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  • Ulrica Revista

Un raudal de existencias

150 años de Martín Fierro y la traducción al polaco.


Por Sara Iriarte

@soloelartenospuedesalvar

El gaucho Martín Fierro, de José Hernández, cumple 150 años. A lo largo de este periodo, el poema ha expandido su influjo y cosechado numerosas interpretaciones y reescrituras. Las traducciones a las más variadas lenguas —desde la primera, publicada por el italiano Folco Testena en 1919, a las más contemporáneas — han despertado curiosidad e incluso recelo. ¿Cómo se traduce este clásico nacional?

Traducir el clásico de los argentinos

La traducción vista como una operación de «transportar» sentidos de una lengua a otra animó el imaginario general sobre esta práctica durante mucho tiempo. Reducida a una tarea de reproducción, es frecuente que se la juzgue por el grado de apego al texto fuente. Esta mirada se vuelve incisiva en especial cuando se trata de poesía, de textos escritos en una lengua vernácula y de obras que ocupan un lugar sensible en el imaginario cultural de origen. El Martín Fierro, de José Hernández (1834-1886), reviste estas tres características y, por ello, con frecuencia se ha interrogado acerca de su traducibilidad: ¿puede un extranjero empaparse de la materia del poema nacional de los argentinos para dar una versión fiel en otra lengua?, ¿es posible traducir con éxito las expresiones y metáforas campestres?, ¿hasta qué punto se pueden recrear los suculentos juegos de palabras de Hernández?, ¿y qué decir de la fluidez y concisión con que nos deleita su sextina?

Sin embargo, no pasa una ilusión el asumir que existe en un texto literario un sentido fundamental, o un racimo de ellos, que fue atribuido por el autor de forma absolutamente premeditada y que el traductor debe rescatar, reproduciéndolo sin desvíos. Los sentidos que es capaz de evocar una obra se actualizan en cada nueva lectura. Y esta forjada a partir de un bagaje subjetivo y a la vez conectado a la vivencia cultural, colectiva.

Existen, por supuesto, ciertos consensos e interpretaciones consagradas que entran en juego, sobre todo cuando se trata de la interpretación de los textos clásicos. Estas obras, como ocurre con el Martín Fierro, suelen ligarse a la cultura de origen por incalculables ramificaciones, a través de las cuales se prolongan y que les van confiriendo nuevos visos, a medida que se exploran sus distintas facetas. Así, las reescrituras más viejas y las contemporáneas, las adaptaciones al cine y la TV, las referencias musicales y plásticas, la forma en que el poema de Hernández fue abordado en la educación formal, etc., fueron forjando a lo largo de 150 años un complejo conjunto de imágenes de la obra. Como lectores, hemos entrado en contacto con una porción mayor o menos de ellas y podemos engañosamente tomarlas como auténticas o excluyentes.

La profusión de referencias al Martín Fierro, que atraviesan nuestra cultura en todas sus expresiones, puede también crear una falsa sensación de intimidad con este texto, una especie de relación secreta que solo los argentinos tendríamos con el poema. Esta intuición puede apoyarse incluso en el hecho indiscutible de que para el lector extranjero representa un gran desafío internarse en el mundo pampeano del siglo XIX allí escenificado, con todas sus particularidades, y cantado en lengua gauchesca. Y lo es aún más el proponerse ofrecer una versión del texto en lengua extranjera al público contemporáneo.

Sin embargo, para comprender la traducción literaria es más promisorio reparar en sus ambiciones que juzgarla como servil reproducción. Se ha demostrado que la traducción juega un importante papel en la formación y renovación de los cánones, reforzando tendencias literarias o importando otras nuevas. Y que tiene, asimismo, la capacidad de importar las lecturas consagradas de los clásicos o, bien, de modificarlas. Cuando el abordaje de un texto de las características del Martín Fierro es realizado por un lector extranjero, lo que se agrega como variante es su mirada foránea; pues difícilmente comulgue con las mismas imágenes sobre el clásico que el público del país de origen. Y, cuando de traducción se trata, se suma como variante la diferencia que introduce la lengua extranjera. ¿Qué posibilidades y limitaciones le plantea al traductor la materialidad de esa lengua a la que, en concreto, se propone verter el texto?

En suma, la traducción opera en medio de un juego de fuerzas entre los materiales y el artífice, que ve su destreza puesta a prueba. Ofrecer un texto literario extranjero es, sin dudas, uno de los objetivos de la traducción. Pero no se limita a ello. Se trata, asimismo, de una forma de escritura que se vale de las restricciones que propia la práctica impone para aguzar el talento y la creatividad de quienes traducimos.


Traducir el Martín Fierro en el siglo XXI

Agata Kornacka—poeta y doctora en lingüística aplicada—reflexiona sobre su trabajo como traductora del Martín Fierro al polaco. Su Gauczo Martín Fierro y Powrót Martína Fierro fueron lanzados por la Biblioteka Iberyjska de Varsovia, en 2015 y 2017.

Al interrogarle sobre la divulgación del Martín Fierro en Polonia, Kornacka comenta que «las obras cumbre de la literatura gauchesca se leen y estudian en las universidades polacas, pero fuera del medio académico, prácticamente se ignoran». Y agrega que, a pesar de lo reducido del público de su traducción, esta se ha convertido en un auxilio para acercarse al poema gauchesco. Los estudiantes pueden ahora comparar el texto fuente con la versión al polaco de Kornacka, de forma que «esta lectura obligatoria ya no les resulta tan ardua y exótica».

Por otra parte, si bien la fama de nuestro gaucho Martín Fierro puede ser exigua en Polonia, «lo que ayuda a entender el incuestionable estatus canónico de la obra de Hernández –no porque lo diga un literato de renombre, sino porque literaria y culturalmente es un poema que no deja indiferente a nadie–», de acuerdo con Kornacka, «es compararla con la epopeya nacional polaca de Adam Mickiewicz, titulada Pan Tadeusz». Este poema, publicado originalmente en París, 1834, constituye una pieza fundamental en el canon literario del país del este europeo, donde se lo considera la expresión «más poética y más completa sobre la identidad y cultura polacas. Algo muy parecido a lo que ocurre con el Martín Fierro». Por estas semejanzas, Kornacka presenta el poema de Hernández en su tesis como «el Pan Tadeusz de Argentina» y abona contemporáneamente la tesis de esta obra gauchesca como epopeya nacional.

Kornacka descubrió el Martín Fierro cuando, a raíz del discurso que en 2015 el Papa Francisco dio en el Congreso de los Estados Unidos, donde citó un pasaje de la obra, se le solicitó que tradujera esos versos, que serían incluidos en un artículo periodístico. Entonces, la joven filóloga se enamoró de la obra y comenzó a pensar en traducir más que un fragmento.

Lo cierto es que la iniciativa de Agata Kornacka de dar a conocer el Martín Fierro en lengua polaca no es la primera del género. La primera traducción completa a esta lengua fue realizada por Henryk Mackiewicz y fue publicada en Buenos Aires, en 1990, en conmemoración de la visita del entonces presidente Carlos Menem a Polonia. Según analizó Kornacka en su tesis doctoral, Mackiewicz volcó en su versión «el dolor visceral de un desterrado que conoció en su propio pellejo las crueldades de la Segunda Guerra Mundial». Ello le confirió al texto un tinte muy singular. Por otra parte, este valioso trabajo de un traductor diletante evidenciaba esperables «traspiés», que le parecieron a Kornacka, antes que errores «imperdonables», una invitación a asumir el mismo desafío. Así se propuso dar a conocer su propia traducción del clásico de Hernández.

Para Agata Kornacka, «traducir no es transcribir. Es imposible traducir un texto poético sin dejar huellas, sobre todo tratándose de un poema extenso y rimado», como el Martín Fierro. Por eso, argumenta, quienes traducimos debemos «ser a la vez muy prudentes y muy atrevidos, como para proponerle al lector una interpretación de un texto literario, cuando sabemos, en el fondo, que nuestra visión es solo una de muchas posibles».

Como traductora del Martín Fierro, Kornacka confiesa haberse entusiasmado especialmente con el desafío que representaba recrear el patrón de rimas del poema, ya que esta es su especialidad. Para la interpretación del texto, se valió de textos críticos, muchos de ellos disponibles en las bibliotecas de su país. Los recursos que le ofrecieron diccionarios del siglo pasado, «para arcaizar suavemente algunos enunciados», y de sinónimos, «que son una verdadera mina de vocabulario», resultaron fundamentales; como así tambiénla colaboración de hablantes nativos avezados en la vida rural por estos pagos. Asimismo, Kornacka viajó a Argentina para presentar la primera parte de su trabajo y tuvo la oportunidad de acopiar más material bibliográfico y de intercambiar percepciones en eventos públicos y encuentros.

En lo que respecta a las estrategias empleadas, la traductora destaca el poder de la compensación: «Si veo que en una estrofa pierdo algo, por no saber plasmarlo o por falta de recursos lingüísticos, recupero ese giro, esa ambigüedad o ese juego de palabras en otro pasaje donde no estaba previsto por el autor. Es una suerte de licencia que los traductores nos otorgamos a nosotros mismos para no rendirnos en el camino». Y se considera moderada a la hora de definir si aplicar una estrategia de traducción más bien extranjerizante o domesticadora («llevar al lector a un terreno desconocido y dejarlo allí con o sin pistas» —las famosas notas del traductor— u ofrecerle un texto que suponga el menor esfuerzo). A pesar de preferir extranjerizar, admite que la regla requiere cierta flexibilidad. Los criterios, como con lo demás, debe establecerlos quien traduce.

Como ejemplo del trabajo de Kornacka, compartimos uno de los pasajes favoritos de la traductora, aquel en que «Cruz y Martín Fierro deciden huir juntos y dejar atrás el pasado», al cruzar la frontera:


Y cuando la habían pasado,

Una madrugada clara

Le dijo Cruz que mirara

Las últimas poblaciones,

Y a Fierro dos lagrimones

Le rodaron por la cara.


I gdy przeszli już za kresy,

brzask poranka ich osłonił,

pobratymca Cruz nakłonił,

by ostatnie dojrzał wioski,

na co Fierro ze swej troski

łzy olbrzymie dwie uronił.


Hacia el final de la entrevista, la traductora reflexiona sobre la «muerte segura» hacia la que parece marchar quien se disponga a ofrecer una versión de este poema a sus coterráneos. Y, sin embargo, recuerda, «los textos bien traducidos resucitan para disfrutar de una vida paralela a la original. El gran poema de José Hernández tiene decenas de vidas, cada una firmada por otro traductor. Y de ahí su atemporalidad».



 


(Rosario - Argentina) Sara Iriarte es profesora, escritora y traductora. Su investigación acerca de las traducciones de Martín Fierro ha sido compartida en numerosos artículos y en eventos académicos nacionales e internacionales. En 2018 publicó en Brasil Traduções brasileiras de Martín Fierro. Un jogo de identidades. Gestiona el blog Solo el arte nos puede salvar, donde divulga la literatura de lengua portuguesa.

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