• Ulrica Revista

Arte

Actualizado: sep 10

A modo de editorial


Año I - N°9- Marzo 2021




El libro es un vehículo de cultura, de información, de erudición y de entretenimiento. También puede servir para todo lo contrario. Pero su versatilidad no se limita al contenido encerrado en sus páginas. Ya hemos hablado de coleccionistas y bibliófilos. Esta vez, es el turno de hablar sobre las casi ilimitadas posibilidades que tiene ese objeto al que le dedicamos tanto tiempo en nuestras vidas.

Como objeto, casi un fetiche, es susceptible de todo tipo de intervenciones por otras artes y técnicas que pueden imprimirle un valor tan subjetivo como el de su contenido. Es que hay quienes entienden que la edición de un libro no se limita a expurgar de errores de tipeo a su contenido o de controlar que la impresión offset esté en óptimas condiciones. Algunos editores conciben que entre el medio físico que contendrá la obra y el texto allí contenido hay una continuidad. Para ellos el elemento estético e incluso ecológico de ese elemento final que resguardará una biblioteca merece tanta atención y cuidado como la obra inmaterial del autor.

En un mundo cada vez más tecnificado y en el que los procesos industriales tienen tantos pros como contras, optar por ediciones artesanales realizadas con la técnica mínima indispensable o incluso prescindiendo de ella es más que una forma de llevar adelante un emprendimiento comercial. Es una filosofía en sí misma.

Pero también están los que buscan darle una vuelta de rosca y se aventuran en correr los límites de lo que un libro o una obra representan. Todo esto, sin dudas, enriquece la cultura del libro. Porque el libro también es un objeto susceptible de convertirse en una pieza de arte.

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