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"Gargantúa y Pantagruel": Hambre de saber

Por Gisela Paggi

@bibligigix




Antonio Tabucchi, en su libro Sueño de sueños nos trae a un ex fraile que llevaba siete días de ayuno porque, a pesar de haber abandonado los hábitos, aún respetaba las reglas de su vida conventual pasada. Acostado en su cama de ahora médico, entre delirios, soñaba con un gran banquete oficiado por un rey gigantesco y grotesco. La comida y el vino servidos eran exageradamente abundantes, obscenos: el hombre parece haber comido algo así como una sopa de cereales, dos ocas rellenas, un capón con aguardiente de ciruelas, una gallina de Guinea al roquefort, una salsa de sesos, un jabalí a la cazador y un solomillo de liebre relleno. Su anfitrión había comido lo mismo, pero multiplicado por diez. Al terminar, golpeaba su barriga y un eructo sonaba como un trueno. Eso despertaba al médico que toma de su cajón un pedazo de pan duro. Lo único que se permitía a la noche para romper el ayuno.

Sobre este mismo hombre se abrieron debates sobre la incredulidad del siglo XVI. Mijaíl Bajtín lo consideró el equivalente francés de Cervantes y Shakespeare. François Rabelais fue el padre de una obra inmensa sin imaginarlo: la escribió con la finalidad de traer algo de alegría a sus afligidos enfermos.

Y es que Rabelais, luego de su paso por la vida monacal, estudia medicina y se decide a ejercer como médico. Nunca abandona del todo la vida religiosa, más bien continúa activamente inmerso en ella. Pero su obra tan hermosamente controversial le valió una acusación de apostasía que llevaría a que, varios siglos después, más precisamente en el siglo XX, aún se debatiera sobre su ateísmo. Teóricos importantes se enfrentaron en su defensa y en su contra. Creyeron que en su obra se esconde el secreto sobre la veracidad de su fe. La realidad parecería ser que, solo en la soledad de sus pensamientos, radicó aquella verdad.

Pantaguel fue el primero en nacer. Rabelais había conocido una obra anónima llamada Las grandes e inestimables crónicas del gran gigante Gargantúa, un conjunto de relatos de origen artúrico y decidió narrar su propia versión sobre el hijo de Gargantúa. Por aquellos tiempos, utilizaba un seudónimo que era un anagrama de su nombre: Alcofribas Nacier.

El éxito de Pantagruel, publicado en 1532, lo llevó a escribirle a su amigo Erasmo de Rotterdam, exultante de felicidad. Y publica Gargantúa (es lo que hoy llamaríamos una precuela) en 1534.

Sin siquiera proponérselo, Rabelais con su obra abre un debate incesante en su época sobre la educación. Su pensamiento abiertamente humanista, lo transforma en un animal ávido de conocimiento. En este sentido será que trabe amistad con los grandes humanistas de su época. Cuando la Sorbona prohíbe el estudio del griego luego de que Erasmo comentara los Evangelios escritos originariamente en ese idioma, se le confiscan todos sus libros. Allí decide cambiar de orden monástica, de franciscano a benedictino, pero nunca logra atenerse a las reglas monacales y se seculariza para asistir a distintas universidades. Y este apasionamiento por el saber y el intelectualismo, lo plasma en su obra. Entre lo grotesco, lo escatológico, lo burlesco que tiene su obra (lo carnavalesco en boca de Bajtín), Rabelais querrá dejar testimonio de las prácticas educativas de la época y con ello revoluciona un pensamiento profundamente arraigado no solo en su época, sino en todas las épocas, y parecería llamar a una libre escolarización, independiente de la hegemonía eclesiástica. Incluso hay quienes se animan a afirmar que en Gargantúa aparece la primera manifestación de lo que podría llamarse un ideario anarquista.

Gigantes de los cuales no puede definirse muy bien su tamaño, Gargantúa y Pantraguel son los herederos de una larga tradición de la cultura popular y sientan las bases para el posterior nacimiento de la novela moderna. Sus aventuras repletas de escenas burlonas, escatológicas hasta lo impensado y grotescas hasta lo absurdo, han representado un ideario de libertad, de voluntad propia, de pasión por la independencia en el saber humano que alcanzaría, en esa época de apogeo renacentista, un punto álgido en que el hombre comenzaría a ser el protagonista de su propia humanidad. Rabelais ha sabido diferenciar concientemente su fe de su deseo por acceder al conocimiento y debatirlo, transformarlo y compartirlo con el resto del mundo.






Obra renacentista, se conoce con este título al conjunto de cinco novelas escritas en francés y publicadas entre 1532 y 1564. Polémica, discutida, alabada y censurada, este conjunto literario trajo celebridad a su autor, aunque no llegó a ver toda su obra publicada. La última novela se publicó postumamente.

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