escenas de la vida clerical, y firmados por George Eliot. El uso del seudónimo masculino era un rasgo de época (recordemos que Jane Austen publicaba anónimamente y las hermanas Brontë también lo hacían con nombres masculinos) que le valió a Marian varios dolores de cabeza, como que algunos escritores varones se atribuyeran su trabajo. Sin embargo, el nombre de George Eliot pronto encontró lugar entre los novelistas victorianos más prominentes. La publicación de sus novelas Adam Bede (1859), El molino sobre el Floss (1860), y Silas Marner (1861) le valió un enorme éxito comercial y crítico, pero fue su obra maestra, Middlemarch, publicada entre 1871 y 1872, la que cimentó su reputación.

En Middlemarch la preocupación de Marian por los dilemas morales y religiosos alcanzó un pináculo. La novela captura los grandes cambios sociales y políticos que tuvieron lugar en Inglaterra en la década de 1830 a través de las historias de Dorothea Brooke, una mujer inteligente y comprometida que hace una mala elección matrimonial, y de Tertius Lydgate, un joven médico que también está infelizmente casado con una mujer superficial y derrochadora. La trama de la novela es extensa y compleja, e involucra personajes de todas las clases sociales de la ciudad ficticia de provincias que le da nombre. Pero sobre todo es un estudio minucioso de la moralidad de sus personajes, y de las consecuencias espirituales de las decisiones que han tomado en sus vidas. Marian, en una carta a su editor John Blackwood, dijo de su obra que ella escribía «acerca de seres humanos mezclados de tal forma de convocar juicios tolerantes, lástima y empatía. Y no puedo desviarme un paso de lo que creo que es verdadero en un personaje».

En el siglo XX, la figura de George Eliot fue fuertemente reivindicada por críticos como F. R. Leavis, que destaca su «actitud radicalmente reverente hacia la vida, una seriedad profunda del tipo que constituye la primera condición de cualquier inteligencia real, y un interés en la naturaleza humana que la hizo una gran psicóloga». Su historia de ficción gótica El velo alzado le ha valido la atención crítica de Rosemary Jackson en su libro Fantasía (1981), y de Sandra Gilbert y Susan Gubar que le dedicaron un capítulo entero de su clásico volumen de crítica feminista sobre escritoras decimonónicas, La loca del desván (1979). La importancia de su contribución al desarrollo de la literatura victoriana es insoslayable.


 

(Buenos Aires - Argentina) Laura Linero es profesora de inglés egresada del ISP Joaquín V. González, donde se especializó también en Literatura Estadounidense. Cursó estudios de Letras en la UBA y actualmente está realizando una maestría en esa institución. Se desempeña como docente de literatura en lengua inglesa en nivel secundario y terciario, y realiza actividades de difusión literaria a través de su cuenta de Instagram

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