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La Ășltima gran biblioteca de autor

  • Foto del escritor: Ulrica Revista
    Ulrica Revista
  • 26 ene
  • 7 min de lectura

Tras años de trabajo, la colección formada por la biblioteca personal de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares ya se encuentra disponible para consulta y enriquece el patrimonio de la Biblioteca Nacional "Mariano Moreno".


Por Gisela Paggi


Ya es famosa aquella frase de Jorge Luis Borges en que decĂ­a que imaginaba que el paraĂ­so serĂ­a algĂșn tipo de biblioteca. QuizĂĄs no debamos pensar, solamente, en la gigantesca colecciĂłn de libros de la Biblioteca Nacional como ParaĂ­so de Borges. Es probable que tambiĂ©n viniera a su mente otra biblioteca que consultaba asiduamente y en la que encontrĂł literatura y mucho mĂĄs: la que construyeron, a lo largo de varias dĂ©cadas de historia familiar y matrimonial, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Una biblioteca que reflejĂł a sus dueños, que se posicionaron en el centro de la escena intelectual y cultural de la Argentina del siglo XX pero que, ademĂĄs, fueron grandes lectores.

De esos libros se nutrĂ­a tambiĂ©n Borges. Y en largas veladas de charlas literarias y chismes escandalosos, en eso que Chitarroni llamĂł “la ceremonia del desdĂ©n”, se dio una trinidad que compartiĂł muchas horas de lecturas. Ese cruce humorĂ­stico, sobre todo entre Bioy y Borges, se observa, por ejemplo, en un ejemplar de James Joyce con una larga marginalia donde ambos desplegaron todo ese ĂĄcido sentido del humor que fue uno de los sedimentos de medio siglo de amistad. Ese ejemplar hoy, como toda la biblioteca que perteneciĂł al matrimonio de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, estĂĄ al resguardo de la Biblioteca Nacional y fue presentado y puesto a disposiciĂłn para el pĂșblico luego de un titĂĄnico trabajo de GermĂĄn Álvarez y Laura Rosato.

Germån Álvarez habló con Ulrica Revista y nos mostró una serie de ejemplares que ejemplifican muy bien la red que se tejió en torno a ellos: «Esta biblioteca es un laboratorio de literatura y escritura en colaboración. Se trata de ejemplares de relación porque permiten reconstruir las relaciones a partir de la biblioteca. Habla de los åmbitos literarios de la época, con sus proximidades y tensiones, incluso, que se pueden restablecer a partir de las dedicatorias».

La historia de cĂłmo esta biblioteca, la que segĂșn Álvarez es la Ășltima gran biblioteca de autor de la Argentina, pasĂł por muchos periplos hasta encontrar su lugar en la Biblioteca Nacional: «La historia comienza en el 2013, durante la gestiĂłn de Horacio GonzĂĄlez cuando llega Ernesto Montequin con el rumor de que la biblioteca de Bioy Casares llevaba mucho tiempo en venta y Ă©l querĂ­a que se quedara completa en Buenos Aires y asĂ­ guardar la testamentaria de Bioy quien habĂ­a manifestado en vida que lo Ășltimo que le quedaba era su biblioteca, su Ășltimo recurso, y que su deseo era donarla a la Biblioteca Nacional». 

Las cosas cambian cuando el autor reconoce a un hijo extramatrimonial, Fabiån Bioy Casares. Allí Bioy cambia su percepción y, a su muerte, comienzan los problemas por su herencia y la biblioteca que había dejado comienza un derrotero de muchos años. Ordenemos la secuencia.

Bioy muere en el año 1999; Silvina, en 1993. Ya habĂ­a muerto tambiĂ©n la hija de ambos, Marta, en 1994. A la desapariciĂłn de Bioy, algunas piezas son retiradas de la colecciĂłn y vendidas a Europa. Finalmente en el año 2003, el librero anticuario y amigo de Bioy, Alberto Casares, se encarga de hacer un ordenamiento de los ejemplares: «Se hace un reordenamiento en 330 cajas para repartir en 10 personas que eran, en total, los herederos. Un ordenamiento equitativo segĂșn Casares. De toda esa numeraciĂłn, la caja 26 era especial (caja dividida en 10 lotes). AllĂ­ estaban los materiales especiales y de mayor valor (libros raros, plaquettes, cĂ©dulas reales, primeras ediciones). De esta manera, cada uno de los herederos recibĂ­a una parte de esa caja 26 y el resto se sorteaba». 

El trabajo de distribución en cajas estaba hecho provisoriamente ya que se pensaba que råpidamente la biblioteca podría ser dividida. Cosa que no sucedió. La herencia se trabó. Y finalmente la colección terminó estando mås de diez años en cajas que no eran aptas para la conservación de los ejemplares.

Fue en el año 2013 cuando Rosato y Álvarez entran en contacto con Ernesto Montequin, albacea y custodio de las obras del célebre matrimonio, y visitan el depósito donde se encontraban las 330 cajas. Abrieron algunas al azar para tomar una muestra representativa: «Allí se pudo ver que era una biblioteca muy amplia y familiar. Al contener también los libros de la familia Bioy, se pudo ver que esta colección también era un espejo de las bibliotecas de la élite argentina, con mucha literatura universal en francés, textos de derecho y política internacional, y una gran cantidad de ephemera que representaba el estilo de vida de las clases altas de esa época, ademås de una gran cantidad de documentos históricos que pertenecieron a la herencia familiar». 

En la parte de la biblioteca que construyeron Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, encontraron ejemplares que claramente no eran de un matrimonio de bibliófilos, sino de lectores. Los libros no estaban impolutos, tenían el desgaste lógico del tiempo y del uso pero, ademås, se le sumaban las malas condiciones propias de un subsuelo en el Microcentro porteño, con humedad y plagas. Pudieron, en ese primer buceo, encontrar libros que iban desde la etapa iniciåtica de Bioy como estudiante (como libros de su fallida carrera de Derecho), hasta aquella que lo representaba como lector y escritor, la que reflejaba sus intereses, la que compartía con Borges (mucha literatura, diarios literarios, biografías de autores clåsicos, ålbumes de fotografía, cartas, programas de teatro y de cine y, ademås, guías y folletos que permitirían construir un diario de sus viajes por Europa). «La biblioteca era el monumento de la vida de Bioy», nos dice Álvarez.

En la parte de Silvina Ocampo encontraron una gran cantidad de libros infantiles (que pertenecieron a ella y a sus hermanas) y una importantísima colección de folletos franceses de las vanguardias europeas. También libros que reflejaban la faceta artística de Silvina y una gran cantidad de libros de relación que dialogaban con otras colecciones, como la de Alejandra Pizarnik.


Finalmente, Álvarez y Rosato, presentan un informe a la Biblioteca Nacional, dirigida por Horacio Gonzålez (2005-2015) que les da todo su apoyo, pero el precio exigido por los herederos superaba, en mucho, las posibilidades de la institución. Se hace una contraoferta que los herederos rechazan.

Ya en la gestiĂłn de Alberto Manguel frente a la Biblioteca Nacional (2015-2018), los tenaces investigadores vuelven a acercar el proyecto. Rendirse no era una opciĂłn. Manguel ingenia un mecanismo de donaciones por parte de privados para realizar una oferta sin fondos pĂșblicos, el talĂłn de Aquiles de la cultura en Argentina. A la cabeza del equipo de recaudaciĂłn se encuentra VerĂłnica Viel Temperley quien entra en contacto con importantes familias, grandes compañías y bancos para convencerlos de la importancia que tenĂ­a que esta biblioteca monumento se quedara en Argentina, siendo que representaba mucho mĂĄs que la colecciĂłn de un autor: era una biblioteca familiar que, ademĂĄs, era una biblioteca de intercambio entre Bioy, Silvina y Borges.

Si bien no se llega al nĂșmero inicial pedido por los herederos (en realidad la suma es significativamente menor) con esos fondos se vuelve a hacer una contraoferta y aceptan. Finalmente la biblioteca comienza en el año 2016 su camino hacia Biblioteca Nacional.

La logística fue enorme y estuvo a cargo de Rosato y Álvarez: «Lo primero fue estabilizarlos, separar aquellos ejemplares afectados por plagas y en función a diferentes grados de necesidad de intervención. La colección ingresa a la Biblioteca en el año 2017 y aquí comenzó el proceso mås largo: el del tiempo del papel ya que no se podía catalogar la colección sin primero estabilizar cada uno de los materiales».

Y aquĂ­ Álvarez nos dice algo que creemos fundamental: «EstĂĄbamos convencidos de que necesitaba formar parte de la Biblioteca Nacional no solo por lo que significa la colecciĂłn para nuestro paĂ­s sino porque ninguna otra instituciĂłn se iba a poder hacer cargo del trabajo de recuperaciĂłn, con profesionales altamente calificados y con los recursos necesarios para poner estos libros a disposiciĂłn del pĂșblico». Al trabajo de restauraciĂłn y preservaciĂłn se sumĂł el de catalogaciĂłn con un amplio trabajo de marginalia. El proceso fue largo, arduo, de infinitas horas de trabajo. Pero el resultado habla, por sĂ­ mismo, del profesionalismo y pasiĂłn de los profesionales de la instituciĂłn. 

Finalmente, con todos los procesos técnicos terminados, la biblioteca Bioy Casares y Silvina Ocampo fue presentada en agosto de este año y ya se encuentra esperando, ansiosa, a investigadores de todo el mundo que quieran explorarla.

«Auspiciamos que en esta biblioteca se trabaje profundamente. Es infinita y esperamos equipos de trabajo que trabajen sobre la vida y la obra de los autores. Invitamos a pasantes, becarios y estudiantes de universidades del paĂ­s y del exterior a que vengan. Hay que provocarlos para que se acerquen y conozcan las fuentes. Ahora hay que abrirla para que se estudie, incluso desde el catĂĄlogo online que ya estĂĄ disponible en la web de la Biblioteca Nacional. Se salvĂł de algĂșn otro destino. Ahora estĂĄ abierta al pĂșblico y consultable».

Hoy sabemos que son mĂĄs de 17000 volĂșmenes los que conforman la colecciĂłn y que, ademĂĄs, la secciĂłn “Borges” dentro de ella era mucho mĂĄs importante que lo que imaginaban Rosato y Álvarez. Eso permitiĂł que se ampliara la colecciĂłn que la Biblioteca Nacional tenĂ­a dedicada a Jorge Luis Borges, de la cual forman parte de su acervo unos 800 libros. 

Ambas colecciones conforman el acervo principal del Centro de Estudios Borgeanos, de reciente inauguración, que tiene su sede en el edificio histórico de la Biblioteca Nacional (México 564 - CABA), que vio pasar a como directores a nada menos que a Paul Groussac y al mismo Borges. 

El Centro, dirigido por Álvarez y Rosato, tiene como misión conservar, acrecentar y difundir el patrimonio bibliogråfico y documental de la Biblioteca Nacional en relación a la obra y figura del gran escritor.



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