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Un mundo nuevo

Actualizado: jul 13

Los nuevos actores que mantienen viva la cultura del libro


Por Juan Francisco Baroffio

@queremoslibros


Los libros son compañeros fieles. Cualquier lector sabe que un libro bien cuidado puede acompañarlo toda la vida. ¿Cuántos libros hemos encontrado, con placer y nostalgia, en las casas de nuestros abuelos? Hay libros que sobreviven cientos de años. Para placer de bibliotecas y museos y codicia de los bibliófilos.

Esta noción que tenemos los lectores es compartida, en una forma tal vez más teórica, por la sociedad en general. Nadie puede despegar los conceptos de educación o cultura del objeto libro. Los padres que no leen llevan a sus hijos a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires esperando que se les genere el hábito de la lectura. Estrategia acertada o no, nos revela la importancia social que tiene el libro como vehículo del progreso material, del placer intelectual o del crecimiento espiritual.

Ahora bien, los libros, también, son una de las primeras cosas que la gente deja de consumir en los periodos de crisis económica. Junto con otras actividades culturales como el teatro o el cine. La última década de vaivenes políticos y económicos, agravados por la reciente crisis económica y rematada por la cuarentena del COVID19, ha golpeado fuertemente a la industria editorial. A las cuestiones locales deben sumarse factores que ponen en jaque a las editoriales de todo el mundo: las modernas plataformas de streaming on demand y los nuevos hábitos de consumo alejan a las personas de los libros. Entonces, en nuestro país se da esta ecuación: menos lectores y menos dinero para comprar libros. Pero no todo está perdido.


Siempre queda una ventana abierta

En este panorama de aspecto desolador han surgido editoriales independientes que buscan llenar el espacio en nuestras bibliotecas y poder satisfacer las demandas de lectores que ya no pueden afrontar los gastos económicos para acceder a las grandes casas editoriales. Con más corazón que dinero, estos nuevos editores no solo ofrecen libros a precios un poco más accesibles. También, al tener catálogos más acotados, cada uno busca darle una identidad, una

filosofía, a su proyecto editorial. Entonces, la selección que hacen de las obras busca ser fiel y a su vez innovadora.

Autores desconocidos y otros olvidados en los arcones de las grandes editoriales, se ofrecen a los lectores voraces. También a los lectores curiosos. Y obviamente, a todo el que quiera tener un libro.

Con un verdadero sentido cooperativista se organizan ferias y eventos que reúnen a las editoriales independientes con su público. Y es que, al no pertenecer del todo al circuito comercial tradicional, y sus ediciones ser menores en volumen, no siempre es posible que accedan a los anaqueles de las cadenas de librerías (aunque esto, en algunos casos, se va revirtiendo). Eventos masivos como las llamadas “Noches de las Librerías” o la Feria de Editores (FED), son el espacio en el que confluyen editores, lectores y autores. Alguien podría llamar a este tipo de encuentros, que se dan en todo el país, “una mini Feria del Libro”. Pero ese término no les hace justicia. Sus conceptos y objetivos son diferentes. Tan diferente y diversa como puede ser la literatura.

Los lectores que buscan y consumen libros de editoriales independientes han crecido exponencialmente. La última FED, que fue su octava edición, tuvo asistencia multitudinaria. En sus tres días de duración fueron miles de personas las que circularon y participaron de las charlas y talleres en el predio de Ciudad Cultural Konex (CABA). Esa masividad es el termómetro que nos indica que la fiebre literaria aún se mantiene.


Made in Argentina

Sin lugar a dudas, uno de los grandes fuertes de las editoriales independientes es su muestrario de letras nacionales. Cuentos, novelas, poesías y ensayos de escritoras y escritores argentinos, de todo este extenso y complejo territorio. Esa variedad de perspectivas, vivencias y personalidades apabullan aún a las temáticas que se ponen de moda. Si pensamos en Alejandra Kamiya, Patricio Rago, Adriana Riva, Malen Denis, Dolores Reyes o Juan Sklar, sólo nos damos cuenta que tienen en común ser escritores y el amor por la cultura del libro. El elemento disruptivo y transgresor de la literatura queda asegurado.

Las editoriales independientes se preocupan y ocupan de acercar a autores y lectores. Lo que tradicionalmente se concebía como un escritor en la cumbre que hablaba magistralmente para lectores embelesados, aquí se cambia radicalmente. Los lectores, ahora, interactúan mucho más. Eso también lo permite la cercanía con los escritores. Ya no son unos pocos los elegidos para integrar el Parnaso literario. Ya no son figuras míticas. Esta democratización de la literatura cambia muchos paradigmas. El lector atento a las redes sociales puede enterarse y participar de presentaciones o lecturas performáticas, prácticamente todas las semanas. En ambientes distendidos, informales y nada masivos, donde confluyen la música, los tragos y la literatura.


Más allá de las fronteras

Otro evento, en el que en 2019 tuvieron una gran presencia los autores de editoriales independientes, fue la 11° edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA). Autores locales y extranjeros, tanto editados por editoriales multinacionales y por independientes, se encontraron con público fervoroso en verdaderas maratones literarias que nada tienen que envidiarle a la serie on demand más maratónica.

La gran estrella de este evento, sin lugar a dudas, fue la norteamericana Lorrie Moore. Su obra más comentada y difundida en nuestro país, la que acercó a mucho público a los eventos en los que participó, fue ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas?, editado y traducido magistralmente por una editorial independiente (Eterna Cadencia), y que ya va por su quinta edición. Este, es también un campo en el que se hacen fuertes. Escritores extranjeros cuya obra no es conocida o no ha sido traducida, pero que no tienen la masividad de público que pueden tener Michel Houellebecq o Margaret Atwood (sólo por nombrar a los autores de los dos libros extranjeros más esperados del 2019), son acercados al público argentino. Con traducciones cuidadas e inteligibles, bien alejadas de las versiones hechas en España (que muchas veces nos resultan tan extrañas a los lectores latinoamericanos), se puede acceder a literatura contemporánea de todo el mundo. Por ejemplo, el catálogo de Chai Editora cuenta con

formidables traducciones de Tomás Downey, Esther Cross, Virginia Higia y Florencia Parodi. Por el mismo motivo se destaca la traducción de la novela Las tres vidas del portugués João Tordo de la editorial Crack Up. También hay lugar para escritores ya fallecidos (con la ventaja de que sus derechos de autor son libres), cuya obra no ha sido editada localmente o su última reedición fue en un pasado remoto. Tal es el caso de Miss Lonelyhearts de Nathanael West y de Resérvame el vals de Zelda Fitzgerald, editadas por La Tercera Editora.


Gurúes

Un fenómeno de los últimos años ha sido la aparición de los llamados influencers. Personas que a través de las redes sociales (en este momento Instagram es la gran estrella), se convierten en referentes de los más diversas cuestiones. Aunque los primeros tuvieron que ver con la moda y la indumentaria, hoy podemos encontrar personas que comparten todo tipo de experiencias ante públicos masivos de seguidores: viajes, gastronomía, cine, life style y otros. En ese mundo también se han hecho un lugar los bookstagramers.

Las cuentas que recomiendan libros hoy aparecen por todos lados y dan representación a lectores con gustos e inquietudes similares. Las hay masivas (como @LaGenteAndaLeyendo, donde el carisma de Maru Drozd le da una vuelta de tuerca al concepto tradicional de bookstagramer), y otras más pequeñas con apenas decenas de seguidores. Hay cuentas que se especializan en temáticas determinadas, como @AgusRecomienda, cuya creadora Agustina De Diego, que es estudiante de letras, pone un especial énfasis en la literatura escrita por mujeres, o como la creada por Cecilia Di Tirro y Florencia Savarino (@LeerArgentinos), desde donde se difunden a los autores nacionales. Otras cuentas trascienden las redes sociales. Un ejemplo para mencionar es el de Camila Oderda, creadora de @EntreSusPáginas, que ha llevado sus reseñas y la difusión de la lectura a los medios tradicionales de la ciudad de Rosario (Santa Fe – Argentina).

Este fenómeno replicado en Argentina, también tiene sus grandes exponentes en las diversas latitudes del globo. Entre otros encontramos a @DimeUnLibro y a @IcaroBooks, ambos de España, a @SubwayBookReview (Estados Unidos), a @WhatsHotBlog (de Gran Bretaña). En Francia tenemos a @Le_Studio_Littéraire, en México a @Soy_Sputnik y, esto, es solo por nombrar algunas de las que hay. No por nada el hashtag "bookstagram" tiene más de cuarentra y tres millones de posteos. Y si comenzaramos a hablar de los booktubers, sería aún más largo este artículo.

El amor por la cultura del libro genera redes y vínculos. Si algo tienen las redes sociales, es que ponen en un pie de igualdad a todos sus usuarios. Todos tienen una opinión y quieren compartirla. Es cierto que, a veces, esas opiniones son brutales, irracionales y que verdaderamente no aportan nada. Pero dejando de lado a haters y trolls, la interacción en las

cuentas que recomiendan libros es maravillosa. Hay que pensar a la literatura como una experiencia con una doble faz. Por un lado, principalmente, es un acto individual y solitario. Una intimidad irrestricta entre lector y libro. Ni siquiera importa el autor, ni su biografía ni sus intenciones. Por el otro, la lectura es un acto comunitario. Si leemos algo que nos gustó, que nos hizo felices, lo queremos compartir. Es un regalo que queremos acercar al prójimo. Y aquí, en este punto, es donde radica la importancia de los bookstagramers.

Organizan talleres de lecturas, encuentros presenciales u on line, y otras actividades en las que el influencer no da cátedra. En una verdadera horizontalidad de opiniones y experiencias cada uno comparte. Si pensamos en la cantidad de libros que se editan por año y la ínfima cantidad que podremos leer en nuestras vidas, interactuar con lectores diversos es lo más cercano que podremos llegar de la borgeana Biblioteca de Babel.

Estas cuentas, son en gran medida, parte del éxito de las editoriales independientes argentinas. El entusiasmo que contagian los bookstagramers le gana con creces a cualquier aparato de publicidad masiva. Es el verdadero “boca a boca” de la literatura.

El lema de la FED de 2019 fue <<Si leés, hay un libro para vos>>. No son pocas las chances de que lo halles en una editorial independiente y que te lo haya recomendado alguien en Instagram. O tal vez, seas vos el que se lo recomiende a otro. O las dos cosas. Y así, una sólida red de escritores, editores, lectores y bookstagramers, le hacen frente a la crisis. Y no sólo a la económica.

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