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En defensa del libro

  • Foto del escritor: Ulrica Revista
    Ulrica Revista
  • 27 jul
  • 4 min de lectura

¿Qué pasa si se deroga la ley del libro? (y algunas claves para entender su impacto)


Por Victoria Badino


Oliva Libros - Rosario (Santa Fe)
Oliva Libros - Rosario (Santa Fe)

Vuelve a estar en el centro de debate la Ley 25.542, la ley de Precio de Venta al público para libros en Argentina. Ante los nuevos intentos por parte del Gobierno Nacional para derogarla, para quienes vivimos la cultura del libro desde lo más profundo esto genera una postura bastante unánime y clara.

La ley del Precio de Venta al Público (PVP) vigente desde el año 2002, dice algo muy simple: un mismo libro nuevo tiene que costar exactamente lo mismo en cualquier punto de venta del país. Vale aclarar que este valor no lo impone el Estado, sino cada editorial. Una vez fijado, la ley garantiza que a vos como lector, te sale lo mismo porque justamente el precio es fijo, sin importar si lo comprás en una gran cadena de librerías en medio de una ciudad capital o en una pequeña librería en un pueblo remoto.

Gracias a esta ley, las librerías no compiten por precio, sino por valor que ofrecen: por quién arma el mejor catálago, quién atiende mejor y quién sabe recomendar ese libro indicado. En igualdad de condiciones, la competencia se vuelve justa y gana, sencillamente, quien mejor juega.

Ahora bien… ¿Qué pasó en las últimas semanas? El gobierno encabezado por Javier Milei vuelve a la carga —al igual que hizo hace dos años atrás—, con la propuesta de dejar sin efecto esta norma dentro del paquete de reformas y desregulaciones que lleva a cabo el ministro Federico Sturzenegger.

Es fundamental que todos tengamos contexto sobre el tema y contemos con información precisa acerca de lo que realmente implicaría su derogación. A grandes rasgos —y para sintetizar una problemática compleja en pocas líneas—, el impacto se sentiría principalmente en tres niveles.


La bibliodiversidad

Hay algo importante para destacar: el PVP no es un tema puramente económico sino también cultural. Al acordar que un libro cueste lo mismo en una gran cadena o en una pequeña librería de barrio, se protege la variedad de lo que se publica. Si el precio se libera, lo que sucede es que las grandes cadenas de librerías, plataformas y superficies que funcionan como puntos de venta (por ejemplo un hipermercado), pueden negociar descuentos masivos con los grandes grupos editoriales para los títulos que se venden mucho, como es el caso de los best sellers.

Las librerías independientes no pueden competir con ese margen, lo que termina asfixiando también a las pequeñas editoriales, que son las que suelen apostar por nuevos autores, clásicos olvidados o literatura menos comercial. Esto significa que al caer la oferta, los lectores perdemos la capacidad para elegir qué leer.

Sobre este punto es dable destacar que tanto grandes grupos editoriales como cadenas de librería, se han sumado al reclamo de las editoriales y librerías independientes en favor de no derogar la Ley 25.542. El amplio panorama del mundo del libro también: escritores, traductores, periodistas, impresores, y ese largo etcétera que hace que los libros existan. En un país donde cuesta tanto generar consensos, no es un tema menor la coincidencia en destacar los beneficios de esta ley.

 

Librería "Libros del Pasaje" - CABA
Librería "Libros del Pasaje" - CABA

La librería como espacio social

La Argentina, a pesar de su desigual distribución poblacional y económica, es modelo a nivel regional por la existencia de pequeñas librerías independientes o "de barrio". Un fenómeno incluso destacado en estudios realizados por países europeos.

Los lectores bien sabemos que ir a la librería no es solamente un acto de compra: las librerías funcionan como centros culturales, puntos de encuentro y, por supuesto, nos habilitan el contacto con el librero: esa figura que nos recomienda lecturas según nuestros gustos personales con pasión y, por sobre todo, con oficio.

Sin precio fijo, estas librerías que sostienen la vida cultural en muy diversos puntos geográficos corren un riesgo enorme y concreto de desaparecer como ya ocurrió históricamente en distintos países que desregularon su mercado. Está lejos de ser una teoría abstracta: esto ya se ha visto. 

Por poner algunos ejemplos, el Reino Unido abolió el precio único en 1995. Como consecuencia directa, la concentración comercial, eliminó a más de 1.000 librerías, dejando barrios enteros sin un solo espacio de mediación lectora, en un país que era muy reconocido en esta materia. Un patrón casi idéntico atravesó Australia, donde la desregulación provocó el cierre de casi el 50% de sus librerías independientes en la última década. Otro caso es el de Francia que probó desregular el precio del libro a fines de los 70, pero el experimento duró muy poco: el cierre masivo de librerías de barrio obligó al gobierno a dar marcha atrás unos años después.

En un país con una tasa de empleo bastante inferior al 50% (según mediciones oficiales del INDEC), poner en riesgo puestos de trabajo tampoco parece muy oportuno.


Librería "Rayuela" - Salta (Salta)
Librería "Rayuela" - Salta (Salta)

El costo económico para el lector

La experiencia y los estudios demuestran que la eliminación del precio fijo no abarata la cultura. Que “los lectores vamos a poder comprar libros más baratos”, es un mito, apenas un slogan vacío que se repite sin fundamentos.

Lo que ha sucedido en otros países es que al principio las grandes cadenas y plataformas bajaron el precio de los títulos más vendidos para captar al mercado. Pero una vez que las librerías independientes comienzan a cerrar y por ende, la competencia disminuye, los precios generales tienden a subir. En los países que desregularon el PVP, los libros aumentaron muy por encima de los índices de inflación.

Y lo que es más grave a nivel cultural: la oferta se reduce drásticamente. Es decir que los lectores perdemos la capacidad para elegir lecturas diversas y no necesariamente lo hacemos a un precio más bajo.

El libro requiere una protección especial. Su mercado no se equipara con el de otros productos: la cadena del libro construye cultura.

  Apoyar a nuestras librerías de barrio, informarnos y entender cómo funciona el detrás de escena, es la forma que tenemos de cuidar la democratización de la palabra. Solo así podemos defender el ecosistema que hace posible que sigamos leyendo de todo, con libertad y con pasión.



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