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Noé Jitrik, más allá de la forma

El escritor e intelectual argentino nos cuentas de sus últimas dos obras y de paso nos da una lección de literatura. Todo en una charla exclusiva con Ulrica Revista.


Noé Jitrik es uno de los nombres más importantes para las letras argentinas. Ha sido autor de una gran obra que incluye narrativa, poesía y crítica. Él no cree en los géneros, así que lo ve como un proceso natural de la escritura. En tiempos pandémicos siguió produciendo y ahora podemos disfrutar de sus últimos dos libros, además de las múltiples aportaciones que hace periódicamente en varios medios: Ensayos sencillos (17 grises editora, 2021) y La vuelta incompleta (InterZona, 2021).

En las últimas semanas, su nombre resonó por su candidatura al Nobel, de la mano de varios escritores, que saben reconocer el aporte invaluable que hizo a las letras. En Ulrica nos dimos el lujo de hablar con él de su carrera, del panorama actual de la literatura argentina y de su más recientes obras.


ULRICA: Abarcar la obra de Noé Jitrik pareciera ser una tarea ardua. Se ha movido por una variedad de géneros y temas literarios en diversos libros. ¿Cómo logran convivir el Noé poeta, el narrador y el ensayista?

NOÉ JITRIK: Como no creo en la noción de géneros no me cuesta nada pasar del gesto narrativo al poético o a lo que se entiende por ensayos; para mí se trata, simplemente, de provocaciones de escritura, una ocurrencia pide un «modo» y ahí voy, no le impongo a lo que va siendo, ningún corsé.



U: En temas de crítica literaria notamos la coherencia y la accesibilidad de sus textos. Ensayos sencillos, por nombrar un ejemplo reciente. En Ulrica creemos en ese postulado que permite ver la literatura como algo al alcance de la mano sin caer en lugares comunes o vacíos de sentido. ¿Cómo se logra ese efecto?

NJ: Ese título es un homenaje, a José Martí, creo que se entiende y lo puse cuando ya había escrito un conjunto de textos que tenían en común una actitud de «tentativa» que encerraba una posibilidad de conversación: los textos que iba escribiendo la convocan aunque no se sepa quiénes son los interlocutores. No estaban, por lo tanto, en la tradición de los designados ortodoxamente como «ensayos», en la que campean Martínez Estrada y otros maestros. Y, como no pretendían un punto de llegada, que es lo que proponen tales maestros, sino de casi pura comunicación a partir de «un modo de decir», pensé en atribuirles «sencillez», adjetivo que propone una especie de semi oxímoron con lo que supone la palabra «ensayos». Desde luego, no se aparta de la literatura, quisiera que se los leyera de este modo.


U: Es libro cuyos textos fueron escritos en pandemia, y por lo tanto, nos preguntamos inmediatamente cómo vivió y cómo pensó Noé Jitrik esos tiempos.

NJ: Supongo que como pude, o sea enfrentando cada día y el vacío amenazante que presentaba; pensé, y lo sigo haciendo, que debía actuar de dos maneras; la primera, no abandonar mis propuestas o desafíos de escritura, la segunda, no descuidar la protección de lo doméstico. Entre ambas líneas de acción creo que dominé la angustia, pospuse el temor y pude, inclusive, dar ánimos a muchos amigos más desalentados que yo o viviendo en crisis las imposibilidades y amenazas de la peste. Pude escribir una novela –así denominada por los editores-, el libro mencionado arriba, y artículos para varios periódicos, uno Página 12, otros, «La Barraca» y «La Tecla Ñ», on-line, así les dicen.


U: En todas las décadas que abarca su producción escrita no ha perdido vigencia como referente intelectual. Siempre es posible encontrar un nuevo artículo suyo recientemente publicado, una entrevista, menciones o citas por otros autores e intelectuales. No es fácil mantenerse vigente en la literatura, menos en tiempos de novedades comerciales. Sabemos que el mérito se debe a una trayectoria intachable pero ¿cómo lo ve usted? ¿Cómo se siente usted frente al público lector de esta época?

NJ: A veces recibo respuestas a lo que publico pero no son tantas como para hablar de «público lector» de manera que no sé si les significa algo a alguien. Algunos, muy contados, replican en el mejor sentido de la palabra, les suscitan reflexiones y eso me parece bastante pero no tanto como para sentir el peso de la responsabilidad por lo que manifiesto. De hecho, a veces me decepciona que temas que toco no repercutan en lo inmediato en comunicadores, ellos sí con mucho público lector. Ni hablar los políticos cuyo silencio es ejemplar a mi respecto. Y, por último, si eso es «mantenerse vigente» de pronto tengo sorpresas muy agradables: alguien recoge trabajos míos de hace años y los aprovecha y eso es muy gratificante.



U: Si vamos al Noé narrador debemos hablar de La vuelta incompleta que no hace mucho se editó en InterZona. Vemos un trabajo enorme de metaliteratura, de hibridez narrativa, de ruptura. Es como una posta final en el devenir de la literatura que aúna a varios nombres. ¿Cuáles son las raíces de esa escritura?

NJ: Interesante lo de “metaliteratura” pero no sé muy bien qué es, y en cuanto a la hibridez el concepto se me acerca un poco. Lo que creo que intento en las narraciones es poner de relieve componentes del gesto narrativo, en particular la función del narrador de modo que si lo pongo de relieve eso pone en cuestión, y lo sé, el objetivo de verosimilitud que suele perseguir la novela por lo general: el narrador que interviene está indicando, precisamente, qué es el generador de la narración y eso constituye un acto de ruptura. Y junto a eso, una especie de diapasón entre la imagen perseguida y la acción del narrador que la produce. Ritmo, pues, como el que organiza el discurso poético pero que implica apelaciones de un orden diferente.


U: Una pregunta obligada, casi. ¿Cómo ve el panorama general de la literatura argentina contemporánea?

NJ: Por un lado, veo expresiones muy atrayentes, muy maduras, con plena posesión del «arte de narrar»: es un nivel general, como una exigencia internalizada, pero también veo una respuesta mezquina, como si los hechos literarios importaran secundariamente en el mejor de los casos o fueran ignorados en el peor. ¿Cómo explicar este fenómeno? Por un lado, la mercantilización de la literatura algo tiene que ver, receptores que son «como hablados» por la voz de una cultura que no atina a consolidarse; por otra parte, lo que podemos definir como «lo principal» de las preocupaciones de una sociedad desecha la literatura como vía de interpretación. No obstante, si uno se aparta y simplemente considera, hay prestancia y vigor y, en cuanto a mí, trato de registrar esta palpitación. ¿Será por eso que sigo intentando?



U: A todos nuestros entrevistados les preguntamos qué libros tienen en la mesa de luz, qué están leyendo. Lo vemos como una recomendación indirecta. A usted queremos preguntarle lo mismo.

NJ:En este momento estoy con un trabajo de un historiador, Schlomo Sand, «Crepúsculo de la historia»; un apasionante relato de los problemas principales de la historia como disciplina. Aprendo mucho de un campo imprescindible. Además, hojeo de cuando en cuando «El libro de la almohada», traducido por Amalia Sato, un clásico japonés escrito por una tal Sei Shônagon a comienzos del milenio, cuando la literatura europea estaba balbuceando: increíble su sutileza y su finura. Por último, he vuelto a leer «Tules y sombras», de Zelmar Acevedo Díaz, unos cuentos impresionantes.



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