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Edwidge Danticat, testigo de los que sufren

En 1995 irrumpió en las letras estadounidenses con su libro de cuentos Krik? Krak! en las que narraba historias de los sufrimientos de su compatriotas haitianos. Hoy, un cuarto de siglo después y recientemente incorporada a la American Academy of Arts and Letters, Edwidge Danticat sigue siendo la voz de muchos inmigrantes latinos, especialmente de las mujeres y niñas. Una charla exclusiva con Ulrica Revista sobre los que tienen que iniciar una nueva vida en otra cultura y de los que tienen que quedarse atrás.


Traducción de Juan Francisco Baroffio





Edwidge Danticat es de esas voces que una vez que se oyen, no pueden pasarse por alto. Nacida en Port-au-Prince (Haití) en 1969, antes de haber cumplido cuatro años tuvo que ser dejada por sus padres al cuidado de sus tíos para emigrar a los Estados Unidos en pos de buscar un futuro para sus hijos. Edwidge daba sus primeros pasos en el mundo y en la desazón del abandono de la patria. Porque, sin dudas, a los cuatros años la única patria que se concibe es la que está entre los brazos de los progenitores. A los 12 años, una nueva emigración. Esta real y en dirección al nuevo hogar formado por sus padres en Brooklyn, New York.

Algo de esas migraciones se ha quedado para siempre en ella y lo refleja en sus historias. Pobladas de personajes que se van y que se quedan, hay un hilo invisible que conecta a unos con otros. Como si nos dijera que el presente no es más que el desenlace de millones de actos del pasado y que, de alguna forma, en nosotros viven los fantasmas de los que nos precedieron. El choque de culturas, el racismo, la confusión de los jóvenes inmigrantes en sus nuevas realidades hacen que la obra de Edwidge tome una relevancia sumamente actual.

Educada en el prestigioso sistema universitario norteamericano, en el que hoy ella es profesora, recibió numerosas becas y premios. Los más recientes son haber recibido por segunda vez en su carrera el National Book Critics Circle Award (2019), el Story Prize (2020) y el premio de literatura de la Vilcek Foundation (2020). Con su incorporación a la American Academy of Arts and Letters en marzo de este año, pareciera que su identidad como norteamericana está sellada. Pero ella, aún se siente ahitiana. Y es que la identidad nacional es algo muy importante para ella y se refleja en su obra como uno de sus temas principales, junto al vínculo entre madres e hijas y las diásporas.

El país que la elogia con galardones, de alguna forma, también la sigue marginando. Hace pocos meses su anciano tío, haitiano pero ciudadano norteamericano, fue demorado injustamente en un aeropuerto y la ansiedad de la situación le provocó un infarto. Ella relata su fallecimiento y no puede evitar reflexionar sobre la situación de los inmigrantes. En momentos así, siente que le recuerdan con dureza que ella y los suyos no pertenecen.



Ulrica: ¿Cómo te ves hoy, como escritora, luego de 25 años de la publicación de tu primer libro?Edwidge Danticat: Espero haber crecido y mejorado como escritora en estos veinticinco años que ya pasaron. Sé que ahora soy más paciente cuando escribo. Estoy más dispuesta a esperar a que algo llegue. Soy menos severa y mucho más amable conmigo misma cuando algo no logra llegarle a los lectores como esperaba que ocurriera. Después de veinticinco años sé que lo más importante es el trabajo, la escritura en sí misma. Eso es lo único que, en última instancia, puedo controlar. Aún sigo tratando de escribir mejor y de la forma más honesta posible, y espero que se mantenga así por los próximos veinticinco años.


U: Tu obra se relaciona profundamente con la Literatura del Inmigrante o de Frontera, con personajes que se mueven entre diferentes culturas y que, aunque tiene profundas raíces en Haití, sueñan con irse a otro lugar. ¿Cuánto de esta doble pertenencia, como vos lo definís, ha influido en tu obra?

ED: Vivo constantemente en y entre dos culturas. La haitiana y la estadounidense. Esto ya no es un choque cultural para mí. Hay mucha superposición y yo me siento en el medio de dos generaciones: la de mis padres y la de mis hijas y sobrinas y sobrinos. Me gusta escribir sobre personajes que habitan todos esos espacios y la complejidad de los asuntos con los que tienen que lidiar en sus vidas, no solo como seres de una cultura sino como individuos complejos, en el sentido de que todos somos individuos complejos sin importar de dónde vengamos. Las Naciones Unidas dijo que hay alrededor de 65 millones de personas migrantes alrededor del mundo y que con el correr de los años se irán incrementando. Entonces, la migración como tema no solo es interesante sino que también es una cuestión urgente. Los individuos son el corazón de la migración y tanto los del pasado como los del presente merecen que sus historias sean contadas y a mí me interesa estar junto a aquellos que están contándolas.


U:Si hay algo que amamos de tus historias es la voz que les das a tus personajes, especialmente a las mujeres que fueron silenciadas durante largo tiempo. ¿Crees que es un acto de justicia darles tanta entidad?

ED: En mi libro Claire of the Sea Light, hay una presentadora de radio que ve a su programa como una especie de corte de justicia ya que las mujeres de su comunidad no tienen forma de acceder a la Justicia. No hago exactamente lo que ella hace en la historia, pero creo que escribir sobre las personas y echar luz sobre sus problemas es como una forma de testimonio. James Baldwin solía referirse a sí mismo como testigo. Me gusta mucho esa definición del escritor durante momentos difíciles. Atestiguar puede ser una forma de obtener justicia donde sea que se enfrente problemas urgentse en todo el mundo. Recientemente vimos como, luego del asesinato de George Floyd por la policía estadounidense, la gente salió a protestar en todo el mundo. No solamente por él, sino también por cuestiones en sus países. Se debe a que atestiguaron algo de tal magnitud que no podían seguir ignorando o decir que no estaba ocurriendo. La literatura tiene esa clase de poder, de meternos tan profundo en un asunto que nos fuerza a mirarlo con nuevos ojos y como si le estuviera ocurriendo a alguien muy cercano a nosotros.



U: En el contexto actual de los Estados Unidos, y específicamente hablando del reciente caso Floyd que mencionaste, ¿creés que existe un paralelismo con las situaciones que enfrentan algunos de tus personajes en tu último libro? ¿O que serían mundos completamente diferentes?

ED: Lo que le pasó a George Floyd por supuesto que es algo que podría ocurrirle a cualquier personaje de mi libro. Hay una capa de trauma extra en la que algunos de los personajes de mi libro también han sido víctimas o tal vez tuvieron padres que lo fueron, de la dictadura de treinta años en nuestro país. Hace poco escribí un artículo para The New Yorker donde puntualizo que lo que ocurrió con George Floyd es de lo que muchos inmigrantes creen que están escapando cuando se mudan a los Estados Unidos, por ejemplo, solo para descubrir otra versión de lo mismo.


U: En tu obra se percibe una mirada especial sobre la vida y la muerte y su conexión con los ancestros, que hace a tus historias tan reales y vívidas que pueden impactar al lector hasta el punto de la reflexión. ¿Este recurso tiene un propósito especial en tu obra?

ED: No quiero sonar demasiado mística, pero me veo a mí misma como el recipiente para las historias que cuento. A veces no estoy segura de dónde vienen. Veo en ellas un linaje ancestral. Creo que soy parte de una larga línea de personas que han contado historias en formas diferentes, algunas a través de las artes visuales, otras desde la poesía y la canción. Creo que soy parte de un masivo colectivo de contadores de historias, de gente alrededor del mundo, y que, de alguna forma, la gente que ha venido antes de nosotros nos ayuda a contar nuestras historias tan bien como las de ellos.


U: En relación con tu reciente incorporación como miembro de la Academia Estadounidense de Artes y Letras, ¿en qué lugar crees que está tu obra dentro de la literatura norteamericana?

ED: No creo que me corresponda a mí decidir mi lugar dentro de la literatura norteamericana. Me siento muy honrada de haber sido incorporada a la Academia. Me conmovió mucho. Hay veces en que aún no puedo creerlo. La niña que llegó con 12 años a los Estados Unidos tampoco lo hubiese creído. Sólo desearía que mis padres estuvieran vivos para verlo. Creo que habrían sentido que valió la pena parte del sacrificio que hicieron. Su nombre –y lo verían como un esfuerzo colectivo a través del mío –desde ahora es parte de una institución muy valorada en el país al que llegaron luego de sacrificar mucho, principalmente para darles un futuro a sus hijos. Habrían presumido discretamente ante sus amigos durante días.




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