• Ulrica Revista

Cuatro, tres, dos pájaros

Por Claudia Capel

@claudia.capel


Edición aniversario - Especial Jorge Luis Borges

En Argumentum ornithologicum, la maravillosa prosa poética de El hacedor, encontramos al Borges esencial.

Se divierte desde el título con el argumento ontológico que plantea lo que existe o debe existir y agrega la existencia de los pájaros.

«Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros», es decir que, para ver los pájaros hay que cerrar los ojos. Son pájaros íntimos, invisibles para otros, son mis pájaros, como los sueños y los recuerdos.

«La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número?». Nadie sabe cuántos pájaros ve mientras vive, desconocemos el número de pájaros que nos depara el destino.

Entonces Borges nos plantea la existencia de Dios y algunos lectores pueden distraerse del tema central, que son los pájaros, y caer en las diminutas trampas que Borges hila en su escritura secreta. Por ejemplo, la supuesta trama policial de El jardín de senderos que se bifurcan cuando la esencia del cuento está en las palabras de Ts’ui Pên, que diría una vez «me retiro a escribir un libro», y otra, «me retiro a construir un laberinto» y nadie sospecha que libro y laberinto son un único objeto y no dos. Por eso advierte: «Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan».

Volviendo al argumentum ornithologicum, estamos en las líneas que plantean la cantidad de pájaros: «El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta». Esta divina imprecisión es el eje del argumento y seguimos sin saber cuántos son los pájaros.

Es el momento de contarlos: «En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros». Como es un escritor extraordinario que elige cada palabra, se divierte mientras nos regala una clase magistral de técnica y repite: «Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera». En una prosa de pocas líneas, repite los números y nos enseña a usar el etcétera, así, la palabra entera sin la fatal abreviatura o los agotadores puntos suspensivos.

El final es dinámico: «Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe».

No sabemos cuántos pájaros hay y lo esencial de esta prosa es la cuenta regresiva de los pájaros porque cada vez nos quedan menos pájaros por ver o por vivir y desconocemos cuántos son.

Este sentido del tiempo, simultáneo hacia atrás y hacia adelante, está en Tlön, La biblioteca de Babel, Examen de la obra de Herbert Quain, en la mala traducción del título April March como Marcha de Abril en vez de Abril Marzo, en el ocho infinito de Almotásim, en el soñador soñado y en todo el Jardín.

Los pájaros nos cuentan lo mismo que Límites, el poema preferido de Borges, la sensación de no saber cuál es el último beso, la última vez que paseamos una calle o abrimos una puerta ni cuántos pájaros o lunas nos quedan por ver cuando cerramos los ojos.



Ilustra Mirabella Stoor @mirabellastoor



 

Nació en Buenos Aires (Argentina). Adoptada por Sevilla, es escritora y traductora de inglés. Autora del libro de poesía Animalidad (Premio Juan Crisóstomo Lafinur), entre otros. Publicó Borges invisible (Biografía). Directora de las revistas de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, Prisma y Proa entre 2010 y 2017. Coordinadora de muestras literarias con el Museo del Escritor de Madrid para Andalucía: El infinito Borges, El universo de Julio Cortázar y Cronopios. Dicta los talleres Ars Poeticca: poesía y escritura personal en Fundación Cajasol, Fundación Caballero Bonald y online en http://arspoeticca.com

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