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Enrique Molina, un marinero surrealista

Una invitación a adentrarnos en la obra del escritor argentino.


Por Gisela Paggi


Ilustra Mirabella Stoor


Si después de leer este perfil sobre Enrique Molina se te despierta un deseo irrefrenable por leer su obra y querés ir a una librería a comprar, aunque sea, una antología poética, estaré muy contenta pero, debo advertirte: Enrique Molina ya habita solamente en las librerías de usados. Y si salís a googlear, para ampliar lo que yo te pueda decir aquí, sobre él, te vuelvo a advertir: no encontrarás un gran cúmulo de papers o páginas que desglosen su obra y su vida. En Wikipedia alguien puso que nació en 1910 y que murió en 1997, pero no. Enrique Molina murió en 1996, al lado de su segunda esposa, Genoveva, que se encargó de cuidar su biblioteca y el gran número de correspondencia y manuscritos que este poeta argentino acumuló a lo largo de una extensa vida dedicada a la literatura y al arte.

Pero Enrique Molina no siempre se dedicó a la literatura y al arte. También fue marinero y viajó de puerto en puerto derrochando lo que ganaba porque, Enrique Molina, además de poeta, artista y marinero, fue también un von vivant. Y también bibliotecario y tuvo mucho de galán. En algún comentario de un blog perdido en el que alguien compartió algunos de sus poemas una mujer dice, y parafraseo, que lo conoció en Madrid cuando ya era un hombre mayor y que aún continuaba siendo un seductor.

Ese Enrique Molina, poeta, artista -aún falta desandar este aspecto-, marinero, bibliotecario, von vivant y galán, fue también un guía, una especie de maestro, para muchos de sus contemporáneos. Corregía los manuscritos de Olga Orozco y de Oliverio Girondo -de quien fue secretario al instalarse en Buenos Aires-, intercambiaba ideas con Octavio Paz y con Pablo Neruda, hablaba de poesía con Alejandra Pizarnik y con Homero Aridjis. Fundó una revista con Aldo Pellegrini, A partir de cero, heredera de la revista Que.

Y también quiso ser novelista y escribió Una sombra donde sueña Camila O’Gorman, una novela lírico-histórica que habla de aquella Camila que se enamoró del cura Ladislao y fueron, ambos, fusilados durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas en 1848. Su primer libro -un poemario- se publicó en 1941 y se llamó Las cosas y el delirio. Es uno de los primeros textos de la llamada Generación del 40 de la que formó parte junto a Olga Orozco, León Benarós, César Fernández Moreno, Ernesto Sábato y, más allá de los límites geográficos porque prácticamente toda América Latina floreció en la literatura en esos años, César Tiempo, Edgar Bayley, Cobo Borda y André Coyné. La lista es mucho más amplia, claro. Enrique Molina enarboló la bandera del Surrealismo latinoamericano y, mamando de la gran teta del surrealismo francés, dio vida a un movimiento completamente nuevo. No hay que dejar pasar por alto el hecho de que las vanguardias, para estos años, ya se encontraban en franca retirada en Europa. A este continente solo llegó la forma depurada: la decantación, la literatura puramente dicha, ya que en América las vanguardias no tuvieron la relevancia política que mantuvieron en el periodo de Entreguerras.

Para muchos de estos poetas de diferentes latitudes de América y de la propia Argentina, Enrique Molina era un alma generosa que leía con atención sus escritos y hacía devoluciones igualmente generosas. Es increíble pensar que su nombre hoy pase desapercibido, casi a la sombra, de aquellos que se consideraban sus discípulos. Y, dije, que Enrique Molina fue artista. Lo fue. Fue dibujante, pintor y grabador. En los libros de su biblioteca -muchos de ellos firmados y dedicados por los grandes nombres de la literatura hispanoamericana- y en sus cartas y manuscritos, solía dibujar aves variopintas, con tetas y largas plumas o mujeres desnudas de cuerpos decorados por flores y que se besaban como un sueño. Era el erotismo que emanaba del cuerpo de Enrique Molina y que lo hacía vivir en un sueño poético e iconográfico constante. Era allí donde se desprendía la sombra donde sueña Enrique Molina.



 


(Buenos Aires - Argentina) Gisela Paggi nació en la provincia de Santa Fe. Es Profesora en Lengua y Literatura, periodista y artista visual. Estudiante de Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad Nacional del Litoral. Especializada en mediación y promoción de la lectura. Habla de literatura y de libros en su cuenta de Instagram.

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