• Ulrica Revista

Leve imagen

Por Noé Jitrik


Edición aniversario - Especial Jorge Luis Borges

Ya no sé cuándo, ni por qué, conocí el nombre de Borges y sus primeros libros. Debe haber sido en los remotos 46 o 47, cuando era estudiante de letras y, junto con algunos compañeros, y sobre todo compañeras, lo invitamos a charlar con nosotros; fue un sábado por la tarde en una acogedora casa del lejano barrio de Núñez. Timidez conmovedora, balbuceo dificultoso, rápida huida al terminar de hablar, tal fue la primera imagen. Más valía acercarse a los libros para reconocernos en una palpitación urbana: encuentros con Fervor de Buenos Aires, Cuaderno San Martín y Luna de enfrente y, como prolongación inesperadamente inexplicable Ficciones; si aquellos apelaban al ensueño diurno, escribir los ecos de una adormilada ciudad, los relatos parecían inexpugnables, se desbordaban de mis posibilidades de comprensión. Lejano, instalado en casi mitos de literatura, no sólo no sentía la necesidad de un mano a mano sino que me sorprendía la falange de rendidos admiradores. Pero me di cuenta de lo que pasaría con él cuando leí enTemps modernes,la revista dirigida por Sartre, un extenso artículo de Etiemble, «Un homme à tuer» y luego, en Paris, cuando asistí a una discusión que sobre su obra mantuvieron Roger Caillois, Paul Bénichou y Jean Wahl, el alfa y el omega de la filosofía francesa. Pero antes, el día mismo en que me embarcaba para iniciar la aventura europea, me crucé con él por la calle Florida, digna despedida de una percepción, el país que abandonaba, el hombre que lo encarnaba. Curiosamente, el destino tiene esas articulaciones, año y medio después, el día mismo en que regresaba, volví a cruzarme con él en la misma calle, otra vez sin acercarme, otra vez el paso titubeante, otra vez el rostro anhelante y la mirada perdida, casi ciego ya. Entretanto, escribí sobre alguno de sus libros, profeticé sus repeticiones, empecé a sentir el poder de su prosa, y lo convertí en sujeto de mis iniciales reflexiones literarias, así como una incomunicada soledad, un modo intransmitible de desdicha que creí comprender. Pero creo haber comprendido otra dimensión cuando, años después, lo escuché hablando sobre el Martin Fierro; era en Córdoba, frente a un auditorio repleto: sentí una emoción muy grande cuando evocó los versos finales de la Ida:


«le dijo Cruz que mirara

las últimas poblaciones:

y a Fierro dos lagrimones

le rodaron por la cara».


El modo de decir me arrancó, a mi vez, dos lagrimones, que me brotaron cuando, por azar, leí en un soneto «la valerosa y singular idea de inventar la alegría». Era la poesía, resonaba en esa música, me llevaba a Góngora y Quevedo, a sus propios e iniciales poemas. Escribí muchas veces sobre su obra: no me importó la veneración ni el ingenio, ni Premio Nóbel, ni Biblioteca Nacional: sólo el enigma de su fulgurante prosa, la perfección de su poesía, los extraños mundos en los que se movía con facilidad, antagónicos de su propio y físico andar, a tientas entre las sombras de la ceguera. Última vez que estuve cerca, sin acercarme: era en Bloomington, Indiana, en los Estados Unidos: él bajaba de un ascensor, yo subía, él caminaba por las veredas de esa ciudad yo regresaba. Yo volvía a Buenos Aires, él moría en Ginebra.


Ilustra Mirabella Stoor @mirabellastoor


 

Nació en Rivera, Provincia de Buenos Aires, en 1928. Es crítico literario, ensayista, poeta y narrador. Desde 1990 dirige el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires. Integró la revista Contorno junto a David Viñas, Ismael Viñas, León Rozitchner, Oscar Masotta y Carlos Correas. Ejerció la docencia en universidades de Argentina, Francia, México –donde vivió su exilio entre 1974 y 1986–, Colombia, Estados Unidos, Puerto Rico, Uruguay y Chile. En 1993 fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras por el gobierno francés. Es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, como miembro correspondiente a la Ciudad de Buenos Aires. Entre sus últimos libros se encuentran Ensayos sencillos (17 grises editora, 2021) y la novela La vuelta incompleta (Interzona, 2021).

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