• Ulrica Revista

Patricio Orozco, caballero shakespereano

En una entrevista exclusiva charlamos con el director y productor fundador del Festival Shakespeare de Buenos Aires y presidente de la Fundación Romeo.


PH. Silvina Barredo

Patricio Orozco nació en Buenos Aires en 1974. Desde sus orígenes humildes, en una familia trabajadora, hasta el día de hoy ha recorrido un largo camino. En ese camino, William Shakespeare fue mucho más que un elemento de estudio o de entretenimiento. Consagrado a difundir su obra, sus escritos, su forma de concebir el mundo y de representar la vida misma, Patricio Orozco se ve a sí mismo como alguien al servicio del Bardo inmortal.

Una personalidad multifacética, casi novelesca, llevó a este argentino a una vida que va desde ser camarero a los quince años hasta codearse con leyendas teatrales como Norma Aleandro, Judi Dench o Keneth Branagh. Incluso a ser merecedor, en la consideración de la reina Elizabeth II de Inglaterra, de la British Empire Medal. Un infrecuente honor para un argentino, pero que es el reconocimiento a su estupenda labor al frente de instituciones como la Fundación Romeo y de la creación de eventos culturales como el Festival Shakespeare de Buenos Aires y Shakespeare va a la Escuela. También por sus adaptaciones tan novedosas de obras shakesereanas que ha dirigido o producido con su compañía Própero Producciones.


ULRICA: ¿Cómo llegó Shakespeare a tu vida?

PATRICIO OROZCO: Creo que, en realidad, yo llegué a la vida de él a pesar de que nos separen 400 años. Shakespeare es un autor que siempre ha estado vivo y, tal como pasa con otros clásicos, tanto de la literatura, como de la música y el arte, cuando nacemos ya están viviendo en el mundo y forman parte de nuestras vidas como el sol, la luna, el agua. Yo me acerqué a él cuando empecé a estudiar teatro con Agustín Alezzo. Por supuesto que ya tenía una idea y lo conocía antes de empezar a estudiar teatro, pero a tratar con sus textos y a habitar su mundo comencé a partir ese momento y, más tarde, en el taller de Augusto Fernández. Ya, en ese momento, pensando no tanto en interpretar sus personajes sino en montar sus obras. Trabajo desde muy chico, desde los 14 o 15 años, siempre trabajos nocturnos, de fin de semana y, gracias a eso pude a mis 25 años juntar unos ahorros para estudiar en Stratford-upon-Avon, en la Royal Shakespeare Company donde aprendí a analizar sus obras en profundidad, cosa que también empecé a hacer en los talleres que surgieron durante la pandemia en la Fundación Romeo. Allí me di cuenta de cómo era ese Shakespeare que se trabaja en Inglaterra, cómo se interpretan sus textos. Vi representaciones y pude asistir a ensayos. Pude observar la dinámica que tenían, la frescura, el diálogo con el público, la adaptabilidad de los actores. Eso me atrapó y desde ese momento quedé inmerso en su universo.



U: ¿Cuáles son los desafíos a la hora de llevar a escena una obra de Shakespeare?

PO: Si no se va a realizar en idioma original, el desafío principal es la traducción y la adaptación del texto que se va a realizar. Siempre trabajé con traducciones y adaptaciones propias, por lo cual eso me allanaba un poco el camino. A veces me preguntan, en los talleres, qué traducción leer y la realidad es que ninguna es completa porque los juegos de palabras y referencias específicas suelen ser pasadas por alto o, con el afán de ser muy precisos, los traductores terminan extendiendo un texto que en su idioma original es más breve. Eso, en ocasiones, le quita dinamismo a una escena. Siempre es bueno tener el texto original al lado, decidir cuál elegir (de Hamlet, por ejemplo, se hallan tres versiones diferentes escritas por Shakespeare). De ahí, traducir y adaptar. Uno hace recortes porque le interesa poner el foco en un aspecto y no en otro. Otro desafío sería encontrar un elenco que honre a la obra, buscar a los protagonistas y serle fiel a la idea que uno tiene. El teatro clásico no es para cualquiera. Los actores pueden llegar a un muy buen nivel con entrenamiento y estudio, pero hay otros a los que se les da naturalmente. Por eso la elección del elenco es tan importante. Y por último aparece el desafío de encontrar el diálogo con el público. Las obras de Shakespeare han sido vistas de diferente manera con el paso del tiempo y en el 2021 el público no es el mismo que en 1930. Uno debe generar una obra que dialogue con el público al que se está representando sino se convierten en piezas de museo. Si lo pensamos, Shakespeare estrenaba sus obras para el público de Londres de su época, con las temáticas que le interesaban a esa sociedad en ese momento. Hay que encontrar esa relación casi imperceptible que tienen los clásicos con nosotros, que es lo que los mantienen vigentes. Recuerdo una puesta de Hamlet que realicé y se la consideró como un«Hamlet feminista»por la manera de representar a Gertrudis, algo distinta. Fui por otro lado porque estaba relacionado con lo que nos sucedía como sociedad y con el lugar de la mujer en ella. Encontré la posibilidad de que Gertrudis deje un mensaje diferente.


U: ¿Con qué elementos Shakespeare ayudó a consolidar el teatro inglés?

PO: Shakespeare tiene un volumen de trabajo impresionante pero no considero que haya tenido que consolidar el teatro inglés. Él, en realidad, lo inaugura. Inaugura una forma de representación y una concepción del espacio que afectará a todo el teatro occidental, aunque ya existieran algunas formas en España, Alemania y en Italia. Shakespeare lo que logra por vivir en una ciudad cosmopolita, es incluir dentro de su canon a todas las corrientes preexistentes como la Commedia dell’arte, por ejemplo. Condensa lo que era el teatro hasta ese momento y lo proyecta hacia el futuro. Su relación con los clásicos es clarísima. Y hablo de Shakespeare como de sus contemporáneos. En ese tiempo hubo un despertar con la construcción de teatros, con la aparición de estos dramaturgos como Shakespeare, Marlowe, Milton, Fletcher y demás, y con la creación de las compañías teatrales que eran apoyadas por la Corona y por miembros de la realeza. Esa estructura dio lugar a la aparición, a su vez, de la figura del productor teatral, como Philip Henslowe cuyo diario contable sobrevivió hasta el día de hoy. Por eso considero que Shakespeare con la potencia de sus historias y de sus personajes, con la creatividad de sus actores, el talento de los integrantes de su compañía, con un teatro como The Globe y con el cúmulo de textos que le llegan y que va a adaptar a la representación teatral, con todo eso él y sus contemporáneos fijaron no solamente la cultura de ir al teatro, que aún perdura en la sociedad inglesa, sino también una forma de producción que será como un legado. Incluso yo no lo veo a Shakespeare como británico simplemente. Es el primer artista que condensó toda la actividad teatral que estaba sucediendo, la reformula y la proyecta hacia el futuro de tal manera que, todo el teatro que le sucede, está en Shakespeare. Es un artista que no tiene nación.


U: ¿Puede considerarse que realizar un papel shakespereano es la consagración para un actor o actriz?

PO: Puede ser consagratorio para un actor y puede, también, ser el fin de su carrera. Habría que ver, igualmente, quién juzga. Hay público que juzga sin ningún sustento. Incluso, existen grandes bodrios que han sido consagratorios. Parecería que si es aburrido es porque está bien hecho y si uno no lo entiende demasiado es porque es Shakespeare y es muy elevado, no es para cualquiera. Shakespeare ha sido secuestrado por una presunta élite que durante bastante tiempo determinó qué estaba bien y qué estaba mal. Hay que ser más considerados con el camino que está haciendo cada uno. Es muy relativo. Muchas veces, los premios destacan producciones que no me han gustado, otras veces sí. Por eso me preguntaría quién mide lo consagratorio. El objetivo es otro cuando uno hace una obra. Todo lo demás está en la prensa y en personas que quieren colgarse de Shakespeare. Están los que sirven a Shakespeare y los que se vienen a servir de él. Con todo esto en consideración, diría que sus personajes requieren de una atención especial, sus textos requieren de un estudio, sus escenas son dificultosas para los actores. Son personajes a los que les han asesinado a sus hijos o están dispuestos a suicidarse por una causa. El salto emocional e intelectual es muy grande. Cada actor, al terminar la función y al apoyar la cabeza en la almohada, sabe qué tan cerca estuvo de la verdad y de la poesía. Es una pena pensar también que Shakespeare es lo último a lo que un artista pudiera aspirar, cuando en otras partes del mundo no es así.



U: ¿Por qué algunos personajes shakespereanos han pasado a formar parte de la cultura popular y se colocan dentro del imaginario colectivo como arquetipos con una impronta tan fuerte?

PO: Los personajes han tenido ese pasaje porque están escritos maravillosamente y describen muy bien sentimientos que son comunes a todos los que habitamos esta tierra: la ambición, los celos, el amor, la pasión, la traición. Todo ello se sintetiza en sus personajes, se realizan esquemas de ellos, aunque, cuando uno los estudia y están bien representados, se ve que tienen muchas caras que esas por las cuales son famosos. Hamlet duda, sí. Pero también va a la acción en muchas ocasiones. Los Macbeth y Ricardo III no son tan planos. Se vuelven estereotipos porque son grandes clásicos y porque tocan una tecla que nos es común en todos, venimos con ese bagaje de sentimientos y con esa complejidad. Las obras completas de Shakespeare son un catálogo de todo lo que los humanos podemos ser y hacer. A veces, incluso, funciona hasta como un manual para la vida real. Tal como le dice Hamlet a los actores: son un espejo. Eso es lo que logró Shakespeare con su universo: una representación amplia y aguda del alma humana.


U: Nos gusta polemizar y queremos intentar resolver la discusión más fundamental en torno a William Shakespeare: ¿cuál es su mejor obra?

PO: Para mí, Hamlet. Sin rodeos. Ella condensa todo el teatro de Shakespeare, no solo por su personaje principal sino por Claudio, Gertrudis, Ofelia, Laertes. Por cómo está estructurada con sus comediantes en el centro de la obra. Y cuando estudiás su origen en el texto de Saxo Grammaticus, el historiador danés, y ves lo que hizo con esa historia que la convirtió en el clásico más grande de la historia, es admirable. Hamlet tiene todo lo que luego se encuentra por partes en todo el canon shakespereano. Para los actores es un desafío enorme, pensemos que el protagonista pasa por todos los estados por los que pueda pasar: amor, euforia, tristeza, melancolía, se plantea si quitarse la vida o no, acciona, se reprime. Es bravo el término «mejor» pero es la que más me gusta.




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