Un hombre y ocho siglos de literatura

En ocasión de los 800 años del Tránsito de Francisco de Asís, un breve recorrido por su faceta como poeta popular que supo aunar lo terrenal con la trascendencia.
Por Juan Francisco Baroffio

El santoral católico es vastísimo. Tanto así que un viejo chiste dice que el número exacto de santos es uno de los misterios de la Iglesia. De esa galaxia de hombres y mujeres que, por diversas cuestiones, han alcanzado el reconocimiento de los fieles de esa religión durante los últimos dos mil años, hay una figura que es muy popular. Se trata de un santo medieval que atravesó el último milenio sin dejar de ser el intercesor predilecto de muchos y que se celebra cada 4 de octubre: san Francisco de Asís.
Figura fundamental de la renovación del espíritu católico, el hombre nacido en la Umbría hacia el 1181, apareció para revolucionarlo todo en un momento en que la Iglesia, como nos recuerda Chesterton en su ensayo biográfico sobre el santo, era cuestionada como antigua. O peor: como algo corrupto, viejo y vencido. Pero también nos dice el autor británico que Francisco (en realidad bautizado como Giovanni Bernardone) no podría haber aparecido en otro momento. Su profunda espiritualidad y su visión integral de los seres y su entrega sin límites hacia los pobres son el producto de su tiempo. Pero que, de alguna forma, casi milagrosa, sigue siendo relevante hoy, que se cumplen 800 años de su muerte. El primer documento del papa León XIV fue, justamente, la exhortación apostólica Dilexi te (2025) sobre su figura y el amor hacia los pobres.
Hay mucho para decir sobre Francisco. De hecho, es el santo sobre el que más se ha escrito y no solo en el mundo católico.
Desde finales del siglo XIX, la figura de este hombre medieval empezó a ser reivinvidacada, lejos de los ambientes religiosos tradicionales, por escritores y escritoras protestantes, agnósticos, socialistas e incluso ateos, como una figura de hermandad universal y de justicia social. Y esa condición de símbolo se acrecentó luego de la Primera Guerra Mundial. Particularmente se ocuparon de él, en el siglo XX, un número importante de escritoras: Simone Weil, Selma Lagerlöf, Abbie Farwell Brown, Sophie Jewett, por mencionar agunas. Hay algo en su visión, que en su tiempo fue vista con desconfianza y tratada de "locura", que ha atraido muy especialemnte, incluso a figuras de las letras agnósticas o militantemente ateas como Anatole France que, comparándolo con Epicuro, en su libro Las opiniones de M. Jérôme Coignard (1893), escribe: "esos dos fueron, me parece, los mejores amigos que la humanidad sufriente haya encontrado en su confuso camino de vida".
Por brevedad (aunque el tema esté muy alejado de serlo), voy a concentrarme en su faceta como poeta.

Francisco es considerado uno de los fundadores de la poesía italiana. Su elección del italiano vulgar (umbríaco) de su tiempo como forma de expresión de la belleza rompió con la tradición que consideraba que la literatura debía ser en una lengua culta como el latín. Y, de esa forma, reservada a un pequeño grupo social. Su Cántico de las Criaturas, compuesta hacia el 1224, es una obra monumental en lengua vernácula. Particular atención al tema le prestó la poeta estadounidense Sophie Jewett, en su libro El trobador de Dios: La historia de San Francisco de Asís, de 1910.
Francisco se valió del género más popular de su tiempo, y su favorito, la poesía trovadoresca. Este género muy cultivado en la Edad Media, se centraba en el amor humano y en la vida heroica. Francisco le introduce un tono completamente distinto. El amor cortés y la búsqueda del honor y aventuras dejan de ser el tema central para volverse alabanza de Dios, de la naturaleza (como creación divina), de la vida humilde y de la fraternidad universal.
La poesía de Francisco fue un paso intermedio entre el himno litúrgico y la lírica personal, pero con un carácter totalmente accesible y popular. Hermann Hesse lo caracterizó como "un poeta soñador, maravillado ante la belleza de la creación; un trovador místico en armonía consigo miso, con el mundo y con Dios". La poesía de Francisco, de la que sobreviven pocos ejemplos pero numerosos testimonios, además, refleja un tono vitalista y profundamente alegre. Porque lejos de la tradición pictórica, que suele representar a los santos en forma sufriente, Chesterton lo consideraba "quizás el más feliz de los hijos de los hombres".
Francisco quiso elevar su espíritu a través de la literatura. Y el estilo musical, de cadencia rítmica, aunado a su sencillez expresiva la volvían ideal para ser aprendida con facilidad y cantada y recitada por otros. De esa forma los que la recitaban, los que la oían y, posteriormente, los que la leían, estaban invitados a elevar también su espíritu. Y esa invitación literaria sigue abierta.
Esta particular sensibilidad hacía las letras, puede ser uno de los motivos por los que tantos escritores seculares (por llamarlos de algún modo) a lo largo de los siglos se han interesado en su figura como hombre de Dios que se elevó a los cielos desde la profundidad de su realidad humana. No por nada se lo suele llamar el “santo más humano”.
El propio Borges lo menciona, en "Otro poema de los dones" (1964), dando gracias al "divino":
"por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
por el hecho de que el poema es inagotable
y se confunde con la suma de las criaturas
y no llegará jamás al último verso
y varía según los hombres".
Así, en un acto típicamente borgesiano, lo extrae del mundo religioso y lo incluye, vernáculo y maravilloso, en el mundo de los hombres junto a su admirado Whitman. Un acto que reivindica que lo sublime también se alcanza por la poesía

Este es un artículo sobre literatura, así que hay que concluir con recomendaciones librescas para lectores de hoy.
Además de la lectura de la obra de Francisco, podemos mencionar, ya cercanos a nuestro siglo, a la española Emilia Pardo Bazán que escribió San Francisco de Asís, siglo XIII (1882); G. K. Chesterton y el ya mencionado ensayo biográfico San Francisco de Asís (1923). El Nobel de Literatura Hermann Hesse, unas décadas antes, publicó San Francisco de Asís (1904). El último libro del griego Nikos Kazantzakis fue El pobre de Asís (1954). Otra Nobel, Gabriela Mistral, se ocupó frecuentemente de él y hoy encontramos sus textos en Motivos de san Francisco y otras prosas cristianas, editado por la Universidad Diego Portales (2022). Para una aproximación más biográfica y académica, un libro de reciente publicación: San Francisco. La creación de un santo (2026), del italiano Alessandro Barbero.
Un poeta y santo como Francisco no podía menos que inspirar tanta buena literatura.



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