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Leandro Ávalos Blacha, ciencia ficción de acá

Conversamos con el escritor argentino que acaba de publicar Los Quilmers y de reeditar Medianera. Un autor que se aventura a la combinación de géneros, a los libros que no son fáciles de clasificar y que te sorprende con tramas originales y de lenguaje cotidiano.



ULRICA: Tus obras parecerían habitar mundos imaginarios, pero guardan una gran relación con la realidad o con un futuro no tan imposible o distópico. ¿Qué posición, creés vos, que toma la literatura ante lo que se avecina en el mundo?

LEANDRO ÁVALOS BLACHA: No creo que la literatura tome una posición de un modo consciente respecto a algo, o en todo caso no me interesan las obras que trabajan de esa manera. Me gusta la idea de Grace Paley de que el escritor no es una persona que entiende el mundo, no escribe sobre lo que sabe (ni porque sepa), sino que crea para, tal vez, poder entender un poco más. Porque las obras siempre captan algo de su tiempo, del autor, de sus ideas y las que lo rodeaban, de los horizontes posibles que existían como fantasmas a la hora de escribir, aun si transcurren en escenarios imaginarios. Y ahí reside una de sus mayores riquezas. Pero no deberíamos creernos capaces de advertir a nadie de nada, ni pensar que la literatura tenga que instruir. Como sugería Vonnegut, hay que tratar de no molestar al lector. Y si uno se enfoca más bien en el modo de montar el material de su ficción, con suerte va a conectar con quien lo lee de alguna manera, para entretenerlo, impactarlo, o despertarle una emoción.


U: Medianera es una novela que borra los límites entre el cuento y la novela, al igual que Los Quilmers, y en la que las historias que la componen forman un todo universal. ¿Qué herramientas te dio cada uno de los géneros a la hora de construir el libro?


LÁB: Me interesa mucho el trabajo con la mezcla, de géneros y formas. A la vez, cada vez que te sentás a escribir una historia tenés que volver a preguntarte: qué es un cuento, qué es una novela, y que el texto encuentre la forma en que exige ser contada. En casi todas las historias que escribo pasan muchas cosas a nivel de la trama. No siempre en cuanto a la trama que involucra directamente a los personajes del texto, sino a lo que sucede en el universo del libro en general, del trasfondo. Pero que es algo que no me interesa contar en su totalidad. Escribir es poner el foco sobre algo en especial, y en el caso de Los Quilmers, por ejemplo, no me interesaba hacer una novela sobre una invasión alienígena en un sentido más convencional, sino enfocarme en situaciones en algún punto laterales, que contaran a la vez todo lo que había ocurrido en la ciudad. Creo que esa mezcla entre relato/novela me permitió dar con un equilibrio entre el desborde, más propio de la novela, y el recorte o el orden que suele haber en un relato.


U: Tus historias siempre están rozando con lo extraño. Hay un punto en que uno siente que todo está por desmadrarse y, otros, en que el colapso llega casi sin vaticinarse. Creemos, como lectores, que sabés muy bien manejar los hilos tensores de una historia. ¿Cómo llegaste a construir ese tono?

LÁB: ¡Ojalá todos los lectores sientan eso! No sé, hay algo que tiene que ver con la escritura en cualquier género, que siempre se trata de acercarse al conflicto de un personaje, o a sus circunstancias, a cómo estas lo afectan, sea porque atraviesa el duelo por una pérdida cercana, o porque una raza alienígena llega a poner en peligro su comunidad. Siempre vamos articulando el ritmo y los tiempos para mostrar esas transformaciones. Quizás en el tipo de historias fantásticas hay un desafío que es contar esos cambios de una forma orgánica y natural a la historia, cuando los hechos implican una ruptura con el mundo racional. Siempre hay algún tipo de preparación o expectativa en algún sentido para que lo extraño sintonice con el marco de la historia.


U: En 2023, reeditaste Medianera de la mano de una editorial chilena (La pollera) y apareció Los Quilmers por Caballo Negro Editora. En sí, creemos que habrá sido un gran año para vos como escritor. ¿Cómo lo viviste?

LÁB: Fue una alegría publicar tanto con Caballo Negro como con La Pollera. Tienen catálogos que me encantan y hacen un gran trabajo con sus libros. Con los dos editores charlamos bastante sobre los textos antes de publicarlos, y ayudaron a pulir y mejorar lo que no funcionaba.


U: Nos parece que el toque nacional que le ponés a tus historias, que tienen como epicentro de la acción el conurbano o zonas que podrían serlo, es un elemento interesantísimo de tu obra, más siendo que la gran cantidad de producción literaria en el género de la ciencia ficción es de afuera. ¿Argentina tiene un verdadero potencial distópico más allá de la ficción?

LÁB: Sin duda, estamos en un país increíble, donde todo el tiempo están pasando cosas inverosímiles a un ritmo vertiginoso. Pero también el mundo en general es así, cada vez más confuso. Quizás por eso la literatura de género se siente tan adecuada para contar estos tiempos, como si fuera realismo puro. En particular, para mí los escenarios muchas veces son el disparador de la escritura, por las atmósferas que despiertan. Me pasó con Villa Carlos Paz para mi novela Malicia, que es una suerte de giallo que transcurre durante el verano, con la temporada del teatro de revista. O con ese Quilmes imaginario que aparece en otros libros, porque como dice Max Aub: se es de donde se hizo el bachillerato. La novela que terminé también está ambientada en algunas ciudades del interior, como Necochea.



U: Es difícil leer Los Quilmers sin pensar en Crónicas Marcianas. Las pequeñas historias que construyen la gran historia de una invasión terrestre. Pero, al mismo tiempo, las dotas de elementos locales que le dan una originalidad particular. ¿Cómo es incursionar en este género sin caer en los clichés de los grandes autores?


LÁB: Crónicas marcianas es uno de mis libros favoritos. Y también fue importante dar con las ideas de Bradbury sobre la conexión de la ciencia ficción de la realidad, en tanto siempre sus historias tenían un disparador en su vida, en su entorno, y daban un reflejo de su tiempo, porque siempre hablaban de este mundo, más que de Marte. Al escribir, en general, siento que tiene que haber una conexión personal con el tema. Si eso es forzado, como proponerte abordar un tópico solo porque parece de actualidad y agenda, en el resultado se siente lo insustancial, lejano y desapasionado del trabajo. Pero si la conexión existe, no importa si trabajás conscientemente con un cliché, o si te propusiste plagiar: va a surgir algo distinto, vivo y personal. No creo que se trate tanto de la búsqueda de lo original, sino de escribir desde la tensión entre una tradición y tu tiempo, movido por lo que te interesa.


U: Le hacemos a todos los entrevistados una pregunta de rigor: ¿Qué libros estás leyendo?

LÁB: Leo muchos libros de cuentos, salteados, ahora estaba con los de William Trevor. Y a la vez Still Pictures, una autobiografía hermosa de Janet Malcolm, en la que va escribiendo de distintos momentos de su vida a partir de una selección de fotos personales.

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