• Ulrica Revista

Autobiografía de mi madre

Por Juan Franci sco Baroffio

@queremoslibros


KINCAID, Jamaica: Autobiografía de mi madre. La Parte Maldita. Buenos Aires, 2021. Trad.: Inés Garland.

No hay mayor pobreza que la del que no tiene ni esperanza. Esa es la marginalidad más atroz. El lamento de la narradora, que no es autocompasivo, es el de quién nace para existir en la periferia. Una condena que no tiene que ver con las faltas y errores propios sino con siglos de una historia que le es ajena porque está entre los derrotados. De los que ni siquiera tienen un dios correcto. De los que habitan un patrimonio de robo y asesinato.

La historia de Xuela Claudette Richardson es una narración claustrofóbica y obsesiva, aunque la musicalidad casi lírica de su construcción, que Inés Garland traduce e interpreta a la perfección, enmascare parte de la sangre que brota de una herida de siglos. Porque la sangre no es sólo la de Xuela y su dolor. Es la de todas las mujeres afro anónimas durante siglos de esclavitud y racismo. Autobiografía de mi madre, de Jamaica Kincaid, es un canto sin esperanza en el corazón del colonialismo caribeño.

Esa marginalidad donde habita la narradora no tiene lugar para el amor verdadero. Y nadie puede amar si nunca fue amado. Así, como si se tratara de una representación de la alegoría de la caverna platónica, la única realidad es la del golpe, la del dolor, la del maltrato, la corrupción y la muerte. Las sombras de la caverna son la vida y la verdad. Por eso, a Xuela, no le quedan más que los nombres vacíos de sentimientos y sensaciones que nunca experimentará. «Aprendí a amarme a mí misma como acto de resistencia, de desesperación, porque no había otra cosa. Un amor así sirve, pero solo sirve, no es el mejor».

En esta narración, que es también la búsqueda de una identidad que nace, paradójicamente, con la muerte de la madre, el cuerpo ocupa un lugar privilegiado. En un mundo donde no hay lugar para enriquecer el espíritu, lo corporal cobra un sentido determinante y todo se ordena en pos del dominio del cuerpo, propio y ajeno, del placer y del dolor. Y el cuerpo termina anestesiado. Y la violencia sobre él se vuelve cotidianeidad.

Esta novela exige y, porque lo merece, impone su propio ritmo de lectura. No admite las prisas, la lectura superficial. Tiene una densidad que el lector debe hacer propia. No es posible leerla sin suspirar, sin reflexionar, sin sentir. Pocas obras logran conmover tanto con una prosa construida con la precisión de la poesía y sin ningún recurso efectista ni lugares comunes.



Otros recomendados para leer en sintonía:


Desgracia, de J. M. Coetze (DeBolsillo. Trad.: Miguel MArtínez-Lage): el odio y la violencia racial como herencias del colonialismo. (Libors del Zorro Rojo. Trad.: María Negroni. Ilust: Isabelle Arsenault).


Corazón que ríe, corazón que llora, de Maryse Condé (Impedimenta. Trad: Martha Asunción Alonso): la autora trata de recordar y recomponer su infancia en la isla Guadalupe.

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