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Olga Orozco en el recuerdo de Alicia Jurado

Divagues.


Por Axel Díaz Maimone



Alicia Jurado (1922-2011) conocío a Olga Orozco (1920-1999) en 1953, en la casa de Oliverio Girondo y Norah Lange. Las dos iban a las fiestas que ellos daban en la casa de la calle Suipacha, al lado del Museo Fernández Blanco. Enseguida se hicieron amigas. La famosa poeta era una visita habitual en la casa de Alicia, y pasaba largas temporadas en el campo.


AXEL DÍAZ MAIMONE: Recuero haber visto en El Retiro unas camas que ella pintó de azul, en el cuarto de huéspedes.

ALICIA JURADO: Olga iba todos los años a la estancia. Durante un verano, ella pintó las camas; yo hice los acolchados y la esposa del encargado se ocupó de la mesa de luz. Cuando Olga estaba escribiendo La oscuridad es otro sol, descubrió en el antecomedor de la casa un plato que le recordó los que tenían sus padres en Toay. Ella escribía a la mañana, en el escritorio, y se llevaba el plato porque le resultaba inspirador. Como había una sola máquina de escribir en el campo, nos turnábamos y yo la usaba a la tarde en la galería, a la hora de la siesta.


ADM: De esas temporadas en el campo han quedado anécdotas muy graciosas.

AJ: Allá, Olga tiraba las cartas, contaba historias de aparecidos. Con una mesita de tres patas que está en mi dormitorio, jugábamos el juego de la copa invertida y ella invocaba espíritus. Una noche se nos apareció Carlomagno; otra, una prostituta anónima; todo esto sirvió de inspiración para un cuento de Leguas de polvo y sueño.


ADM: Carlomagno y el entomólogo...

AJ: Sí. El entomólogo era, en realidad, un micólogo que había sido condiscípulo mío en la Facultad. Acababa de separarse de su primera mujer; y, con Olga, movimos un poco la copa para formar el nombre de una amiga viuda que también estaba en la Estancia y acabó casándose con él.


ADM: Olga aparece en ese cuento, y también en su primera novela, La cárcel y los hierros, que está dedicada a ella.

AJ: Olga inspiró el personaje de Carmen, en la novela. Si usted se fija, la descripción que hago de Carmen es la de Olga. Al menos, yo la veía así. Y a ella le gustó el personaje, que tira las cartas como ella, y vive en un mundo mágico, esotérico. Lamentablemente, la última vez que la vi no estaba consciente: yo acababa de llegar de Europa, y ella había tenido un coma diabético; no era posible conversar, pero yo igual le hablaba, agarrándole la mano, en el sanatorio.


ADM: Alicia, ¿cuál es su opinión sobre la obra de Olga Orozco?

AJ: Olga fue la gran poeta de La Pampa. Tiene una poesía muy melancólica, pero excelente. Recuerdo un poema de ella sobre la quiromancia, espléndido; es de la época en que tiraba las cartas, cosa que dejó de hacer cuando se le aparecieron unos antepasados en sueños y le dijeron que no siguiera haciéndolo. Yo le conseguí el Premio del Fondo Nacional de las Artes, cuando nadie la conocía: leí sus versos y convencí a todo el Directorio.

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