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Gabriela Mayer. El fluir de lo fantástico

Conversamos con la periodista y escritora sobre su nuevo libro de cuentos Sueños como cuchillos, uno de los cuales apareció en nuestra revista. Voces narrativas, estética y mucho más...


La narrativa argentina vive una primavera de la mano de las editoriales independientes y, en la totalidad de títulos que se publican cada año, de pronto vemos un libro que se destaca de entre los demás. Sueños como cuchillos, de Gabriela Mayer, editado por Milena Caserola es uno de ellos. En sí es un libro de cuentos que se inscribe dentro de la larga tradición que la literatura fantástica ha poryectado en nuestro país.

Gabriela Mayer es periodista además de escritora y este es el cuarto libro. Le anteceden: Los signos transparentes (2003), Todas las persianas bajas, menos una (2007) y El pasado sabe esperar (2018). Entre los cuentos de Sueños como cuchillos, está Ahora están todos contentos, cuento publicado primero en Ulrica Revista.

Con Mayer hablamos sobre la escritura de este libro, de la narrativa fantástica y de la conjugación de periodismo y literatura.


ULRICA: ¿Cómo fue el proceso de escritura de Sueños como cuchillos? Porque vemos que todos los cuentos conforman una especie de microuniverso. Están muy bien amalgamados entre sí.

GABRIELA MAYER: Comencé a escribir los cuentos de Sueños como cuchillos allá por el verano de 2019, poco después de publicar mi libro anterior, El pasado sabe esperar. Curiosamente el primer cuento que escribí fue «Sueños como cuchillos», que terminó dándole nombre al libro. Tiene por protagonista al Pájaro, un pibe marginal que ya aparecía en algunos relatos de El pasado sabe esperar. Y el cuento más reciente es Hablando de Le Corbusier, que escribí hacia la primavera de 2021. Aunque ya tenía el libro prácticamente cerrado, decidí incluirlo, porque le aporta algo de irreverencia que me gusta. A partir de entonces comenzó el proceso de releer, de alguna manera editándome, esos textos. Y de golpe, durante esa relectura, descubrí que habían empezado a interesarme otro tipo de temáticas y abordajes. Aparecían con un protagonismo muy marcado las voces femeninas, desde la infancia hasta la adultez. Aunque en tránsitos disímiles, en sus recorridos siempre se presentaba también algún elemento disruptivo. El proceso de escritura fue más bien lento; nunca fui de escribir rápido. Me gusta detenerme en el texto, repensarlo. Puedo pasarme días y días dándole vueltas a un cuento. Corregir, en cambio, no lo disfruto tanto. Pero siento que, de alguna manera, corregir es una instancia final de la escritura. A veces es sutil, tomando distancia para quitar imperfecciones o profundizar donde hace falta; otras, casi una lucha cuerpo a cuerpo contra las palabras, como puliendo un texto a martillazos.


U: Para nosotros es una gran felicidad ver este libro publicado porque uno de sus cuentos, «Ahora están todos contentos», se publicó por primera vez en Ulrica Revista. ¿Cómo fue la experiencia de ver el libro editado en Milena Caserola?

GM: Aprovecho para decir que yo también me siento muy feliz de que una revista como Ulrica lo haya publicado. En ese momento no podía imaginármelo… pero, de hecho, percibo que es uno de los cuentos que más impacto tiene entre los lectores y lectoras del libro. Probablemente, pienso, se deba a la mirada sobre una guerra que aún dejó heridas abiertas hasta hoy. Se trata de una mirada infantil, inocente, que está teñida en buena parte de mis propios recuerdos. Tal vez, en la medida que nos permitimos detenernos en historias personales, esta sea una manera de ir entendiendo y elaborando el alcance más profundo y doloroso de la historia reciente que nos tocó vivir. Y la experiencia de ver el libro editado con Milena Caserola es muy gratificante. Poco antes de que terminara 2021 me contacté con el editor, Matías Reck, para enviarle el manuscrito. Al poco tiempo ya me estaba confirmando que lo iba a publicar. Además, Matías me acompañó en el proceso de la edición, fiel a su estilo, dándome siempre mucha libertad. La ilustración de tapa de Sueños como cuchillos es obra de Lucía Martínez Mayer. Ella fue quien tuvo la idea de la escalera que asciende por la tapa y desciende por la contratapa. Ese concepto me encantó porque, como Lucía me hizo notar, en varios cuentos aparecen escaleras. Y que tienen mucho que ver con ese salto de lo cotidiano a lo fantástico, que justamente puede ocurrir en el tránsito entre arriba y abajo, entre peldaño y peldaño.


U: ¿Cómo conjugás tu faceta de escritora de ficción con la de periodista? Más allá de que en los medios también estás siempre en cercanía del libro y de la cultura.

GM:Hace mucho tiempo que conviven esas dos facetas en mí. Son escrituras diversas, pero tampoco tanto. Agradezco tener la posibilidad de saltar de la una a otra, porque siento que también se nutren mutuamente. Las dos facetas comparten el desafío de poder atrapar al lector. En una, hay que lograrlo con buena pluma, pero con rapidez, precisión y veracidad. En la otra, se trata más bien de jugar a crear un universo que, sin apremios, debe resultar verosímil.


U: Hasta ahora, Gabriela Mayer se dedicó exclusivamente al cuento, por lo menos todos tus libros publicados pertenecen a este género. ¿Qué es eso que ves en el cuento y que hace que te sientas cómoda con él?

GM:Tal como decís, el cuento ofrece un formato que percibo absolutamente cómodo y familiar. Y, de tan cómodo que me resulta, las ideas que se me ocurren encajan siempre dentro de ese género. Me parece increíble que, con una extensión tan limitada, se puedan desarrollar personajes y tramas que envuelvan al lector y en el mejor de los casos se graben en su memoria. Pero en el cuento se juega también todo más a fondo a la hora de escribir. Admite muchísimos menos errores, no hay espacio para disgresiones como en la novela. Me gusta que sea un camino arriesgado. «Un buen cuento es una historia contada de la única manera posible», decía Abelardo Castillo. Encontrar esa manera es entonces el gran, gran desafío.


U: Hay mucho de fantástico en tus historias, un género que siempre tiene una impronta fundamental en Argentina por su larga tradición. ¿Cómo te llevás con ese pasado literario? ¿Hay influencias en tu escritura o no?

GM: No se trata de una decisión racional, sin dudas. Cuando escribo, lo fantástico brota. Me resulta difícil evaluar las influencias que pueden haber partido de mis lecturas. Sí puedo decir que, obviamente, admiro muchísimo esa larga y rica tradición cuentística rioplatense, partiendo de nombres gigantes como Jorge Luis Borges o Julio Cortázar. Y que hacen que, cuando empiezo a apretar las teclas, tenga que pedirles una especie de permiso a cada una de ellas.


U: Vimos que muchos de los cuentos están escritos bajo la mirada de mujeres, ya sean adultas o niñas. ¿Qué desafíos y oportunidades te brindó esa elección en la voz narrativa?

GM: Como te comentaba antes, tampoco fue una elección deliberada escribir desde esta perspectiva. Pero a posteriori descubrí que tal vez había superado el principal desafío, que era no repetirme en estas miradas o quedar atrapada en una suerte de fórmula. Porque lo interesante es que cada una de estas voces juegue en favor de la historia singular por contar y que le dé, en lo posible, una mayor densidad narrativa. Y oportunidades, ¡todas! Esas voces femeninas tienen muchas historias para aportar. Por ejemplo, me han dicho sobre El esquive que sorprendía descubrir una vez iniciado el cuento que la narradora, una violenta al volante, fuera una mujer y no un hombre. Porque, evidentemente, determinados ámbitos y conductas suelen seguir asociados al universo masculino. Por eso me encantó que la voz narrativa en ese cuento perteneciera a una mujer.


U: A cada entrevistado le hacemos una pregunta de rigor: ¿Qué está leyendo en este momento Gabriela Mayer?

GM: Estoy leyendo el volumen de cuentos Edgardo H. Berg de Fabián Soberón y Adultos, la primera novela de la noruega Marie Aubert.



Hacé clic en la imagen para leer el cuento que publicó con nosotros (Año II - N°22).



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