• Ulrica Revista

Turísticos

A modo de editorial

«El viajar es un placer» comienza una vieja canción infantil. Y sin dudas lo es. Ya sea que se trate de un típico turista o de un consumado trotamundos, recorrer alguna ciudad nos permite expandir nuestras mentes.

Museos, monumentos, parques, montañas, playas. Todo es válido a la hora de descansar y disfrutar. Y los viajeros que son lectores disfrutan de sus lecturas en cualquier lado: tirados panza arriba mientras se asolean o en micros, trenes y aviones.

Alguna vez alguien dijo que, para conocer el estado de la calle, o sea el de las inquietudes y opiniones políticas y económicas, hay que tomarse un taxi. Un taxista que sea buen conversador, nos puede poner al corriente en un santiamén. De la misma forma, al visitar una librería, podemos descubrir otras cuestiones.

El lector empedernido no puede visitar una ciudad, por pequeña que sea, sin buscar algún libro. Aunque sea en museos o tiendas de regalos. Pero nada iguala la visita a alguna librería local. Ya lo sabemos. No lo vamos a poder evitar. Afuera tal vez nos espere alguna aventura, alguna obra de arte famosa, algún sitio histórico. Sin embargo, los lectores consuetudinarios vamos a pasar mucho tiempo recorriendo estanterías. No es puro vicio. Los libros son la mejor fuente de información para conocer el alma de los pueblos.

Un buen ejercicio turístico es conversar con los libreros. Las librerías guardan un registro inmaterial que vale la pena descubrir. Un librero que se precie de tal es el memorial vivo de la cultura local. Charlar con alguno de ellos es una buena chance de interiorizarse sobre las grandes figuras de las letras y del pensamiento o a los tradicionales, pero también para conocer a los nuevos y a los que los cánones, por un motivo u otro, margina.

Haga el ejercicio en su próximo viaje. Aventúrese en una charla sin apuros. Abra los oídos. Luego, y solo luego, preocúpese por el exceso de equipaje.

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