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¡Igual que un ministro!

A 90 años de la visita de Federico García Lorca a Buenos Aires


Por Gisela Paggi


«Queridísimos:

Os mando estos recortes. Ya veréis qué escándalo se ha armado en Buenos Aires. Recibiréis carta por avión.

No paro un instante de comidas, visitas, reuniones con esta gente hospitalaria.

En todo momento no ceso de acordarme de vosotros, como ya veréis hasta por los periódicos. Esto que os mando es una mínima parte de lo que ha salido y lo que yo, en medio de tanto saludo y bienvenida, he podido recoger.

Mañana empiezan mis conferencias para las que hay gran expectación.

Esto no es carta sino envío de periódicos.

Espero marchar pronto y estaremos juntos este invierno, pues Paquito se queda.

Esto va por correo marítimo y tarda mucho. Vosotros me escribís siempre por avión, que es el único modo de correspondencia.

Estoy contento aunque muy cansado de ser personaje, cosa a la que no quiero acostumbrarme, pues es molestísimo. He tenido que tomar un secretario para que hable por teléfono y reciba visitas. ¡Igual que un ministro!

A veces me río con ganas.

Abrazos a todos y besos de vuestro hijo que tanto os quiere y que no os olvida nunca.

Federico.

Esto está escrito en la cama donde estoy arreglando mis conferencias y tengo pretexto para no recibir a nadie». [1]

Federico García Lorca llegó al puerto de Buenos Aires el 13 de octubre de 1933 invitado por la Sociedad Amigos del Arte luego del éxito rotundo de la puesta en escena de Bodas de sangre en manos de Lola Membrives. La idea primaria era que el poeta andaluz diera en la ciudad una serie de conferencias pero su estadía se extendió durante varios meses (Lorca retorna a Madrid en marzo de 1934). Había puesto una sola condición para venir: que el barco sea muy grande.

Y así llegó Lorca a Argentina permitiendo que, además, se den una serie de cruces (hoy los llamaríamos crossovers) de lo más ricos y pintorescos entre el escritor y diferentes personalidades del mundo del arte y la cultura. En el medio, además, se hizo una apresurada edición de Romancero gitano de la mano de Sur, que incluía un tiraje especial con firma del autor, para calmar la demanda de libros de García Lorca que se daba en las librerías porteñas. Hoy, rara pieza de coleccionismo, claramente.

En su habitación del histórico Hotel Castelar, desfilaban periodistas y curiosos que querían conocer en persona al poeta. Eran innumerables las fiestas a las que lo invitaban, los saludos de las personas a la salida del teatro y hasta se dio el gusto de cantar con Gardel. Claro que no todo lo que brillaba era oro. Lorca se agotó rápidamente encontrando serias dificultades para poder continuar escribiendo en medio de una agenda tan apretada. También pudo hacerle un chiste a Borges que éste no entendió y que zanjó para siempre la relación entre ambos. El derrotero fue largo y extenso, pero acá nos acomodaremos para sintetizar el espíritu de esa visita emblemática de la cual se cumplen ya 90 años.


Primera parada: el dramaturgo consagrado

Porque Buenos Aires fue para Lorca la prueba fehaciente de que ya su carrera en el mundo del teatro estaba consolidada. Bodas de sangre, La zapatera prodigiosay Mariana Pinedafueron presentadas en el Teatro Avenida con la compañía de Lola Membrives. Bodas de sangre alcanzó las 100 representaciones. También se dio el lujo de dirigir su versión de La niña boba, de Lope de Vega y dejó, ya a su partida, el texto de El retablillo de Don Cristóbal y de Doña Rosita,cuyo manuscrito se encontró en Buenos Aires recién en 1992. El público y la crítica lo amaron. Lo ovacionaban de pie y por varios minutos. Se hacían filas para conocerlo. Las repercusiones, por supuesto, cruzaron el océano y se hicieron oír en su España natal. No había dudas de que Lorca había alcanzado la cumbre de su éxito como dramaturgo en la misteriosa Buenos Aires.

«Queridísimos padres y hermanos: Ya se celebró el estreno de Bodas, que constituyó por la prensa que os mando por barco un verdadero escandalazo. Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El gran Teatro Avenida es como diez veces el Teatro Español de Madrid, uno de esos inmensos teatros de América, y estaba totalmente ocupado por una muchedumbre que estaba de pie en los pasillos y colgada del techo. El teatro tiene cien palcos que ocupaba lo mejor de la sociedad de aquí y el resto, abarrotado.

Al empezar yo dirigí un saludo al público, dando gracias por el recibimiento que me habían hecho, y al aparecer yo en el escenario una voz dijo “¡de pie!”, y todo el mundo se puso de pie y me dio una ovación de cinco minutos. Después ya fue un disloque [...]» [2]

Toda la prensa argentina se ocupó de Bodas de sangre. En el diario La prensa un cronista detalla: «Obra vigorosa y plena ésta de Federico García Lorca, tiene la potencia de las antiguas tragedias griegas y encierra el soplo vigoroso de inspiración de un poeta cabal, que alienta en nuestros días. Raro caso es éste en que la verba encendida del lirismo de humildes labriegos no choca como artificial; y es que el poeta supo mantener íntegramente la poesía natural del campesino, su espíritu, al vertirlas en frases rimadas. Y, habilidad de dramaturgo, el verso sólo asoma cuando es necesario, y cuando no, cede el paso a una prosa que no le desmerece ni en vuelo lírico, ni en pulcritud, ni en vigor de concepto» [3].

La noche del estreno de Bodas de sangre fue, sin dudas, la más importante en la vida de Lorca y, efectivamente, vivía una vorágine mediática en Buenos Aires tal como se lo detallaba en su correspondencia a su familia. Sus obras teatrales y las conferencias que dictaba, se convertían en éxitos rotundos. El público lo ovacionaba y hasta se detalla la escena de una mujer que lo esperó a la salida del teatro y le contó que, siendo familiar, lo tuvo en brazos cuando era apenas un bebé.

Claro que para el momento en que Lorca pisa la capital argentina, esta era el epicentro de una proactiva actividad cultural que fue una base sólida, un terreno fértil, para que floreciera su carrera como dramaturgo. Las 100 representaciones de Bodas de sangre es la prueba más fehaciente de ello. El público estaba ávido de cultura y participaba activamente de la vida social porteña.

Y más allá, porque Lorca también fue invitado a dar una de sus conferencias en la ciudad santafesina de Rosario y también pudo visitar Montevideo.

Como conferencista, el 20 de octubre de 1933, dictó Juego y teoría del duende, una de sus conferencias más emblemáticas porque representa en mucho su espíritu como poeta. Al día siguiente del estreno de Bodas de sangre, pronuncia Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre, que le da la oportunidad de mostrar, también, su faceta musical, cantando y acompañándose al piano. El 31 de octubre de ese mismo año dicta Un poeta en Nueva York (conferencia recital) y el 8 de noviembre El canto primitivo andaluz. Solo con los honorarios de sus conferencias se permite vivir en Buenos Aires, dejando en ahorro lo ganado con las representaciones de Bodas de sangre.

Pero volvamos a su éxito teatral.

Lorca pudo, además de alcanzar un notable prestigio literario, consolidar su economía. El poeta que vivía, principalmente, de la renta que le enviara su familia, se encontró de la noche a la mañana experimentando un notable salto económico. Él se reconocía sin pudor como un premio de lotería, incluso, para Lola Membrives y su compañía. Ciertas políticas le impedían girar el dinero que ganaba a su familia pero se dio el gusto de comprar para su mamá un renard que, manifestó en una de sus cartas, le hace ilusión dárselo en persona.

Lorca consiguió, en los meses en que pasó en Argentina, vivir una vida de agasajos y fiestas interminables pero, también, sintió descontento y cansancio por el ritmo acelerado que le demandaba su vida de rockstar.

«[...] Es tarde. Son la una y media y os escribo para que la carta salga mañana mismo. Estoy muy bien, pero como siempre cansado de gentes y comidas y visitas y de poner buena cara con sonrisa. Os echo de menos de un modo intenso y la Huerta de San Vicente se me antoja, con aquella liviandad y aquella suave tranquilidad, un paraíso […]» [4].

El éxito de Federico García Lorca en Buenos Aires ocasionó una altísima demanda de sus libros que aún no circulaban en el país. Los lectores llegaban a las librerías pidiendo su obra pero, para la época, era casi imposible satisfacer esta demanda. Digo «casi» porque hubo una mujer que no solía tener entre su vocabulario la palabra imposibilidad. Fue así como otra mujer se convirtió en hacedora del éxito lorquiano: Victoria Ocampo.


Segunda parada: el poeta en las librerías

Victoria Ocampo dirigía la Revista Sur desde 1931 y en 1933 había fundado una editorial de mismo nombre que había publicado por primera vez en español Contrapunto de Aldous Huxley y Canguro de D. H. Lawrence.

Ocampo había conocido a Federico García Lorca en Madrid en 1931 y se reencuentran en Buenos Aires donde le dan forma a una edición de Romancero gitano con fotografía y firma del granadino. Él menciona esta edición con gran alegría en su correspondencia.

«[...] Se me olvidó deciros que han hecho una admirable edición del Romancero gitano, de tono popular, con una preciosa foto mía y que ayer salió otra edición de lujo, que es una maravilla. Nunca he tenido yo una edición más espléndida. Como veréis, esto es un triunfo en toda regla y muy significativo para mí, porque es mi vida en América y mi influencia sobre todo un continente de habla española. Creo que ahí no se dan bien cuenta para el prestigio de España por estas tierras que ella creó […]» [5].

Federico García Lorca no volvió a participar de Sur, tampoco como invitado en la revista. El máximo biógrafo de Lorca, Ian Gibson, menciona como un posible impedimento a Jorge Luis Borges: «Durante la estancia del poeta en Buenos Aires no se publicó Sur y, contrariamente a lo que se hubiera podido esperar, ningún número posterior incluiría algo de Lorca, por lo menos durante su vida. ¿Por influencia de Jorge Luis Borges, colaborador habitual de la revista, cuya animadversión contra el granadino era intensa? Quizás.» [6].

En Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, Ian Gibson se explaya y parece dar con la manzana de la discordia que enfrentó definitivamente a Borges contra Lorca: Micky Mouse, la cara indiscutida de Disney.

«Otro adversario fue Jorge Luis Borges, que tenía un año menos que Lorca. Es posible que éste hubiera conocido superficialmente a Borges en Madrid a principios de los años veinte, cuando el argentino era una de las lumbreras del movimiento ultraísta. Pero no hay constancia de ello. En Buenos Aires parece que sólo se vieron brevemente. Recordando el encuentro, Borges diría: “Me apreció un hombre que estaba actuando, ¿no? Representando un papel. Me refiero a que era un andaluz profesional.” Lorca había hablado largamente en aquella ocasión de una personalidad muy conocida que, según aseguraba, expresaba toda la tragedia de Estados Unidos. Borges, intrigado, había querido saber a quién se refería. “Mickey Mouse”, contestaría Lorca. Ofendido, el argentino se había marchado de mal humor. Tal vez la intención de Lorca había sido irritar al escritor, o comprobar su reacción. Quizás sabía que Borges lo consideraba “un andaluz profesional”. Lo que está claro, en cualquier caso, es que él y Borges eran incompatibles, entre otras razones porque ambos querían acaparar en exclusiva el escenario» [7].

Más allá de la implicancia de Borges en la (no) continuidad de Lorca en Sur, Victoria Ocampo, a la muerte del granadino publicaría en la edición N° 33 de la revista, una conmovedora carta casi un año después del asesinato de Federico García Lorca. En Buenos Aires, en ese momento, se estrenaba otra de las obras lorquianas, Doña Rosita la soltera, y la intelectual argentina asistió a la función de estreno. Al verla, escribió un sentido texto en homenaje al poeta asesinado a las puertas de la Guerra Civil Española.


El final

Los meses de Lorca en Buenos Aires no se circunscriben en lo expresado en este breve artículo. Hay múltiples variantes que pueden desprenderse de ella. Buscamos, con esta crónica, dar fe del éxito rotundo que significó Argentina para su carrera. Lorca regresó a España con una esperanza renovada y con la convicción absoluta de que América significaba la cumbre de su obra literaria y le servía de refuerzo ante los ataques que ya empezaba a cosechar su figura en el país ibérico. Igualmente, Lorca duda de estar a la altura de su fama. Así lo confiesa en la última entrevista que da en Buenos Aires al diario Crítica (publicada el 10 de marzo de 1934) y que es una de las más importantes en la bibliografía lorquiana por la riqueza de las declaraciones que le hizo al periodista José R. Luna.

En la madrugada del 26 de marzo, Federico García Lorca hace su última aparición pública en las calles porteñas con la representación de una función de títeres. Lorca sufrió despedirse de Buenos Aires a pesar de la terrible nostalgia que sentía por su familia y por su tierra. Partió el 27 de marzo. En su última noche, dijo en la radio Stentor: «Yo sé que existe una nostalgia de la Argentina, de la cual no me veré libre y de la cual no quiero librarme porque será buena y fecunda para mi espíritu. Adiós a todos y salud. Dios quiera que nos volvamos a ver y desde luego yo, siempre que escriba mis nuevas obras de teatro, pensaré en este país que tanto aliento me ha dado como escritor. Hasta la vuelta» [8].

Menos de dos años después, Federico García Lorca sería asesinado en su Granada natal por las fuerzas sublevadas del incipiente franquismo que pronto marcarían al país con un feroz totalitarismo. Ya no regresaría ni quedaría registro de su voz, ni siquiera el de aquellas participaciones en los programas de radio de Argentina. Durante un tiempo, pudo visitarse la emblemática habitación del Hotel Castelar donde vivió durante 5 meses, pero las impericias del tiempo hicieron que hoy el hotel permanezca cerrado y así, se borrará otra pieza de la vida de Lorca. Nos quedará, claro, su literatura.


Notas:

[1] Carta fechada en Buenos Aires el 18 de octubre de 1933. En García Lorca, F. (1998). Obras completas. (Vol. 24). Madrid, España: RBA Editores.


[2] Buenos Aires, finales de octubre de 1933. Op. cit.


[3] (1933, 30 de Julio). Hay valores destacados en Bodas de sangre. Estreno del Maipo. Federico García Lorca, su autor, se acredita buen dramaturgo y poeta. La Prensa. Citado en: Medina, P. (1999). Un andaluz en Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina: Manrique Zago y León Goldstein.


[4] Buenos Aires, principios de noviembre de 1933. García Lorca, F. (1998).Obras completas.(Vol. 24). Madrid, España: RBA Editores.


[5]Buenos Aires, principios de enero de 1934.Op. cit.


[6]Gibson, I. (2011).Federico García Lorca. Barcelona, España: Crítica


[7] Gibson, I. (1998).Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca. Barcelona, España: Plaza & Janés. [8] Op. cit.

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