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Opinión

Edición especial - Feria Internacional del Libro de Buenos Aires




Cada año, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires brilla con luz propia. Su innumerable y original oferta cultural viene superándose en cada edición, convirtiéndose en la feria más relevante y también la más concurrida en el mundo de habla hispana.

En esta 47° edición, alrededor de 1.245.000 personas recorrieron la Feria, muy cerca del récord histórico, en un contexto marcado por la actual crisis económica y una inflación cercana a los dos dígitos mensuales, el elevado costo del papel y el aumento del precio de los libros. El público se merece la principal ovación.

Esta vez, los ciclos sobre Borges en homenaje a los 100 años de Fervor de Buenos Aires y los 40 años de democracia marcaron el corazón de la Feria 2023. Además de libros y lectores, aquí también conviven las charlas, conferencias, políticos, escritores, personalidades de la cultura, el mate, la familia, la música, los bookfluencers y los expositores, transformándose en el lugar de culto más importante de Buenos Aires.

Vivir la Feria del Libro es sinónimo de permanecer en la cultura como carácter identitario más allá de la pasión de los argentinos por la lectura. Es abrazar a los libros, a su gente y a la literatura.

Maxi Kronenberg

Periodista y escritor.



El libro es una extraña mercancía: es un bien cultural, es una función social y también es un objeto de comercio. Existe una gran cadena, una industria implicada en la impresión y difusión de ideas en formato físico sobre un preciado soporte que es el papel. Un recurso natural y renovable pero de profundas implicancias en las relaciones ecológicas, económicas y políticas.

El acceso a las ideas y el conocimiento parece estar mediado por el formato libro (que muchas veces se vuelve el único canal para acceder a la información) y por el precio que este tiene para la venta al público. Ese valor, por sobre todas las cosas, depende del costo del papel. El papel en blanco, sin contenido alguno, se vuelve entonces el factor limitante y un tema crucial para la libre circulación de las ideas.

Desde fines de 2021 se vive una crisis internacional en la producción de la pasta de celulosa, que le ha dado mayor visibilidad a la crónicamente agravada y acuciante situación en Argentina, siendo una de las primeras veces en la historia de la edición nacional que los libros no pudieron ser impresos por falta de papel durante un gobierno democrático.

¿Todos los libros no pudieron ser impresos? ¿O solo aquellos de las pequeñas y medianas editoriales que no pertenecen a los grandes multimedios? Una vez resuelta la escasez, ¿todas las editoriales recibieron por igual el papel que tanto esperaban o hubo una repartición desigual en relación al poder adquisitivo de cada una? ¿Todas las editoriales, grandes o chicas, acceden al mismo producto, por el mismo valor, en las mismas condiciones? ¿Pueden las editoriales elegir el tipo de papel, el gramaje, los plazos y las condiciones del soporte vital para sus ideas?

Si todos estos factores físicos, que limitan la creatividad y las decisiones de una editorial y que no están directamente relacionados con el bien intangible que es el libro que muchas veces no solo lo limitan sino que impiden su circulación y censuran determinadas ideas, son los que determinan su precio, ¿qué pagamos cuando compramos un libro? ¿A quién va ese dinero y esa ganancia mayoritaria?¿Cómo sobreviven las editoriales?

Luciano Páez Souza

Editor y agente literario.



Tengo dos miradas de la FIL. La primera se relaciona más con el pasado y habla de cosas a recordar, el papel de la Sociedad Rural en la política y economía de nuestro país, sus relaciones militares, la oligarquía y también algo del esnobismo capitalino. Que la FIL sea en ese mismo espacio nunca ha sido inocente. Pero quizás justamente por eso es por lo que la segunda forma de verla, la que mira hacia el futuro, es con la que más estuve conversando este año. Esta opción me dice que ningún espacio se gana desde el anonimato y que nada se puede lograr en soledad. Los espacios de poder, y hacer cultura es poder, deben ser reclamados, tomados, andados, y no hay otra forma de hacerlo que yendo a la FIL y mostrando qué otras maneras de hacer cultura habitan tres semanas dentro de ese espacio tan asociado a la explotación. Quienes están ahí hoy pisando esos márgenes y tomando esos espacios, llegaron ahí jugando el juego que el poder propuso en desventaja, pero si hubo una persona que paseando encontró un libro que le habló sobre su lugar oprimido en el mundo, tal vez, haya valido la pena. Sobre el pasado nos apoyamos para reclamar el futuro.

Nad Rivero

Bookfluencer.



La Feria del Libro es un espacio de encuentro, donde se hace visible la pluralidad de voces que somos, lo amplio e inagotable que es el ecosistema del libro, siempre batallando contra cualquier adversidad política o material para seguir comunicándonos, acercándonos, permitiéndonos comprender realidades diversas de modos fascinantes, inesperados, complejos y novedosos. Es un espacio de intercambio de ideas, un lugar de paseo, de convivencia. Un barrio temporal donde conviven la poesía, la literatura, el ensayo y demás géneros amigos del brindis de honor. Como autora, la FIL es el momento propicio para conocer escritores y editores admirados, que pronto serán buenos amigos, con quienes quizás imaginaremos proyectos futuros.

Tilsa Otta

Poeta y narradora. Nació en Lima (Perú) en 1982. Ha publicado, entre otros, los poemarios Mi niña veneno en el jardín de las baladas del recuerdo, Indivisible, Antimateria. Gran acelerador de poemas y La vida ya superó a la escritura; además del libro de cuentos Un ejemplar extraño y el cómic VA en co-autoría con Rita Ponce de León.



Las malas lenguas nos vienen diciendo que la gente lee cada vez menos. No soy una experta en estadísticas, pero vengo leyendo varios estudios que indican que desde la pandemia, la venta de libros aumentó así como también el tiempo que la gente dedica a la lectura. Independientemente de esto, con un «termómetro popular» y sin subestimar la importante lucha que batallan las librerías y editoriales para sobrevivir, creo que nos basta con observar a la gente para descreer (aunque sea un poco) de estas tendencias de no-lectura.

Más de un millón de personas visitaron la edición número 47 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Una diversidad inmensa de sellos editoriales, expositores locales e internacionales, periodistas, entre miles de otros profesionales del libro. Distribuidoras, editoriales grandes e independientes, librerías de todos los puntos del país, todas en convivencia por y para el lector. Actividades de formación, presentaciones de libros, charlas con autores de alrededor del mundo…Masas de gente de todas las edades, bloqueando el paso en los pasillos y generando largas colas de espera… Habrá gente que no lee.

Pero hay muchísima que sí lo hace. Encontrarla girando por los pasillos la Rural, nos dio pruebas de sobra.

Escuché opiniones de lo más variadas sobre la Feria. Con algunas coincido, con otras no y con algunas aún voy y vengo. Lo cierto es que en este entramado socio-económico y político tan complejo de nuestro país, estos eventos nos recuerdan el potencial (y riqueza cultural actual) que tiene Argentina. Es sabido que la Feria es una de las más reconocidas en el mundo, ya que además de comercializar, facilita espacios de encuentro, alianzas y desarrollo. Es de las más reconocidas, al igual que nuestra maravillosa literatura, nuestras lindísimas librerías que nos hablan de la diversidad del mercado editorial y lector argentino, y de tantísimas cosas más que tenemos en nuestro país…

Todo lo que «ya sabemos» pero tenemos que SABERLO. Y valorarlo.

Vicky Badino

Bookfluencer.

Podés seguirla en @leetetutti



Sin dejar de mencionar que la FIL es, en efecto, una feria, es decir, un evento con ambiciones mercantiles, que fomenta un ambiente idóneo para las ventas de libros pero llega a ser poco amable con la literatura y más aún con la poesía (recordemos que los libros que más se venden son otros), es necesario apuntar que la masividad de la FIL da lugar a fenómenos muy positivos para quienes nos dedicamos a la literatura. En primer lugar, hay que destacar la creciente apertura de la FIL en los últimos años hacia el circuito editorial independiente: los stands colectivos y la aparición de nuevas distribuidoras que nacen de ese sector y ahora participan de la Feria hablan muy bien de la fertilidad de Buenos Aires y la Argentina en general en el ámbito editorial, aún a pesar de la crisis del papel.

Luego, hay que atender al encuentro que siempre se da en el marco de la Feria: entre países (y sus libros y sus autores), pero también en niveles menos institucionales entre los escritores locales de distintos géneros con otros artistas, especialmente ilustradores, y asimismo con bibliotecarios, libreros, distribuidores, investigadores, otros editores, etc. Estos diálogos son muy saludables para un ambiente tan diverso como lo es el del libro y la literatura en la ciudad de Buenos Aires, puerto histórico de las letras a nivel continental. Después, me parece importante comentar lo que se vive y siente desde adentro del evento: que hay una serie de grandes oportunidades que tienen su concepción en estas semanas de ajetreo y que sin embargo las trascienden.

El juntarse formal e informalmente entre los distintos actores del circuito del libro enriquece la industria editorial con la divisa más importante que podemos aportarle a la sociedad, una cultura letrada bullente que mantenga su relevancia en tiempos donde el sistema político y económico global prioriza por sobre el libro otras experiencias, artísticas y de entretenimiento, que se acomodan mejor a sus intereses. Además, lo evidente: por más que uno vaya cada año y participe de la FIL siempre hay algo nuevo para ver, y no solo algo, una multiplicidad de novedades en todo sentido, y todas en un mismo predio, con gente bien dispuesta a charlarte sobre ellas. Al fin y al cabo, son los esfuerzos humanos los que en conjunto siguen haciendo andar la enorme maquinaria de la industria del libro, dentro de la cual la literatura se sostiene y expande más allá de quienes, con o sin feria, igual seguiríamos construyendo.

Juan Manuel Corbera

Narrador y poeta peruano. Publicó la plaqueta El exiliado (Merodeo Ediciones, 2015) de poesía con colaboración fotográfica. Publicó además la serie poética Lacustre (Derrames Editoras, 2016), la cual fue adaptada para el teatro en 2017, y recientemente el libro Reconfiguraciones (Alastor Editores, 2021), que presentó en una gira de eventos en diversas ciudades del continente. Otros textos suyos aparecen en revistas, blogs y antologías de Chile, Venezuela, Perú, Argentina, Bolivia y Ecuador.

Podés seguirlo en @juanmanuelcorbera



Para mí es una alegría que la puerta que me permitirá conocer Argentina, sean las palabras narradas, oídas y escritas en mi lengua originaria: El quechua. Así compartir y conocernos, permitiéndonos visibilizar y valorar la diversidad de las voces originarias de nuestro continente que, en lugar de separarnos, nos hermanan.

Yesina Montes

Escritora y mediadora de lectura. Nació en Ayacucho (Perú) en 1988. Psicóloga por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y coordinadora de la Asociación Educativa Puriyninchik, Nuestro Caminar, de Ayacucho. Desde allí fomenta la lectura, escritura y oralidad en quechua y español, a través de la Biblioteca Puriyninchik, una biblioteca itinerante en forma de retablo con la que visita varios parques de Ayacucho. En la comunidad de Sarhua empezó a escribir libros cartoneros en quechua, dada la necesidad de libros infantiles para las niñas y niños quechua hablantes.

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