• Ulrica Revista

Fiesta

A modo de editorial



En este 2022, luego de dos años de ausencia, se llevó a cabo la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Con 46 ediciones en su haber, en los amplios pabellones de la Sociedad Rural, volvieron a encontrarse editores, lectores, escritores, bibliotecarios, periodistas, docentes, alumnos y demás curiosos que no querían perderse una de las ferias más concurridas y prestigiosas del mundo.

Hubo polémicas. Es cierto. Para muchos fue inexplicable que la ciudad invitada fuera la capital de un régimen dictatorial al que se acusa de aplicar todo tipo de censuras (e incluso la cárcel) a los que escriben en contra del régimen. Para otros, la gran polémica estuvo asociada al discurso inaugural. Algunos se quejaron del precio de los libros, de la masividad cuando aún circula el virus pandémico, de los valores de la comida y el estacionamiento, de tal o cual escritor invitado... La vida nunca está exentas de polémicas y opiniones encontradas. Lo cual es muy positivo, porque eso quiere decir que nadie teme a represalias por opinar tal o cual cosa.

Más allá de las polémicas, que merecen mayor o menor atención según el caso, lo cierto es que los que asistieron a ella se veían felices. Incluso los más circunspectos y partidarios del saludo con el puño se vieron abrazados... y abrazando.

Los libros tienen ese efecto en algunas personas. Dan seguridad, sensación de hogar, de fraternidad. Y para los que hacen de los libros y la literatura su vida, el encuentro con el otro tiene un valor especial. Muchas relaciones se crearon con la virtualidad. Más que nunca la gente interactuó. Los tímidos se animaron al contacto virtual; la persona que parecía inaccesible de pronto se encontró a un clic de distancia. Algunos se enamoraron, se forjaron amistades, de tendieron lazos intelectuales, de negocios. Entonces, la Feria se convirtió en algo más que un lugar para ir a ver libros y enterarse de las novedades editoriales (que bien fácilmente se hace a través de las redes sociales). La Feria fue la excusa para encontrarnos y conocernos. Ponerle un rostro humano, una complexión física, un color de voz a las pantallas digitales.

La visita de Mario Vargas Llosa, el único Premio Nobel de literatura latinoamericano aún con vida, marca el tenor de la fiesta. Los libros, siempre son un buen lugar para encontrarse con otros.

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