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De Ulrica a Javier Otárola

Por Claudia Capel

@claudia.capel


La poeta y escritora nos introduce en el cuento y en la mujer que da origen al nombre de nuestra revista.


Así dice el reverso de la piedra en el cementerio de Plainpalais (Ginebra, Suiza). Es una carta de amor en cinco palabras junto a la frase de la Völsunga Saga que Borges elige para Ulrica en El libro de arena (1975).

Ulrica (no sabemos su apellido y tal vez no lo sabremos nunca) es noruega, feminista, alta, suave y dorada. Acentúa las erres en inglés. La noche y la mañana que comparte con Javier Otárola va vestida de negro.

Javier es colombiano, profesor de la Universidad de Los Andes en Bogotá y sabe que ya está enamorado de Ulrica. Le besa la boca y los ojos. Piensa en una muchacha de Texas (que tal vez es Leonor).

Hay una espada, un lobo y una posada, Nothern Inn. Me fascina la decoración a lo William Morris, el poeta que tejía en telar con una mano y escribía poemas con la otra. Hay un rojo muy profundo, hay pájaros y frutos. «El esperado lecho se duplicaba en un vago cristal».

La única noche de Ulrica y Javier Otárola dura lo mismo que las 1001 noches, es todas las noches y ninguna. Dura forever and a day, como diría Ulrica acentuando la erre. Dura tanto que

sus nombres tallan la despedida de piedra que guarda en Ginebra innecesarios secretos.

Ulrica aparece por primera vez en la obra de Herbert Quain, ese Herbert casi Wells que muere en Roscommon. Ulrica es noruega desde las hermanas Lange, Ulrica es la eterna moneda, la cara y la cruz. Como la heráldica vasca de los Otárola con dos lobos que se dan la espalda bajo un árbol de sinople.

Ulrica y el lobo se bifurcan, como Borges, como el jardín, como las historias de amor, como el corazón cuando nos toca vivir esa noche que ya no olvidamos. Ni siquiera cuando queremos olvidar. Ese perfume, su voz, el instante, la manera de mover las piernas, el abrazo animal que nos conoce como nadie, la tos, cualquier cosa mágica que nos aúlla durante la única luna.

El amor sabe durar una noche y una mañana, sabe contar ese cuento. Es el hechizo que confirma la duda del tiempo y el espacio.

Amo el fondo poético que Borges entreteje en sus cuentos, amo el hilo invisible que nos une a alguien sin explicación y por un motivo solo posible al destino. Amo los diálogos absurdos de la primera vez cuando es también la última y la historia manual del cuerpo para que exista el fuego.

Mientras escribo, hay un gato en el espejo que lame mis palabras. Lo tocaría si pudiera. Me gusta su lengua.

No sé qué es la eternidad pero se parece al rojo muy profundo entre Javier Otárola y Ulrica.


Sevilla, 24 de agosto de 2020




(Sevilla, España) Claudia Capel nació en Buenos Aires (Argentina). Adoptada por Sevilla, es escritora y traductora de inglés. Autora de los libros de poesía Animalidad (Premio Juan Crisóstomo Lafinur), Diario de la tierra,Corazones y maletas, Trigramas, Una flor todavía (Antología). Publicó Borges invisible (Biografía). Directora de las revistas de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, Prisma y Proa entre 2010 y 2017. Coordinadora de muestras literarias con el Museo del Escritor de Madrid para Andalucía: El infinito Borges, El universo de Julio Cortázar y Cronopios, Un puente de palabras: literatura en español a los dos lados del mar. Dicta los talleres Ars Poeticca: poesía y escritura personal en Fundación Cajasol, Fundación Caballero Bonald y online en http://arspoeticca.com




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