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Hamnet, el mártir silencioso que nos ayudó a pensar

  • Foto del escritor: Ulrica Revista
    Ulrica Revista
  • hace 5 horas
  • 3 Min. de lectura

Este 5 de febrero se entrena en cines de Argentina Hamnet (Universal Pictures), la película dirigida por Chloé Zhao que adapta el libro homónimo de Maggie O'Farrell. Una buena excusa para leer la gran novela de la autora británica y, de paso (¿por qué no?), volver a leer Hamlet para entender cómo su figura cambió para siempre el mundo de la literatura y más.


Por Gisela Paggi


Ph: Universal Pictures
Ph: Universal Pictures

«Después de Jesús, Hamlet es la figura más citada en la conciencia occidental; nadie le reza, pero tampoco nadie lo rehúye por mucho tiempo», dice Harold Bloom. Y yo me puse a pensar (luego de ver, en una función especial, la adaptación cinematográfica de Hamnet)  que quizá la tragedia más grande de la literatura fuera de alguna manera un exorcismo y un intento por darle la inmortalidad a alguien murió.

La película de Zhao se centra en la figura de Agnes (o Anne) Hathaway, esposa de William Shakespeare y madre del pequeño Hamnet. Las variaciones en los nombres tienen su razón de ser y muy bien lo aclara O’Farrell ya en una nota al inicio de su libro: «Hamnet y Hamlet son en realidad dos formas perfectamente intercambiables de un mismo nombre, según consta en los anales de Stratford de finales del siglo XVI y principios del XVII» citando a Steven Greenblatt en The death of Hamnet and the making of Hamlet publicado en New York Review of Books el 21 de octubre de 2004.

Jessie Buckley está nominada a Mejor Actriz Protagonista por su interpretación de Agnes en Hamnet. Ph.: Universal Pictures
Jessie Buckley está nominada a Mejor Actriz Protagonista por su interpretación de Agnes en Hamnet. Ph.: Universal Pictures

Y esto era porque, en la Inglaterra isabelina, la ortografía era un territorio fluido. Por eso se puede ver, por ejemplo, que el propio Shakespeare firmaba con diversas alteraciones sobre su nombre. Y en este sentido Hamnet y Hamlet eran, en esencia, el mismo nombre también. La crónica nos dice que en 1596, Shakespeare perdió a su único hijo varón, Hamnet, de solo once años. Y que cuatro años después, entregó al mundo Hamlet. Por eso quizás podríamos decir que Hamlet es el acto de duelo más complejo de la historia.

Pero, ahora bien, ¿dónde termina el hijo muerto y dónde empieza el príncipe de Dinamarca? La leyenda de este príncipe de Dinamarca ya existía en la tradición medieval pero existen varias versiones ya en la literatura escandinava y en la latina lo que nos habla de su probable origen indoeuropeo.

En el siglo XII, Saxo Grammaticus escribe la historia de Amleth en la Gesta Danorum pero la principal fuente para el Hamlet de Shakespeare parece haber sido Ur-Hamlet, una obra de teatro perdida que se representó hacia 1587.

Pero retomando a Harold Bloom, en La invención de lo humano, nos dice que Shakespeare no solo escribió teatro: inventó nuestra forma de ser. Y el ejemplo más cabal de esto es Hamlet que es el «intelecto absoluto» según Bloom. Cuando todos escribían personajes planos, que nacían y morían, que eran simples arquetipos; Shakespeare inventó personajes que se escuchan a sí mismos hablar, reflexionan sobre sus propias palabras y, como consecuencia, cambian y se desarrollan. Bloom dice que, en cierta forma, nosotros aprendimos a ser humanos (a tener ambivalencias, dudas existenciales y mundos internos complejos) porque Shakespeare nos dio el lenguaje y el modelo psicológico para hacerlo.


Paul Mescal en Hamnet. Ph.: Universal Pictures
Paul Mescal en Hamnet. Ph.: Universal Pictures

Y a eso hay que sumarle que Hamlet es un personaje que es demasiado grande para su propia trama. Él se escucha a sí mismo hablar, y al hacerlo, su conciencia se expande hasta el infinito. Pero Bloom olvida (o quizá omite) que esa expansión de la conciencia nace de una herida biográfica por parte de su creador.

En español, la novela fue publicada por Libros del Asteroide.
En español, la novela fue publicada por Libros del Asteroide.

​ Lo que Maggie O’Farrell hace en su novela, y Zhao captura muy bien, es devolverle el cuerpo a la sombra. Mientras Bloom se enfoca en el Hamlet que es puro pensamiento, Hamnet se enfoca en el Hamlet que fue pura pérdida. La película recoge el guante a la novela y nos invita a poner atención a cómo el dolor de una madre y el silencio aparente de un padre transmutaron la peste negra en literatura inmortal.

Para Bloom, la muerte de Hamlet no es una tragedia tradicional, sino una apoteosis y sugirió leer la obra como si el príncipe Hamlet fuera un dios mortal en una obra inmortal. Si Bloom tiene razón entonces el pequeño Hamnet fue un mártir silencioso. Al final Shakespeare le dio a su hijo el nombre del príncipe que nunca dejará de existir. Porque en el arte, el nombre es lo único que la muerte no puede tocar.



Hamnet se estrena en cines argentinos el próximo jueves 5 de febrero y actualmente se encuentra nominada a 8 Premios Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección (Chloé Zhao), Mejor Actriz Protagonista (Jessie Buckley) y Mejor Actor de Reparto (Paul Mescal).


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