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Borges y Rulfo: La necesidad íntima de escribir

  • Foto del escritor: Ulrica Revista
    Ulrica Revista
  • hace 20 horas
  • 8 min de lectura

Un recorrido por las literaturas y las coincidencias de dos de los grandes narradores latinoamericanos, en homenaje a los 40 años del fallecimiento de ambos.


Por Margarita Díaz de León Ibarra


Borges y Rulfo en México en 1973. Ph. Rogelio Cuéllar
Borges y Rulfo en México en 1973. Ph. Rogelio Cuéllar


Nada se sabe, todo se imagina.

Somos cuentos contando cuentos, nada.

Ricardo Reis. (Fernando Pessoa)

 


Jorge Luis Borges inició su relación con la literatura mexicana en 1922. Publicó en la revista argentina Proa una reseña del poemario Andamios interiores: poemas radiográficos de Manuel Maples Arce, fundador del Estridentismo. Un año después, se incluyó a Borges en el Directorio de Vanguardia Internacional del estridentista y al poema “Ciudad” en Irradiador, Revista de Vanguardia, Proyector Internacional de Nueva Estética. En adelante, se difundieron los poemas de Fervor de Buenos Aires, mediante publicaciones periódicas editadas en Ciudad de México.

Posteriormente, en el inicio de la década de los 40’s, se formó en Guadalajara el Colegio de Borgistas o Círculo Borgesista. El grupo de lectores, o mejor, de estudiosos de la obra del escritor argentino, lo conformaron Arturo Rivas Sáinz, Adalberto Navarro Sánchez, Antonio Alatorre y Juan Rulfo. Cabe preguntarse, ¿qué obras de Borges leyó y estudió Rulfo en esa época? Acaso, Historia universal de la infamia o Antología de la literatura fantástica o El jardín de senderos que se bifurcan, que luego perdió su estatuto de libro para convertirse en la primera parte de Ficciones.

Primera edición. 1944
Primera edición. 1944

También hubo un halo de admiración de Borges hacia Rulfo. Un mítico encuentro personal en Ciudad de México en 1973. Luego, Borges escribiría un soneto titulado “México” donde, sin lugar a dudas, hay un eco rulfiano: El hombre que en su lecho último se acomoda / para esperar la muerte. Quiere tenerla, toda. Ulteriormente, escribió el prólogo de Pedro Páramo, para la colección Hyspamérica.

Entre algunas obras de Borges y Rulfo hay dialogismo y dialéctica; la coexistencia de un diálogo silencioso y simbólico. Mundos trasmutados, telúricos, oníricos, laberínticos… Por ejemplo, tanto en El informe de Brodie como en Pedro Páramo hay un efecto telúrico. “Las ruinas circulares” y “Macario” son oníricos. La casa que habita Asterión y Comala son laberintos. Sin embargo, no se trata de encasillar o de colocar en celdas las obras inaprensibles de dos genios, sino de propiciar un diálogo entre ellas.

  Ambos autores crean una escritura secreta que, suponemos, solo ellos pueden leer. Tal vez, en “Nos han dado la tierra” y en “Luvina” ya estén las raíces Pedro Páramo. Quizá, en “Inscripción en cualquier sepulcro” ya esté tramado el centro del laberinto del tiempo, el olvido y la memoria. Los grandes escritores crean obras expansivas. Los cuentos de El llano en llamas, por supuesto, están dilatados en Pedro Páramo y los poemas de Fervor de Buenos Aires en la obra narrativa borgesiana.

 

Estos autores coinciden, además, en la razón que propicia su escritura:

 

Cuando yo escribo, yo lo hago urgido por una necesidad íntima.

Pienso en expresar lo que yo quiero decir y trato de hacerlo

del modo más sencillo posible.

(Jorge Luis Borges, Entrevista “A fondo”, RTVE, 12 de septiembre de 1976).

 

La escritura, en mí, es un acto que se realiza porque no puede

evitarse, porque surge casi como una necesidad vital.

(Juan Rulfo, “Pedro Páramo, 30 años”. Periódico Excelsior. 15 de marzo de 1985).

 

También comparten una genealogía telúrica, heroica o violenta:

 

Soy descendiente de un señor, Juan de Garay, que fundó la

ciudad de Buenos Aires, y de otro Jerónimo Luis de Cabrera,

andaluz, que fundó la ciudad de Córdoba. Soy descendiente

de conquistadores y de soldados que se batieron contra

los españoles.

(Idem)

 

Mis padres eran hacendados. A mi padre lo mataron unas

gavillas de bandoleros. A nuestra hacienda la quemaron.

A mi tío lo asesinaron, a mi abuelo lo colgaron. Soy hijo

de gente adinerada que todo lo perdió en la revolución.

(“Juan Rulfo”. Entrevista con Elena Poniatowska, Periódico Excelsior, 1954).


Rulfo. Centro Cultural Tlatelolco
Rulfo. Centro Cultural Tlatelolco

Si se tramara una supuesta relación entre la dualidad del compadrito y el cuchillero de las orillas borgesiano y el violento campesino marginado del llano rulfiano, acaso los puntos del hilván se colocaran en el coraje, la violencia, el duelo, la fatalidad… En esos mundos de ficción, particularmente, hay referentes locales, un marcado tono oral, entre más; ceden la palabra al personaje en estructuras elípticas y ambiguas. Además, aunque la atmósfera sea gauchesca o rural, la sintaxis no cae en arrabales o en cuestas; no hay jerga, sino una recreación artística y poética de la oralidad.

El análisis de semejanzas y divergencias es fundamental en el ejercicio de la literatura comparada. Veamos algunos relatos que coinciden o contrastan:

Acuérdate” y “Funes el memorioso” exploran el recuerdo trágico y la memoria hiperreal. En el cuento rulfiano, por medio de la técnica oral y la evocación comunitaria, un narrador anónimo le insiste a su interlocutor que se acuerde de la trágica vida de un hombre llamado Urbano Gómez; se configura la violencia del recuerdo. En el relato borgesiano, a través del alter ego del autor, narrador testigo, y memorialista, se cuenta la historia de Irineo Funes quien posee una memoria perfecta que, paradójicamente, le impide pensar o abstraerse; se simboliza la condena del recuerdo.  

La forma de la espada” y “¡Diles que no me maten!” abordan la traición como un ciclo inevitable, la cobardía en momentos de desesperación y la marca imborrable que el pasado deja en el presente. Ninguno de los dos autores justifica a sus personajes. Ellos, sí; dicen que actuaron movidos por el miedo o el egoísmo. El centro de los relatos no está en la transgresión, sino en la condena moral que pervive en la memoria. Nadie escapa del patíbulo que construye para sí mismo.  

Primera edición. 1955
Primera edición. 1955

Luvina” y “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” configuran mundos que tiene sus propias leyes físicas y metafísicas que se imponen sobre lo exterior, volviéndose un espacio mítico y casi irreal. Aunque parecen contradictorios, un laberinto de ideas y una geografía de pesadilla, desdibujan en ambos relatos la frontera entre la verdad y el mito o la ficción. Confluyen en la creación de mundos alternativos que absorben la realidad.

El milagro secreto” y “Talpa” exploran la deformación subjetiva del tiempo, la culpa, la redención interior y una experiencia de agonía que borra los límites entre la realidad y la ensoñación. Ambos protagonistas encuentran su salvación (o su propósito final) en un estado alterado de conciencia justo al borde de la muerte, en el liminar donde el mundo exterior desaparece.

Archivo de la Fundación Juan Rulfo
Archivo de la Fundación Juan Rulfo

  “El hombre” y “El sur” comparten el mismo eje argumental: un hombre perseguido por la fatalidad emprende un viaje hostil marcado por un paisaje desolador hacia su inevitable destino fatal. En el camino, las fronteras entre el deseo de huir, la alucinación y la venganza se difuminan. Hay un destino trágico e inevitable, hay una narrativa fragmentada y ambigua, hay laberintos, que convergen en un mismo punto fatal.

  Sus coincidencias sobre la concepción del género cuentístico y en el uso de ciertas técnicas son relevantes. Para Borges, el cuento posee la precisión de la poesía y el rigor intelectual del ensayo. Para Rulfo, el buen cuentista convierte la oralidad en poesía y los silencios en significados. Ambos son maestros de la economía verbal, mediante un proceso de depuración y orfebrería. Usan el peso del mito y la memoria en los ciclos ineludibles del pasado, la fatalidad y el destino. En sus tramas, los conflictos (traición, venganza, violencia) se resuelven con la justicia de mano propia. A través de la ambigüedad entre la vida y la muerte o lo real y lo fantástico, construyen atmósferas, hiperrealistas o metafísicas, donde lo inexplicable parece natural.

Jorge Luis Borges visitó México por primera vez en diciembre de 1973 para recibir el Premio Internacional Alfonso Reyes, creado especialmente con la intención de que él fuera el primer galardonado, tanto por su trayectoria universal como por la profunda amistad y admiración que sentía por el fundador del Ateneo de la Juventud, a quien consideraba el mejor prosista de la lengua española. Reyes incluso financió la publicación de su tercer libro de poemas, Cuaderno San Martín. Años después de la muerte del intelectual mexicano, Borges le dedicó el poema “In memoriam”, originalmente publicado en el libro La cifra.

(Gaceta UNAM. Universidad Nacional Autónoma de México. 16 de mayo de 2019)


Borges y María Kodama en Chichén Itzá, México - Atlas (1984)
Borges y María Kodama en Chichén Itzá, México - Atlas (1984)

A su llegada a Ciudad de México, el escritor argentino pidió a sus anfitriones hablar con Juan Rulfo. Lo que se dice que conversaron proviene de fuentes vagas. Pero, sea ficción, mito, leyenda, artificio o verdad, el diálogo devela puntos nodales de sus respectivos universos:

 

RULFO: Maestro, soy yo, Rulfo. Qué bueno que ya llegó. Usted sabe cómo lo estimamos y lo admiramos.

BORGES: Finalmente, Rulfo. Ya no puedo ver a un país, pero lo puedo escuchar. Y escucho tanta amabilidad. Ya había olvidado la verdadera dimensión de esta gran costumbre. Pero no me llame Borges y menos «maestro», dígame Jorge Luis.

RULFO: Qué amable. Usted dígame entonces Juan.

BORGES: Le voy a ser sincero. Me gusta más Juan que Jorge Luis, con sus cuatro letras tan breves y tan definitivas. La brevedad ha sido siempre una de mis predilecciones.

RULFO: No, eso sí que no. Juan, cualquiera, pero Jorge Luis, sólo Borges.

BORGES: Usted tan atento como siempre. Dígame, ¿cómo ha estado últimamente?

RULFO: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí.

BORGES: Entonces no le ha ido tan mal.

RULFO: ¿Cómo así?

BORGES: Imagínese, don Juan, lo desdichados que seríamos si fuéramos inmortales.

RULFO: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo como si estuviera uno vivo.

BORGES: Le voy a confesar un secreto. Mi abuelo, el general, decía que no se llamaba Borges, que su nombre verdadero era otro, secreto. Sospecho que se llamaba Pedro Páramo. Yo entonces soy una reedición de lo que usted escribió sobre los de Comala.

RULFO: Así ya me puedo morir en serio.

(Revista Fractal N° 1, abril-junio, México, 1996).

 

El viaje dejó una profunda huella en Borges motivándolo a regresar a tierras mexicanas en dos ocasiones posteriores: 1978 y 1981. Aproximadamente cuatro años después, escribió el célebre prólogo a Pedro Páramo, que integró a la colección llamada Biblioteca Personal de la editorial Hyspamérica.

El prólogo concluye “pero nadie ha logrado, hasta ahora, destejer el arco iris, para usar la extraña metáfora de John Keats”. Y como remate, en apenas dos líneas: “Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura”. En síntesis, si Rulfo acusa en la escritura de sus cuentos cierta influencia de Borges o si los relatos de ambos confluyen en semejanzas y discrepancias, sin duda, es porque se admiraron de manera abierta e irrestricta.


En el Colegio San Idelfonso, México. Ph. Paulina Lavista 
En el Colegio San Idelfonso, México. Ph. Paulina Lavista 

La obra en su estreno en 2023
La obra en su estreno en 2023

Colofón: El mítico encuentro entre Borges y Rulfo en México fue el punto de partida para que el dramaturgo Teófilo Guerrero escribiera “La Inmortal Desdicha” (ganadora del concurso de dramaturgia del Festival Rulfiano de las Artes en 2019), una obra en nueve escenas estrenada de manera virtual en 2020 debido a la pandemia. Su estreno presencial se llevó a cabo el 10 de febrero de 2023 en el Teatro Experimental de la ciudad de Guadalajara. A través de un diálogo poético, la puesta en escena contrasta la brillantez conversacional y erudita de Borges con los profundos silencios y la sabia melancolía de Rulfo.



 

Esta publicación forma parte de nuestro proyecto

Borges 40, para homenajear durante todo el 2026

a Jorge Luis Borges a 40 año de su fallecimiento.

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