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David Silva Rojas: Construir una experiencia.

Foto del escritor: Ulrica Revista
Ulrica Revista
hace 21 horas
6 min de lectura

Por Gisela Paggi


Se publicó «Donde el agua trabaja», la novela de David Silva Rojas ganadora del primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventorsa-Arrufat. En Ulrica hablamos con el autor peruano que dio vida a una historia que terminó siendo elegida, por unanimidad, por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda.



David Silva Rojas se convirtió en el ganador del primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Venturosa-Arrufat con una novela corporal. Donde el agua trabaja tiene un pulso rítmico que acompaña el lamento de un cuerpo. Una joven deja su familia para ir a trabajar a una hacienda de Ica y, desde ese punto, se desanda un camino áspero, árido, como el del paisaje en que se inscribe.


Esta novela (que fue elegida por un jurado conformado, nada más y nada menos, que por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda) se construye, silencio a silencio, entre labios apretados que aguantan el dolor y la desesperación. Metida en una trituradora deshumanizante, la protagonista deberá comenzar a recorrer su rosario de miedos en una historia que nos recuerda lo mejor de la literatura social de autores como Jorge Icaza o Ciro Alegría. 


En Ulrica hablamos con el autor que en estos días estará visitando Buenos Aires para promocionar Donde el agua trabaja.


ULRICA: Estamos frente a una novela que examina el conflicto social, las estructuras de vulnerabilidad, la ausencia de la norma. Siendo abogado e investigador de formación. ¿De qué manera dialoga tu mirada jurídica con la estética de la ficción? ¿Sentís que la literatura permite nombrar zonas de la realidad a las que el lenguaje legal no alcanza a llegar?


DAVID SILVA ROJAS: Mi formación jurídica me ha acostumbrado a observar las relaciones de poder, las responsabilidades y las consecuencias que determinadas estructuras tienen sobre las personas. Esa mirada inevitablemente forma parte de mi manera de acercarme a la realidad, pero cuando escribo ficción no intento trasladar el lenguaje jurídico a la literatura. Creo, más bien, que ambos lenguajes se acercan a la realidad desde lugares distintos. El derecho necesita establecer hechos, responsabilidades, categorías y consecuencias. La literatura puede detenerse precisamente allí donde esas categorías dejan de ser suficientes: en una sensación, un silencio, una contradicción, un miedo que todavía no tiene nombre. En Donde el agua trabaja no me interesaba explicar jurídicamente la explotación laboral. Me interesaba acercarme a la experiencia de quien la vive. Qué ocurre con el cuerpo después de horas de trabajo, qué pasa con la percepción cuando el cansancio se acumula, cómo se modifica la relación con los demás cuando existe una desigualdad que no puede ser discutida. Quizá ahí está el diálogo entre mi formación y la ficción: el derecho me ha enseñado a mirar determinadas estructuras; la literatura me permite entrar en la experiencia humana que existe dentro de ellas.


U: Leímos en una entrevista que el germen de esta novela era una investigación sobre la 

agroexportación en Ica. ¿En qué momento sentiste que el informe y la estadística o el registro documental requerían convertirse en una novela?


DSR: No hubo un momento exacto en que decidiera que un artículo debía convertirse en una novela. Fue más bien una incomodidad que fue creciendo mientras trabajaba con ese material. La investigación me permitió identificar cifras, condiciones laborales, formas de contratación, desplazamientos y situaciones de vulnerabilidad. Pero mientras más me acercaba a las personas que estaban detrás de esos datos, más evidente se volvía para mí todo aquello que la estadística necesariamente deja fuera: el cansancio, el calor, el miedo, la solidaridad, la relación con el cuerpo y esa sensación de temporalidad que, poco a poco, puede dejar de serlo: una campaña termina y aparece otra, cambia el cultivo, cambia la temporada, pero la necesidad de seguir trabajando permanece. Ahí apareció la ficción. No quería escribir una novela para demostrar una tesis sobre la agroexportación. Quería construir una experiencia. Por eso la protagonista no explica permanentemente lo que le sucede. Lo vive. Observa, duda, se equivoca, corrige, continúa trabajando. Quería que el lector estuviera cerca de ella antes que recibir una explicación sobre lo que le ocurre.


U: En tu formación tuviste un paso decisivo por Japón. Se señaló que de esa experiencia adoptaste el concepto de Ma y la economía del Haiku. ¿Cómo se adaptaron esas concepciones estéticas en tu escritura y en la idea del ritmo narrativo que tiene la novela?


DSR: Japón fue importante para mi manera de mirar y de escribir, aunque no intenté trasladar mecánicamente conceptos japoneses a una novela peruana. El ma, entendido de manera muy general como ese espacio o intervalo que permite que algo ocurra entre una cosa y otra, me hizo prestar atención a lo que no está ocupado por completo. En una narración, ese espacio puede aparecer como silencio, pausa, omisión o simplemente como aquello que el texto decide no explicar. Algo parecido ocurrió con el haiku. No me interesaba imitar su forma, sino observar su capacidad de concentrar una experiencia en muy pocos elementos. En Donde el agua trabaja eso terminó afectando especialmente el ritmo. Hay momentos en que una frase no necesita explicar la siguiente. Una acción puede quedar suspendida. Una percepción puede aparecer antes de que la protagonista comprenda qué significa. Incluso una repetición puede adquirir otro sentido cuando vuelve después de muchas páginas. No buscaba que la novela fuera «minimalista» como un ejercicio de estilo. Buscaba que la forma de la escritura acompañara la experiencia de la protagonista.


U: Y en relación también a ese período viviendo fuera de Perú. ¿Qué te aportó la distancia geográfica a la hora de abordar la memoria y el paisaje local en tu escritura?


DSR: La distancia modifica la mirada. Cuando uno está dentro de un lugar, muchas cosas se vuelven invisibles precisamente porque forman parte de lo cotidiano. Al alejarme de Perú empecé a observar algunas cosas que antes simplemente estaban ahí. También descubrí que la memoria no conserva los lugares de manera ordenada. Conserva fragmentos: una temperatura, un olor, una determinada luz, una calle, una voz, una sensación corporal. Creo que esa distancia me permitió regresar literariamente a ciertos espacios peruanos sin intentar reproducirlos como una postal. Ica, en la novela, no es solamente un paisaje. Es también calor, trabajo, polvo, agua, cuerpos, desplazamiento y relaciones de poder. La distancia, paradójicamente, me permitió acercarme de otra manera.


U: El jurado que eligió Donde el agua trabaja estuvo integrado por escritoras fundamentales de la literatura hispanoamericana contemporánea, ¿qué lectura hacés del respaldo que le dan esas autoras a tu manuscrito que ahora es una novela publicada?


DSR: Lo recibo con enorme gratitud, pero también con responsabilidad. Que Cristina Rivera Garza, Mónica Ojeda y Selva Almada hayan leído la novela y decidido por unanimidad otorgarle el premio significa muchísimo para mí. Son escritoras cuya obra admiro y cuyas formas de entender la literatura son muy distintas entre sí. Que hayan coincidido en esta novela es algo que todavía me resulta difícil de dimensionar. Pero ahora que el manuscrito se convirtió en un libro, creo que el premio deja de ser el punto final. La novela empieza otra vida cuando llega a los lectores. El jurado hizo posible que Donde el agua trabaja encontrara ese camino. Ahora quiero que el libro pueda sostenerse por sí mismo, más allá del premio y de mi nombre. Al final, la conversación importante será la que ocurra entre la novela y quienes la lean.


U: Una última pregunta que nos gusta hacerle a todos nuestros entrevistados. ¿Qué libros están ahora en la mesa de luz de David Silva Rojas? ¿Qué está leyendo en este momento?


DSR: Actualmente estoy releyendo Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt, y la novela corta La tumba de las luciérnagas, de Akiyuki Nosaka. Son dos libros muy distintos, pero ambos me interesan por la manera en que exponen la vulnerabilidad humana frente a las estructuras de poder y la tragedia histórica desde ángulos muy diferentes.

David Silva Rojas estará presentando Donde el agua trabaja el miércoles 23 de septiembre a las 18 h en Libros del Pasaje (Thames 1762, CABA). Conversará con Carolina Cobelo y Hernán Ronsino en una charla que forma parte de su gira internacional.


Donde el agua trabaja de David Silva Rojas ya se consigue en librerías argentinas editada por Venturosa Arrufat y Almadía
Donde el agua trabaja de David Silva Rojas ya se consigue en librerías argentinas editada por Venturosa Arrufat y Almadía



 
 
 

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